Obituario

La prodigiosa mirada de Mario Tascón

Mario Tascón
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Mario Tascón
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Luisa Alli Turrillas

Publicado el 02/10/2023 a las 07:38

Y es que era única. Mario Tascón (Ponferrada 1960-Buenos Aires 2023) miraba por encima de sus gafas, como de abajo a arriba, y casi podías ver en marcha los engranajes entre sus ojos azules, que ha heredado Sofía, y ese lugar en el cerebro que a él le funcionaba de otra manera. 

En todas partes, en cualquier lugar, desde la pintada en una pared, el urbanismo de Iturrama y Mendebaldea o en un libro viejo que encontraba paseando por cualquier ciudad latinoamericana, Mario encontraba siempre algo que incorporar a su enorme mundo. Y el periodismo y sus lenguajes, eso siempre.

Y esa mirada prodigiosa le llevó a estar unos pasos por delante: captaba las nuevas olas antes que nadie y era un actor clave para que esas tendencias llegaran a ser realidad y se consolidaran. 

Su ojo (y paciencia) le permitió, por ejemplo, conseguir la foto más deseada de los asesinos de Puerto Urraco (en agosto de 1990) y ser pionero en el periodismo digital; y así es: desde el diario El Mundo, y desde El País y La Información, logró dar forma a mucho de lo bueno que vemos hoy.

Mario y otros artistas como Tomás Ondarra (El Correo, La Nación -Argentina- y El País), Fernando Rubio (ABC) y Pablo Ramírez (Expansión), por citar a algunos, consolidaron a los periódicos españoles como una referencia mundial en la infografía (gráficos e imágenes que acompañan a la información y ayudan a su comprensión). 

Y ahí empezó una enorme vinculación con la Universidad de Navarra y con Pamplona, y con muchos estudiantes que, de una y otra manera, hemos revoloteado a su alrededor desde los años noventa.

Y Mario, pues, resultó al final muy de Pamplona, tanto que emparentó con María, una bisnieta del pelotari Juan Moya, Moyica, inventor de las cestas de remonte (1903). María Moya tiene méritos de sobra, ella sola, de reconocimiento y cariño por parte de aquellos que hemos sido alumnos, compañeros y amigos. Y el tándem era insuperable.

Pero era de Ponferrada, y mucho. Nos hizo aficionados a las cerezas del Bierzo, con su envío anual; invitaba a “estar en Babia” (literalmente), donde organizaba unas sesiones con la intención de cambiar la mirada de los asistentes; ideó un espacio creativo, El Libro Imposible, que, por supuesto, tenía libros, de los que era un apasionado. Y los que no están ahí, estarán apilados en su mesilla.

Mario, con su mirada rescatadora y generosa, siempre ofreció trabajo, ayuda y conocimiento, y por eso hay tantas personas que le lloramos. Somos legión los que hemos trabajado con él en El Mundo, El País, PRISA, La Información, en La Propagadora, en la FUNDEU, en la RAE, la Fundación GABO, en DIRCOM o en su último proyecto, Prodigioso Volcán. 

Voy a hablar por mí, pido perdón, pero en mis recuerdos se reflejan cientos de personas, en España y en Iberoamérica, que podrán contar lo mismo con ligeros matices. Recuerdo ese 3 de diciembre de 1999, cuando firmé con Mario mi primer contrato en El Mundo. Pensé que era una buena señal, para siempre, empezar mi aventura fuera de Navarra el día del patrón. 

Y recuerdo muy especialmente cómo hacía (ahora se puede contar) lo posible para que las exiguas nóminas de los principiantes tuvieran algún complemento que nos permitiera la vida en Madrid. Y cómo, cada vez que he tenido algún vaivén profesional, llamar a Mario era rescate seguro. Sofía y Mario siempre tendrán la red que tejió su padre.

Su mirada exploradora, y crítica, le llevó a crear con María, Jorge, Antonio, Jorge, Rafa, Javier, Carlos y Carolina, Prodigioso Volcán, una empresa líquida e indefinible en la que han puesto del revés aspectos del mundo de la comunicación. No queriéndose quedar atrás, retaba a sus equipos a ir más allá. Por eso trabajar con él era exigente y enriquecedor. 

Al terminar la semana pasada una reunión, estaba un poco apartado, charlando con otra persona, y le vi con esa mirada… Me acerqué a esperar su revisión crítica, siempre la tenía, y en cuanto podía la daba; eso también lo sabemos bien todos los que hemos coincidido con él. Y siempre aportaba, venía desde esos engranajes distintos de su cerebro.

Pionero es una buena palabra para definir a Mario. La primera vez que escuché hablar de Infografía o de Periodismo de Precisión fue a Mario, que me regaló el libro de Philip Meyer. 

La primera vez que me hablaron de comunicación clara fue Mario, ¿quién si no? Y también me regaló un libro del que era coautor. Y si alguien necesita saber cómo organizarse de fábula, pues Mario tenía también la respuesta en su cuaderno. 

Y ahora estaba con un precioso lío entre manos, junto con la Asociación DIRCOM y la Fundación Gabo, promover el derecho a entender de la ciudadanía, creando un ODS18. ¿Y qué más? No sé, pero vamos a echar mucho de menos esa mirada. Gracias.

La autora es secretaria general de la Fundación Instituto Hermes y vicepresidenta de DIRCOM

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