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Linajes del reino

Los Aibar en la curia regia

Los Aibar estuvieron muy cerca de la dinastía Jimena, pero es posible que Ximeno de Aibar combatiera en las Navas de Tolosa bajo el estandarte aragonés

Ampliar Sangüesa ganó el título de ‘La que nunca faltó’ en un enfrentamiento con fuerzas aragonesas en el que participaron sangüesinos y aibareses
Sangüesa ganó el título de ‘La que nunca faltó’ en un enfrentamiento con fuerzas aragonesas en el que participaron sangüesinos y aibaresesARELIZALDE/archivo
  • Begoña Pro
Publicado el 31/10/2022 a las 06:00
El papel relevante de los Aibar dentro de la articulación política del reino se fortifica durante el reinado de Sancho VI y se va a prolongar hasta los enfrentamientos más duros entre agramonteses y beaumonteses. Durante todo este periodo, el nombre de este linaje aparece constantemente ligado a la curia regia, donde se les va a ver ocupando cargos de la máxima confianza real como el de gobernador, alférez o chambelán y otros que forman parte del engranaje de los hostales reales.
En 1152 el libro Rotundo de Santa María nombra a Ximeno de Aibar, con el cargo de gobernador. Este Ximeno, probablemente hermano de Eneco Gil de Aibar, fue un apoyo fundamental para Sancho VI el Sabio durante sus primeros años de mandato, defendiendo las fronteras de la zona sur del reino frente a los ataques lanzados por Castilla y Aragón, que pretendían repartirse las tierras navarras. Ximeno se mantuvo cerca de la familia real, firmando como testigo en varios documentos y formando parte, poco después, del hostal de Sancho VII el Fuerte. A este rey acompañó a la campaña de las Navas de Tolosa, aunque Julio Altadill, en la Batalla de las Navas de Tolosa. El séquito del rey fuerte duda de “si guerreó aquel día bajo el estandarte aragonés ó á la sombra del navarro”. Fue tenente de Salazar en 1196 y de Sangüesa en 1198. Además, se atestigua su presencia en 1203 en Bayona, adonde acompañó al rey Sancho VII cuando se celebró la ceremonia de vasallaje que los bayoneses prestaron al magnate navarro.
Junto a Ximeno de Aibar, Altadill documenta la presencia en las Navas de Tolosa del mencionado Eneco Gil de Aibar, de su coetáneo Martín de Aibar (que tuvo el mando de Laguardia en 1191) y de Martín Giménez de Aibar, hijo de Ximeno.
EXCOMUNIÓN
Martín Giménez de Aibar gobernó en nombre del rey la importante plaza de Grisén, que Alfonso I el Batallador conquistó a los musulmanes alrededor de 1119. En 1232 llegó a un acuerdo con Sancho VII para cambiar este emplazamiento por unos molinos situados en la zona de Gallipienzo. Durante el reinado de Teobaldo I fue excomulgado por el obispo Pedro Jiménez de Gazólaz, acusado de invasor y robador de las cosas de la Iglesia, según documenta Goñi Gaztambide en Los obispos de Pamplona del siglo XIII. “Estas censuras fueron promulgadas en Sos y Navardún varios días del mes de octubre de 1249, en presencia de Valesio, abad cisterciense de Leire, Martín Pérez, arcediano de Valdeaibar, Iñigo de Sotirana, chantre, G. de Guardia, canónigo de Pamplona, Pedro Rodríguez de Lumbier, canónigo albaydense, y otros”. Esta actuación hay que enmarcarla dentro las desavenencias que durante este periodo mantuvieron obispo y rey y que terminaron también con la excomunión del monarca y el destierro del prelado.
Se conoce el nombre de tres hermanos de Martín: García, Lope y Pedro (que fue deán de Calahorra) y el de su esposa, María Jordán.
La rama principal de los Aibar mantuvo su estatus con la siguiente generación, que estuvo encabezada por otro Ximeno de Aibar. Este Ximeno tuvo en su tiempo fama de tacaño y descortés, hasta el punto de llegar a ser el protagonista de unos versos satíricos escritos por Pero da Ponte: I Quand’eu d’Olide say / pregunte y por Ayvar; / e disse-mi log’assy / aquel que foy preguntar: / Senhor, vos creed’a mi, / que o sey mui ben contar: / Eu vus contarey quant’ä d’aqui a cas don Xemeno: / hun dia mui grand’ahy, e hun jantar mui pequeno. II Disse-mi, hu me d’el parti: / Qero-vus ben conselhar: / a jornada que d’aquí / vus oy queredes filhar / será grande; poys, des y / Cras non é ren o jantar. Emparentó Ximeno con los Almoravid, al desposarse con Johana Almoravid, hija del alférez Fortún Almoravid, a finales del siglo XIII.
Se conocen también los nombres de sus hermanos: Gil Martínez de Aibar, que se casó con doña Lópiz y tuvo una hija llamada Marquesa Gil; Pedro de Aibar, que emparentó con otro de los linajes importantes del reino al desposarse con Milia Sánchez de Cascante, hija del gobernador Pedro Sánchez de Monteagudo, señor de Cascante; y Jordán de Aibar. Ximeno pudo morir en 1312 durante los hechos que desembocaron en la batalla de Vadoluengo. Las disputas en las fronteras con Aragón por la explotación de los recursos de la zona conocida como La Real (en la que estaban enmarcadas las aldeas de Ull, Unclués de Lerda, Fillera, y Añués), provocaron la toma del castillo de Petilla por las fuerzas aragonesas en agosto. Desde Navarra se envió un ejército comandado por Fortún Almoravid, que logró hacerse de nuevo con la plaza. En venganza, los aragoneses entraron poco después por la Val de Aibar, quemando y saqueando las zonas de Aibar, Tafalla y Olite. Cuando ya enfilaban el regreso a Aragón, sangüesinos y aibareses les tendieron una trampa en los terrenos de Vadoluengo, donde confluyen las aguas del Aragón y del Onsella. Aprovechando que los ríos bajaban muy crecidos y que los aragoneses tuvieron que esperar al amanecer para cruzar con garantías, los navarros se colocaron en ambas orillas, para caer sobre sus enemigos justo en el momento en que empezaran a cruzar el río. Muchos aragoneses perecieron ahogados. Las fuerzas combinadas navarras lograron una gran victoria y se hicieron con el pendón de Aragón, ganando Sangüesa el título de “la que nunca faltó”.
Gorriti, desde la zona de la ermita de Santa Bárbara, donde antes estaba el castillo
Gorriti, desde la zona de la ermita de Santa Bárbara, donde antes estaba el castilloCedida

La desgracia de Beotíbar

El primogénito de Ximeno y Johana heredó el nombre de su abuelo, Martín Ximénez de Aibar, quien se casó con Gracia Sánchez de Cascante. Este noble se involucró en primera persona en los acontecimientos de comienzos del siglo XIV, llegando a ocupar el cargo de alférez a partir de 1316, en sustitución de Oger de Mauleón.
Al morir la reina Juana I (1305) el reino se movilizó para enviar una embajada a París y pedir a su primogénito, el capeto Luis I (X de Francia), que viniera a coronarse a Pamplona. A la cabeza de estas movilizaciones se posicionaron dos nobles, Martín Ximénez de Aibar y su abuelo, Fortún Almoravid. Tras mucha insistencia, los navarros lograron su objetivo. Luis fue coronado en la catedral de Santa María el 1 de octubre de 1307. Las noticias son confusas sobre lo que ocurrió cuando, dos meses después, el nuevo rey de Navarra abandonó el reino. Algunas fuentes señalan que, como castigo por su insubordinación durante los dos años que duraron las negociaciones para que el heredero se presentara en el reino, en los que amenazaron incluso con no reconocerlo como su rey, Luis encarceló a Fortún y a Martín en la prisión de Toulousse. Otras fuentes señalan que se los llevó para que guerrearan con él en Francia. En cualquier caso, a ambos se les atestigua después de esta fecha en el reino. De hecho, Martín formó parte de la embajada que en 1319 viajó con el obispo Arnalt de Barbazán para tomar el juramento al rey Felipe II en la corte parisina.
Ya como alférez, Martín participó en la campaña que en los comptos reales aparece con el nombre de fazienda de 1321, y que popularmente se conoce como batalla de Beotíbar. Estos hechos se encuadran también en las luchas fronterizas con los reinos vecinos, aunque esta vez atañen a la muga con Castilla. Se considera que el hecho que desencadenó la expedición militar fue la toma del castillo de Gorriti por fuerzas oñacinas capitaneadas por Gil López de Oñaz. Se trataba de una fortaleza importante tanto por su carácter defensivo como por ser lugar donde se cobraban los peajes, lo que justifica la rápida organización para hacerse de nuevo con el control de la zona. En la campaña participaron unos quinientos efectivos, comandados por el merino de Pamplona, Johan Lopeyz de Urroz; el de Estella, Dru de San Pol; el gobernador Ponz de Mortagne y el alférez, Martín Ximénez de Aibar. La empresa se torció cuando, tras liberar Gorriti, el gobernador insistió en seguir a los rebeldes por tierras guipuzcoanas y castigar su osadía. Sin embargo, los oñacinos les prepararon una emboscada en la zona de Beotíbar, a consecuencia de la cual fallecieron los merinos de Pamplona y Estella y muy probablemente Juan Enríquez de Lacarra, hijo natural de Enrique I de Navarra. En cuanto a Martín, su muerte no consta en las páginas de los comptos, como la de los merinos. Pero se cree que también falleció en Beotíbar puesto que el último cobro anotado a su nombre tiene fecha de octubre de 1321, que era uno de los meses en que se liquidaban los pagos. Teniendo en cuenta que la batalla tuvo lugar el 19 de septiembre, encaja perfectamente. Además, su nombre ya no aparece más en la documentación. Algunas fuentes sostienen que, junto a Martín, murieron en esta batalla sus dos hijos mayores: Ximeno y Ruy y otras que su hermano, Pedro. Algo que no se puede comprobar, aunque se sabe que en la ceremonia de coronación de los reyes Juana II y Felipe III de Evreux, en 1329, quien representó a los Aibar fue un ricohombre nombrado como Ximeno, que pudiera ser el hermano menor de este Martín, reconocido como heredero de su madre en el testamento que Johana dictó en 1348.
Quien sí aparece posteriormente en las documentaciones es el hijo menor de Martín y Gracia, de nombre también Martín. Las hermanas Rosa y Ana Iziz, en Los Aibar, linaje de Reyes, dicen de él que fue escudero y que tuvo el gobierno del señorío de Mélida entre 1347 y 1349. Se sabe que contrajo deudas con el monasterio de la Oliva, por lo que sufrió el embargo de algunos de sus bienes, que fueron subastados en Olite en 1348.
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