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Literatura

Cristina Rivera Garza: "Es fundamental contar la historia de mi hermana con la palabra feminicidio"

La autora mexicana llega este lunes a Pamplona, al festival literario feminista Letraheridas, con 'El invencible verano de Liliana', el libro sobre su hermana, asesinada por su exnovio en 1990 

Ampliar Cristina Rivera Garza nació cinco años antes que su hermana, Liliana. Este lunes hablará del libro que escribió sobre ella en Katakrak (19 horas)

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Cristina Rivera Garza nació cinco años antes que su hermana, Liliana. Este lunes 17 de octubre hablará del libro que escribió sobre ella en Katakrak (19 horas)MARTA CALVO
Publicado el 15/10/2022 a las 06:00
De niñas y adolescentes, nadar era lo que hacían juntas Cristina y Liliana Rivera Garza: acudían a la piscina “para ser hermanas”. Cuando en 1990 Liliana, entonces de 20 años, fue asesinada por su exnovio, hacía tiempo que Cristina ya no practicaba natación. La retomó en 2008, y más en serio en 2012, durante un semestre en Poitiers e invitada por su anfitriona en la universidad de allí, Cecile Quintana. Y entonces un día salió súbitamente del agua, con la respiración alterada, se echó a llorar y se escuchó decir “Liliana”. Desorientada, sin saber qué hacer, volvió a zambullirse en el agua, tocó el suelo con las pies, se impulsó con fuerza hacia la superficie y dijo al salir “Liliana. Liliana Rivera Garza”. Y volvió a repetir su nombre bajo el agua. Cuando este viernes concede esta entrevista por teléfono se encuentra en Poitiers (Francia). “Por eso esta visita ha sido tan emotiva”, desliza. “Un libro nace muchas veces, pero uno de sus nacimientos, definitivamente, fue en esta piscina de Poitiers”, añade. Se refiere a 'El invencible verano de Liliana', “una excavación” en la vida de su hermana, que careció “como todos del lenguaje para identificar, denunciar y luchar contra la violencia sexista y el terrorismo de pareja”. 
La autora mexicana lo escribió en 2019, un año después de abrir por primera vez las cajas con las pertenencias de Liliana y descubrir la cantidad de cuadernos y notas que redactó desde niña. Este lunes 17 de octubre llega con él a la primera sesión del festival literario feminista Letraheridas 2022. Dialogará (19 horas, Katakrak) con la escritora chilena Paulina Flores. El asesino de Liliana, Ángel González Ramos, huyó tras el crimen. En agosto del año pasado Cristina recibió un 'email' en una cuenta abierta para que, si alguien tenía información sobre el caso de su hermana, se comunicara con ella. El mensaje decía que Mitchell Angelo Giovanni, el nombre que adoptó el asesino cuando huyó a EE UU, había muerto ahogado en California en mayo de 2020. Una investigación en Los Ángeles ha determinado que el fallecido es Mitchell Angelo Giovanni. “Pero hace un año que espero comunicación de la Fiscalía de mandamientos judiciales de México de que Mitchell Angelo Giovanni era en efecto Ángel González Ramos”, señala Cristina.
¿Cuántos hermanos tiene?
Tengo una hermana, Liliana. Ahora lo puedo contestar muy directamente.
¿Desde cuándo puede hacerlo?
Escribir 'El invencible verano de Liliana' ha hecho posible una especie de restitución de su persona entre nosotros, y ahora está presente para mí, que siempre lo ha estado como una especie de fantasma dentro y alrededor de mí, y tiene además una presencia que va más allá de mí y que le otorgan sus nuevas hermanas y hermanos que se han ido haciendo conforme hablamos de ella y traemos su memoria.
Comienza a escribir el libro en octubre de 2019. Al inicio señala: “Veintinueve años, tres meses, dos días”. ¿Pesa el tiempo?
La cuestión del tiempo y el duelo es muy particular. Cuando empecé a dar a leer el libro a algunas personas para que me dieran su opinión, alguna me dijo inmediatamente por qué había tardado. La cuestión es que cuando uno está en duelo, el tiempo avanza o retrocede de maneras muy distintas. Esos treinta años estaban congelados emocionalmente. Es lo que hace el trauma: hay una especie de congelamiento del que no se puede salir. Ha ocurrido que, una vez que se publicó el libro, me atravesó el duelo incumplido, el que no había podido trabajar por la problemática de la falta de lenguaje para hablar de lo sucedido a mi hermana, de no poder enunciar de una manera digna y precisa qué había pasado.
¿Cómo afecta no tener esa manera “digna y precisa” de contar?
El feminicidio de mi hermana quedó encapsulado en el lenguaje de su época, cuando la narrativa era la del crimen pasional que inculpa a la víctima y exonera al perpetrador. Contar una historia de esa manera era imposible para nosotros porque sabíamos que así no eran las cosas, pero tampoco teníamos a nuestro alcance las palabras, los conceptos, y sobre todo la audiencia que quisiera atender este otro tipo de historias, lo que significa que nos callaron la boca, que un silencio fue impuesto sobre nosotros. Pero como uno no inventa las palabras, sino que son producidas por comunidades enteras, debo la capacidad de enunciación de ahora a los movimientos feministas de las últimas décadas, a la rabia que han tomado las calles y el lenguaje. Y puedo decir que Liliana estaba en una relación que se denomina terrorismo de pareja.
Escribe que ni Liliana ni quienes la querían contaban con un lenguaje que les permitiera identificar las señales de peligro. ¿No vieron qué estaba pasando?
Leyendo muchos libros al respecto he aprendido que uno de los grandes problemas de este tipo de violencia es que está entremezclada con el lenguaje del amor romántico, que es muy poderoso. Conductas que ahora consideramos claramente peligrosas, antes no:escenas de celos que se entendían como prueba de amor, y el acoso continuo, no dejarle tiempo libre, llevarla de un lugar a otro, como una preocupación por ella. Existe esta línea siempre quebradiza y porosa entre conductas que se codificaban como amorosas cuando eran tóxicas y peligrosas. Por eso era tan difícil, y en algunos casos sigue siendo, identificar claramente conductas de peligro. Liliana sabía que algo estaba mal, y lo deja ver en sus escritos: algo le molesta, lo rechaza, pero carecía, como nosotros, de la lente que dejara ver claramente el peligro que la acechaba.
¿Usted se echa la culpa?
Durante muchos años, la culpa y la vergüenza han sido centrales en mi relación con esta historia. Y fue muy importante escuchar la performance de Las Tesis “y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía”. No decían nada que yo no hubiera sabido antes intelectualmente, pero sí hicieron con esta performance multitudinaria y en muchos idiomas que ese conocimiento pasara del nivel intelectual al orgánico. Y una cosa que cayó con todo su peso en el cuerpo es que aquí hay un culpable: Ángel González Ramos, que huyó. Entendí que la única diferencia entre mi hermana y yo, entre mi hermana y muchas otras mujeres, ha sido que se topó con un asesino, porque la conducta, la autonomía, la búsqueda de libertad, la curiosidad, las ganas de tener experiencias en la vida... no son culpables. Y no son culpables mis padres, que nos educaron con sentido de libertad —mi papá dice “la libertad no es el problema, el problema son los hombres”—. Escribir el libro dentro de este otro contexto ha permitido trabajar el dolor de otra manera, no en la forma de culpa, sino en la de pérdida. Ytambién en la de crítica puntual a un sistema que permite los feminicidios y que protege a los feminicidas.
¿Por qué dice esto?
Institucionalmente, hay una alta impunidad: existe más del 90% de posibilidades de que un feminicida nunca tenga que enfrentarse con la ley. Los feminicidas siguen existiendo porque saben que se pueden salir con la suya, y esto nos da la idea de que el feminicidio no es un crimen extraordinario, no es el resultado de algún exabrupto pasional:es sistemático, sistémico, estructural. Además, existe la responsabilidad de la sociedad civil, donde los feminicidas también encuentran protección, con sus familias, amigos, vecinos, compañeros de trabajo... que deciden hacer la vista gorda en lugar de actuar y acusar a los agresores y asesinos.
¿Qué descubrió de su hermana en aquellos cuadernos y notas que le sorprendió?
Sabía que tenía buen humor, que era dicharachera, pero no a qué nivel llegaba su forma de ser burlona, graciosa, crítica en muchas ocasiones. Es algo que sus amigos y compañeros mencionan una y otra vez. Y sabía que leía pero no tanto, ni que escribía tanto. Liliana guardó casi todo. Tenía una veta de archivista de sí misma que ahora mismo ha resultado absolutamente pertinente para poder tener al menos estos visos de su vida.
¿En qué momento vio que era una buena idea escribir este libro?
Necesitaba escribirlo hace mucho tiempo. Tengo por ahí dos o tres manuscritos absolutamente fracasados, que jamás verán la luz del sol, en los que intenté contar esta historia. He ido pensando en un tipo de escritura que no es individual, sino colectiva, y en el momento en que vi y toqué todos los papeles de Liliana me dije “claro, aquí está el libro”. El encuentro con el archivo de Liliana fue fundamental. Aunque también pienso que un libro nace muchas veces: nació en Poitiers cuando estaba en la piscina; al comienzo de la pandemia, cuando me dije “si voy a morir, tengo que escribir este libro antes”; en una reunión en los semilleros zapatistas en Chiapas, en 2019, cuando pensé “Liliana estaría muy feliz aquí”...
¿Se descansa después de tantos años?, ¿se pude descansar de algo así?
De la fiscal de feminicidios, de Sayuri Herrera, aprendí que la justicia es la no repetición de este hecho. En la ley de víctimas de México se establece otra idea de justicia que no es solo la justicia punitiva, sino que tiende hacia la verdad y la restitución del daño. Para mí y mi familia es fundamental que para contar la historia de Liliana se utilice la palabra feminicidio, que su caso no quede como un homicidio simple, que es como está ahora en el acta. Es decir, para mí es importante que se cuenta la verdad. Contar esta historia implica una forma de restitución. Es un trabajo con la memoria y como tal, un trabajo colaborativo. Es muy distinto pasar de un duelo truncado, silencioso, lleno de culpa, a un duelo que se hace con otros, con la verdad en la cara y con la capacidad de contar una historia desde nuestras perspectivas, y eso implica un cierto alivio, aunque no es la justicia. Por eso, el compromiso con que esto no vuelva a ocurrir. A Liliana le gustaría poder contribuir a este “que no vuelva a ocurrir”.

DNI
​Cristina Rivera Garza (1 de octubre de 1964), autora de una decena de novelas, es profesora en el programa de doctorado de Escritura Creativa en español en la Universidad de Huston. Ahora va a vivir dos años Barcelona, por la beca María Zambrano de la Universidad de Barcelona. 

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