Arqueología

La deidad vascona Larra, una veneración extendida en la Navarra romana

El ara de Larunbe y las otras tres a la misma divinidad en Mendigorría, Irujo y Riezu invitan a pensar que fue una deidad menos local de lo que se creía. Hay otro caso similar, pero las demás se han testimoniado de momento en un solo lugar

Desde la izda., el epigrafista Javier Velaza, el lingüista Joaquín Gorrotxategi y el arqueólogo Juantxo Agirre, con el ara de Larunbe
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Desde la izda., el epigrafista Javier Velaza, el lingüista Joaquín Gorrotxategi y el arqueólogo Juantxo Agirre, con el ara de Larunbe
Desde la izda., el epigrafista Javier Velaza, el lingüista Joaquín Gorrotxategi y el arqueólogo Juantxo Agirre, con el ara de Larunbe

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Laura Puy Muguiro

Actualizado el 20/06/2024 a las 00:00

Unos 50 kilómetros separan Larunbe, en la cuenca de Pamplona, de Mendigorría, en la comarca de Tafalla. Es una distancia que en la época actual puede resultar poco significativa pero que trasladada a hace 2.000 años, al siglo I de nuestra era, y conectada al último descubrimiento arqueológico en la localidad del valle de Iza, un altar romano dedicado en latín a la deidad vascona Larra, le otorga gran relevancia y abre nuevas hipótesis sobre la vida entonces: puede pensarse que es una divinidad supralocal, pues existen otras tres aras romanas dedicadas en latín a ella en Mendigorría, Riezu (valle de Yerri) e Irujo (valle de Guesálaz), un territorio con distancias, pero más cercano que Larunbe. “Haber encontrado ahora el ara en una zona más septentrional nos invita a pensar que esta divinidad no era todo lo local que pensábamos, sino supralocal; que no solo se veneraba en un pueblo, sino que se extendía en un ámbito geográfico notable”, señala Javier Velaza, epigrafista que ha analizado el texto en latín del ara de Larunbe y los de Mendigorría e Irujo. En relación con el euskera actual, Larra podría representar el pastizal.

Por ahora, no obstante, los expertos no pueden asegurar si Larra es de las escasas divinidades vascónicas encontradas en varios pueblos. Y es que son varias las que se conocen: en Muzqui, Urde; en Irujo, Itsacurrinne; en Barbarin, Selaitse; en Larraga, Errensa; en Cirauqui, Lerate y Arguiñáriz, Loxa; en Ujué, Lacubegi... “Tenemos toda una serie de divinidades que reconocemos como vascónicas, y solo Larra y Loxa están testimoniadas en más de un sitio. Las demás, por el momento en un lugar”.

El ara de Larunbe fue hallada en agosto de 2022 en la excavación que la Sociedad de Ciencias Aranzadi coordina desde 2010 y en auzolan en el desaparecido monasterio medieval de San Esteban o Doneztebe (siglo XI) en la cima del monte Arriaundi (942 metros). Estaba en un pozo, y por el texto en latín se sabe que fue la dedicación de una mujer, Valeria Vitela (Valeria Vitella en latín), a esta deidad vascona.

Cuando Velaza, natural de Castejón y catedrático de Filología Latina en la Universidad de Barcelona, vio por primera vez la pieza de Larunbe, solo se sabía la existencia de la de Mendigorría, hallada en Andelo y conservada en el museo de allí, y la de Irujo, en una colección particular, pues la de Riezu, también en una colección particular, aún no se había dado a conocer. Hoy, ante las cuatro aras, se halla una diferencia “no significativa”: en los textos de las de Larunbe e Irujo la divinidad se llama Lara, y en los de Mendigorría y Riezu, Larra.

¿Y cuál sería el nombre verdadero, Larra o Lara? No se sabe por ahora, pero Velaza se inclina por Larra. Para explicarlo, se remonta a cómo se aprendía a leer y a escribir. Y cuenta que, por evidencias estudiadas, se sabe que era por sílabas -“como cuando a nosotros de pequeños nos decían ‘la eme con la a, ma; la pe con la a, pa”, ejemplifica-.

Añade que en las inscripciones latinas muchas veces separaban las palabras con puntos a mitad de la letra y que en ocasiones, “aunque mucho menos frecuente”, separaban sílabas. “Creemos que se debía a que quizá quien escribía estaba menos familiarizado con el uso de la escritura, y puntuaba entre sílabas, la manera en que está escrito el texto del ara de Larunbe”.

De aquí surgen dos interrogantes: qué significa HE en la terminación del nombre de la deidad (LA.RA.HE) y cómo surge pensar que el nombre de la deidad era Larra y no Lara. Sobre este último, Velaza indica: “Al estar el nombre separado por sílabas y pronunciarlas, la erre queda a comienzo de sílaba y por lo tanto se lee fuerte. Es una hipótesis, pero nos parece una razón posible que quien lo escribió así pronunciara sin embargo la erre como doble”. Otra hipótesis, que la erre vascónica no fuera exactamente igual que la del latín, “y, al transcribirla, vacilaran, y a veces ponían una erre y otras, dos”.

Respecto a la terminación HE en el nombre de la divinidad, explica que se halla igualmente en los textos a otras divinidades vascónicas -Arte-he o Herauscorritse-he-, y de la región de Aquitania, “donde se supone que se habla una lengua pariente del vascónico”. Para los especialistas, HE corresponde a la forma del dativo del vascónico, que se traduciría por “para Larra”.

“Y es posible, o al menos es la hipótesis con la que trabajamos, que esa forma HE sea equivalente en la Mano de Irulegi a la forma KE con la que termina la primera palabra, sorioneke, donde podemos tener una dedicatoria y ser, por ejemplo, un nombre de divinidad y querer decir algo equivalente a la frase ‘a la buena fortuna”, expone Velaza, que también ha estudiado la pieza de bronce con inscripción en lengua vascónica hallada en 2021. Por qué en la Mano de Irulegi no se utiliza la forma HE lo explica que en ese hallazgo el texto no está escrito en latín, sino en signario vascónico, “y no hay posibilidad de marcar las aspiradas como en el caso de HE”.

QUIÉN ERA VALERIA VITELA

El ara de Larunbe, en el que se aprecian algunos golpes y ha perdido parte de la zona central y de la base, tiene forma, decoración y tipología romana. Esto significa que la parte superior -la corona- y la parte inferior -la base- son algo más anchas que la parte central -el cuerpo-, donde normalmente va la inscripción. La parte superior, además, posee lo que se denomina focus, una hendidura para la ritualidad religiosa, por ejemplo, quemar incienso o verter vino.

El texto de esta ara, de cinco líneas, menciona tres elementos, como casi todas las aras de este tipo: el dedicante, la divinidad y la fórmula de la dedicación. “Estos tres elementos son los habituales, si bien en algunas aras falta el dedicante, en otras la divinidad...”. En Larunbe, la dedicante es Valeria Vitela; la divinidad, Lara, y la fórmula, “totalmente romana, casi estereotipada que aparece en estas descripciones”, que podría traducirse por “cumplió de buen grado con su voto, como se merecía”.

Para hablar de Valeria Vitela hay que tener en cuenta que las mujeres romanas tenían dos nombres, y los hombres, tres. En el caso de Marco Tulio Cicerón, por ejemplo, Marco era el nombre propio; Tulio, el nombre de la familia, y Cicerón, el cognomen, un sobrenombre o apodo que le identificaba más concretamente. En las mujeres, el nombre era el de la familia, con lo que, en este caso, Valeria significa que pertenecía a la familia de los Valerios, que no era una en el Imperio romano, “sino que eran muchos, muy numerosos... casi como hoy García”, señala Velaza. Por eso, para identificarlos, se añadía el cognomen o apodo. “En el texto de Larunbe es Vitela, que en latín significa becerra, ternera”.

¿Por qué llamarse Vitela? “En Hispania no teníamos hasta ahora ninguna mujer con ese cognomen, pero sí cuatro en el resto del Imperio. No es, pues, un cognomen frecuente. Por eso, una hipótesis es que el nombre de esta señora fuera en realidad una traducción de un nombre indígena que tuviera en su familia originaria”. Podría ser que su familia, vascónica, acostumbrara a poner a sus miembros nombres de animales, “algo muy normal en muchas culturas muy antiguas”, y al nacer esta niña romanizaran su nombre, lo que se conoce como Deckname o nombre traducido. Y es lo que los especialistas sospechan: cuando esta mujer pone su nombre en el ara, seguramente vive en una ciudad romana, se ha romanizado y hace un altar plenamente romano a una divinidad aún vascónica. “Es algo normal: en el proceso de romanización, la gente se romaniza inicialmente en su nombre, pero la divinidad permanece”.

Y no es excepcional. Porque, como añade Velaza, los romanos no tuvieron nunca una auténtica política religiosa: eran un Imperio, pero en su conquista jamás prohibieron el culto religioso de nadie. “Más aún: ellos mismos se convirtieron a un montón de religiones de todo el Imperio”, apunta. “Por eso tenemos muchos nombres de divinidades indígenas en inscripciones”.

Cuenta Velaza que en Ujué se produce “uno de los casos más bonitos del Imperio romano”. De allí son dos aras conservadas en el Museo de Navarra, dedicadas por los mismos dedicantes (tres personas): una, a Lacubegi, una divinidad vascónica, y otra, a Júpiter. “Son idénticas, incluso de medidas, pero las han dedicado a la divinidad local una y a la divinidad oficial del Panteón romano la otra”. ¿Qué puede haber sucedido después? “Probablemente se produjo una fusión entre Lacubegi y Júpiter y la siguiente generación ya no distinguió las dos divinidades, sino que veneró a una divinidad máxima”.

LUGARES SACRALIZADOS

Sobre cómo podrían avanzar las investigaciones, Velaza advierte de que “por desgracia” se desconoce exactamente dónde estaban estos altares. Esta circunstancia se observa en Larunbe: el ara apareció en un pozo de un monasterio del siglo XI, “un contexto de reaprovechamiento religioso”. “Muy probablemente, el monte en el que se ha encontrado era un lugar sacralizado, de culto, desde época muy antigua; la comunidad lo entendía como lugar sagrado, y fue sustituyendo religión por religión”.

Por eso en Arriaundi se puede tener un lugar sacralizado por los vascones, cristianizarse al llegar el mundo cristiano y “amortizarse el ara al construirse una iglesia medieval”, pues algo muy común en todas las culturas es que los lugares sagrados tengan continuidad. De hecho, el ara se tira a un pozo de la iglesia dedicada a San Esteban “que después pasa a advocarse a San Gregorio”. “Dentro de la cultura religiosa cristiana también hay una transformación religiosa, algo habitual”. De ahí la razón de que se descubran altares romanos en las inmediaciones de iglesias: el fenómeno de la resacralización de los espacios es muy frecuente en todas las culturas.

QUIÉN ERA LARRA
​No se sabe nada de esta divinidad. “Solo, que aparece en estas cuatro inscripciones”, apunta Velaza sobre los textos de las aras de Mendigorría, Riezu, Irujo y Larunbe. “No sabemos nada de Larra y tampoco de ninguna divinidad vascónica ni de ninguna deidad indígena que tenemos”.

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