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Linajes del reino

Los Aibar, linaje de oro bajo el cetro de los Evreux (III)

Los Aibar se mantuvieron muy cerca del poder también durante el reinado de la Casa de Evreux y ocuparon puestos de gran relevancia en la corte real y la Iglesia en Navarra

Ampliar Estella fue una de las numerosas ciudades dirigidas por los Aibar, siendo Martín de Aibar capitán de esta ciudad y encargado de reforzar las fronteras con el reino de Castilla a finales del siglo XIV
Estella fue una de las numerosas ciudades dirigidas por los Aibar, siendo Martín de Aibar capitán de esta ciudad y encargado de reforzar las fronteras con el reino de Castilla a finales del siglo XIVMontxo A. G.
  • Begoña Pro
Publicado el 28/11/2022 a las 06:00
El papel relevante de los Aibar dentro de la articulación política del reino se fortifica durante el reinado de Sancho VI y se va a prolongar hasta los enfrentamientos más duros entre agramonteses y beaumonteses. Durante todo este periodo, el nombre de este linaje aparece constantemente ligado a la curia regia, donde se les va a ver ocupando cargos de la máxima confianza real como el de gobernador, alférez o chambelán y otros que forman parte del engranaje de los hostales reales.
A mitades del siglo XIV, los Aibar componían una extensa familia cuyos miembros coparon puestos relevantes dentro del escalafón nobiliario y eclesiástico del reino, gozando de la más alta estima y confianza de los Evreux y del obispo.
En 1358, cuando Carlos II pugnaba por la corona de Francia, Juan Ruiz de Aibar se hallaba a su servicio en Cherburgo. Como puerta de entrada de los ingleses a suelo francés, en plena guerra de los Cien Años, el rey necesitaba de alguien de su más absoluta confianza en esta plaza, para poder negociar a conveniencia con ingleses o franceses. Una década después, Eneko Ruiz de Aibar, hermano de Juan, fue enviado allí por Carlos II con el cargo de capitán y la misión de contener a los ingleses. Eneko fue uno de los hombres que defendieron las últimas plazas normandas que le quedaron al rey, incluida Carentan, en cuya batalla cayó prisionero.
Juan Ruiz de Aibar se casó con Juana Caritat y gozó de un dono vitalicio sobre las villas de Orcoyen y Beriáin, tal y como se refleja en los comptos de 1377. La reina Juana Valois, durante el tiempo que ejerció como lugarteniente de su esposo en Navarra, lo nombró baile de La Bastide-Clairence y, con la misión de mantener la paz y el orden en la merindad de Ultrapuertos, lo colocó como alcaide de San Juan de Pie de Puerto. Seguramente su experiencia en esta zona llevó a Carlos III a enviarlo allí en 1391 para sofocar una revuelta en la zona de Mixa y Salvatierra de Bearne.
De esta rama secundaria destacó otro Juan Ruiz de Aibar, hijo o sobrino del anterior, que aparece como sargento de armas. Al respecto de este cargo, Susana Herreros Lopetegui en Mecanismos de movilización de tropas, explica que los sargentos de armas formaban parte de la guardia personal del rey y se encargaban de “la vigilancia y guarda de la residencia real”. Por sus tareas recibían un sueldo de 120 libras, de las que 6 se destinaban a vestuario.
Una muestra de la estrecha relación que mantuvo Juan con Carlos III es el apodo con el que aparece en la documentación: Dinadán. “Y Dinadán era el nombre de uno de los caballeros de la Tabla Redonda, que aparecía en novelas como Tristán y Girón, donde se le mostraba como el más fiel compañero y amigo de Tristán”, desvela Mikel Zuza en En recta línea. Según desvela Francisco Layna en Bufón y caballero salvaje. A propósito del Dinadán castellano. Dinadán es “un personaje transgresor que utiliza la burla y el humor para poner en solfa la validez de ciertos modelos imperantes”. ¿Serían estas las señas de identidad de nuestro Dinadán?
Juan estuvo presente en la coronación de Carlos III en 1390 y, además de ser merino de Sangüesa, ejerció como chambelán entre 1400 y 1408, realizando a lo largo de su vida tareas de representación para este monarca en suelo francés. Por los apuntes de Comptos sabemos que permaneció durante dos años y ocho meses en Francia junto al consejero Francés de Villaespesa. Se les pagó 1.100 francos y otros 300 florines de Aragón en 1396 y a Juan Ruiz el rey le compró una mula para que hiciera el viaje.
Nombrado señor de Olaz, Carlos III estableció en 1406 para él y sus herederos un mayorazgo en estos términos: “que fuera transmitido a los sucesores de legítimo matrimonio perpetuamente, prefiriendo los masclos a las fembras, en cara (aun cuando) los masclos sean o fueren menores de días e que no puede ser partido, vendido, cambiado ni enajenado”. Según cita Madoz Larralde en Totemismo y Heráldica: la cimera, Juan Ruiz de Aibar utilizaba como cimera “un busto de una dama con gran tocado cuyo manto forma el mantelete”. A principios de 1410, poco antes de morir, realizó su último servicio al rey en un viaje que le encomendó a Francia.
Pedro de Aibar ocupó el cargo de Arcediano de la Tabla en la catedral de Pamplona
Pedro de Aibar ocupó el cargo de Arcediano de la Tabla en la catedral de PamplonaEduardo Buxens
LA RAMA PRINCIPAL
Si la rama secundaria de la familia estuvo involucrada en las actividades de los Evreux en suelo francés, la rama principal participó activamente en los sucesos peninsulares, interviniendo en las luchas que se dieron contra aragoneses y castellanos en este periodo. De Martín de Aibar el Luengo, dan cuenta las hermanas Iziz. De él dicen que era hijo de Pedro Ximénez de Aibar, abad de Sabaiza, y nieto de Martín Ximénez de Aibar y de María Jordán. Durante el verano de 1362 mantuvo a 31 hombres en alerta en el castillo de Petilla, del que era alcaide. El 22 de mayo de ese año, Pedro I de Castilla y Carlos II firmaron un tratado de amistad en Estella justo en el momento en que el monarca castellano rompía la tregua pactada con Aragón un año antes en Terrer. Aragón, que apoyaba las reivindicaciones al trono de Castilla del hermanastro de Pedro I, Enrique Trastámara, se convirtió de este modo y sobre todo a raíz de aliarse con Francia, en enemigo de Navarra. Petilla, situado en Aragón, era una plaza de significativa importancia desde donde se vigilaban los movimientos aragoneses.
Su hijo, Martín de Aibar nombrado el Chambelán, medró a la sombra de los Evreux y fue ampliamente recompensado por sus servicios. Gozó de la aquiescencia de Carlos II, quien, en 1374, siendo escudero, le entregó 30 libras de gracia especial, refieren las hermanas Iziz, y cuatro años después le donó “todas las rentas del rey en Cintruénigo, y en sus términos, en pago de 100 libras de carlines prietos, por sus mesnadas del año 1378”, según aparece en los comptos. Como capitán de Estella le tocó reforzar las fronteras con Castilla cuando Enrique de Trastámara, tras vencer a su hermanastro, se disponía a castigar a cuantos le habían apoyado. Para ello no dudó en tenderle la mano al rey de Francia, Carlos V, y ofrecerle la posibilidad de ayudarle a invadir Navarra. Carlos II preparó entonces un ambicioso plan que incluía un pacto con los ingleses, cuyas directrices encomendó a Du Tertre y de la Rue, mientras ideaba una estrategia para tomar Logroño. Tras el fracaso de sus objetivos, Carlos II se vio obligado a firmar la paz de Briones (31 de marzo de 1379), acuerdo que se ratificó unas semanas después en Tudela y que confirmó el propio Martín.
Carlos II lo armó caballero en la catedral de Pamplona el 9 de mayo de 1380, siendo obsequiado con un paño de seda que costó 40 florines de oro.
Fue chambelán de Carlos II y Carlos III lo designó también para ocupar este cargo nada más subir al trono. Este rey tuvo tal confianza en él que lo eligió tutor de sus hijas, las infantas Juana, Blanca, María, Margarita, Beatriz e Isabel y de su heredero, Carlos, nacido en 1397 y muerto cinco años después. El Noble le hizo múltiples regalos entre los que se encuentran joyas, caballos y una espada comprada a Martín de Garro. Se desposó con María Fernández de Rada con la que tuvo dos hijos: Martín de Aibar el Joven y Juan Martínez de Aibar.
Carlos III le confió varias embajadas a Castilla en las que desempeñó el delicado papel de mediar ante la reina Leonor para que viniera a Navarra y se uniera a su esposo, al que llegó a acusar incluso de haberla intentado envenenar.
En 1397 acompañó a la hermana de Carlos III, María, en su viaje a Denia, donde se iba a casar con Alfonso, conde de Denia. Se le concedió entonces “8 codos de terciopelo de seda negra”, según citan las hermanas Iziz, para confeccionarse una hopalanda para este viaje, al que partió el 9 de mayo. Como miembro destacado de la comitiva custodió el lujoso ajuar con que Carlos III obsequió a su hermana y los 10.000 florines de oro de Aragón, de los 30.000 que componían la dote convenida, y que habían de ser satisfechos el día del enlace. Negoció asimismo el contrato matrimonial de la infanta Isabel, de la que había sido tutor, con el conde Juan de Armagnac.
Importante fue su papel entre 1411 y 1413 cuando el rey lo envió a Sicilia y Aragón para tratar varios asuntos concernientes a su hija, Blanca, reina de Sicilia tras desposarse con Martín el Joven. Para su viaje se le pagaron unas expensas de 4 florines diarios y 320 escudos. Sus servicios se llevaron a cabo en un momento delicado. Blanca acababa de enviudar y las aguas bajaban revueltas en Sicilia por la sucesión; a lo que se unió la muerte de Juana, hermana mayor de Blanca, hecho que la convirtió en heredera de Navarra.
Martín estuvo presente en los pleitos que se dieron en Foix entre Agnes, condesa de Foix, tía de Carlos III, y Mathieu Foix-Castelbon (sobrino segundo de su esposo, Gaston Phoebus), quien heredó el condado al morir este sin heredero legítimo. Carlos III siempre veló por los intereses de su tía que, tras ser repudiada injustamente por su marido, reclamaba ahora la subsanación de su dote (de la que se había apoderado Phoebus), y de las rentas que le correspondían como condesa de Foix.
Martín disfrutó de casas y rentas en Castillón de Sangüesa, Fontellas, Cintruénigo, Villafranca, Tudela, Roncal, Rada, Castejón, Aibar y Corella; lugar este donde se le atestigua en los últimos años de su vida y donde hizo testamento. En él eligió la capilla de Santa Catalina, dentro de la iglesia de San Miguel de esta localidad, como lugar de enterramiento para él y su esposa. Según Madoz, Martín utilizaba una cimera con un león saliente de una corona.

Los Aibar en el clero navarro

En 1378 se produce el llamado cisma de Avignon en la iglesia católica con Urbano VI gobernando desde Roma y Clemente VII, desde Avignon. El cardenal obispo de Pamplona, Martín de Zalba, fue un firme partidario de Clemente y presionó para que tanto Carlos II como Carlos III siguieran la fidelidad de Avignon. En este ambiente de discordia, los Aibar mantuvieron una presencia destacada dentro del clero navarro como refleja Goñi Gaztambide en Los obispos de Pamplona en el siglo XIV. García de Aibar estudió derecho en Avignon. Fue vicario general de Martín de Zalba y vicario general de la diócesis nombrado por Benedicto XIII (sucesor de Clemente VII). Pedro de Aibar ocupó el puesto de Arcediano de la Tabla en la catedral de Pamplona, tras estudiar derecho en Toulouse, y un canonicato en Zaragoza. Martín de Aibar cursó estudios de derecho canónico en Toulouse. Fue arcediano de Valdeaibar y canónigo de Pamplona. Simeno de Aibar tuvo presencia destacada en el monasterio de Montearagón y representó a Navarra en el concilio de Constanza de 1414 que puso fin al Gran Cisma de Occidente. Y Ochoa López de Aibar disfrutó de una canonjía en Tudela y fue clérigo de la capilla real.
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