“A veces, la realidad es tan dura que necesitas autoengañarte para sobrevivir”

El intérprete malagueño actúa este viernes en el Gayarre con ‘Un hombre de paso’, obra en la que encarna a un delegado de Cruz Roja que se creyó la falsa propaganda de los nazis sobre los campos de concentración

Antonio de la Torre actuará este viernes por primera vez en el escenario del Teatro Gayarre
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Antonio de la Torre actuará este viernes por primera vez en el escenario del Teatro Gayarre
Antonio de la Torre actuará este viernes por primera vez en el escenario del Teatro Gayarre

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Nerea Alejos

Publicado el 10/03/2022 a las 06:00

El cineasta Manuel Martín Cuenca y el actor Antonio de la Torre han cambiado los platós y las cámaras por los escenarios. El intérprete malagueño, uno de los más reconocidos del cine español, protagoniza 'Un hombre de paso', montaje que plantea una reflexión sobre la memoria y el Holocausto. En esta obra interpreta a un personaje real, Maurice Rossel, delegado de la Cruz Roja en Berlín que en 1944 visitó el campo de concentración de Theresienstadt (actual República Checa), situado a 70 kilómetros de Praga. Para ocultar la espantosa realidad, los nazis deportaron a los presos más demacrados y crearon un idílico parque temático. Rossel se creyó la farsa y emitió un informe laudatorio, asegurando que la vida de los judíos en aquel campo era “casi normal”.

Llevaba diez años sin pisar un escenario. ¿Qué ha supuesto esta vuelta al teatro?

Es una sensación curiosa. Había cosas que ya había olvidado... Cuando estás interpretando una escena, tienes que tomar conciencia de que el público está ahí, pero sin distraerte. A veces pasa: que si oyes una tos, un móvil... También hay ciertas convenciones que tienes que asumir, como el que te escuchen en la última fila.

¿Cómo surgió el proyecto de llevar a escena 'Un hombre de paso'?

Yo ya tenía decidido con Manolo (Manuel Martín Cuenca) que íbamos a hacer esta obra. Empezamos a trabajar en el confinamiento, de hecho la primera reunión la tuvimos por Zoom. La obra está basada en el documental 'Shoah' (1985) de Claude Lanzmann, que se puede ver en Filmin. Son nueve horas de documental. Luego está el documental 'Un vivant qui passe' (Un hombre de paso), que recoge la entrevista que Lanzmann le hizo a Maurice Rossel.

Que es el personaje que interpreta usted.

Sí, Rossel es el “hombre de paso” que da título a la obra. Él fue delegado de la Cruz Roja en Berlín. En 1944 fue a visitar el campo de concentración de Theresienstadt. Lo interesante de la función es que todo lo que decimos los actores es real, todo fue dicho por los personajes a los que interpretamos. Lo único que está ficcionado es el encuentro entre Maurice Rossel y Primo Levi, porque ellos nunca se vieron. Luego está el personaje de Anna, la incisiva periodista, que es un trasunto de Claude Lanzmann. Planteamos cómo hubiera sido la situación si la víctima (Primo Levi) y el hombre de paso (Rossel) hubieran podido encontrarse cara a cara. Sobre todo queremos trasladar la reflexión de que el Holocausto fue posible porque mucha gente normal, como tú y como yo, o como Maurice Rossel, miraron para otro lado.

De hecho, la obra confronta dos visiones opuestas sobre lo que sucedió en los campos de concentración.

Exactamente. Había mucha gente que ignoraba el exterminio o no se lo terminaba de creer, incluso en los pueblos de alrededor. Sí, veían que estaba pasando algo raro, pero no vieron nada más. Ahora mismo, mientras tú y yo estamos hablando, también están pasando cosas terribles en Ucrania.

Estos días se ha sabido que los familiares rusos de muchos ucranianos no les creen cuando les cuentan que están siendo bombardeados. ¿La Historia se repite?

Sí, eso está muy bien traído. Efectivamente, la Historia se repite. Es descomunal la capacidad que tiene el ser humano para autoengañarse. Probablemente, para sobrevivir necesitamos una dosis de autoengaño. A mí me está pasando una cosa: vas entrando en una edad en la que te construyes un relato de lo que ha sido tu vida. Entonces se generan esos mecanismos de “me cuento una bola que yo mismo me la creo”. Esto es un clásico de la Historia de la humanidad. Yo, que nací con Franco vivo, fui al cole franquista y en los libros la Historia se resumía así: “España era un caos y Franco lo arregló”. Al final, el relato lo hacen los vencedores.

Volvamos a Maurice Rossel. ¿Cómo explica usted su postura?

A veces, la realidad es tan dura que uno necesita autoengañarse para poder soportarla. Realmente, Lanzmann fue a ver a Rossel, le comentó la verdad sobre los campos de concentración y le obligó a reflexionar. En esta función le damos una vuelta de tuerca, porque Maurice Rossel tiene que enfrentarse a la situación de estar delante de una víctima del Holocausto como Primo Levi. Eso es una dificultad a la hora de abordar el personaje y de defenderlo. Tienes que contarlo todo ante la cara de la víctima, y eso es jodido.

A nivel actoral, ¿cómo lo ha afrontado?

Ha sido un galimatías. Yo he tenido muchos debates con Manolo sobre ese tema. “Es que me resulta muy difícil decir eso en la cara de Primo Levi”, le comentaba yo. Y Manolo me respondía: “Antonio, ¡es que estás interpretando a un mediocre!”. Sabes que te estás enfrentando a la mentira, pero tratas de mantener la dignidad. Como actor, vas surfeando. Lo bonito del teatro es que cada día puedes probar algo diferente. Cada función es única, y yo me intento arriesgar como actor. Si te sale mal, no tiene vuelta atrás. Además, nunca le vas a gustar a todo el mundo. Tienes que aprender a lidiar con la frustración.

No sé si usted gustará a todo el mundo, pero está claro que su trabajo sí les gusta a los académicos de los premios Goya.

Bueno, la carrera de un actor es mucho más que el hecho de que te nominen a los Goya, pero es verdad que me considero un súper privilegiado.

Es el actor español con más nominaciones a los Goya: catorce.

Sí, tengo ese récord, pero ya me desbancará alguien más pronto que tarde. Todo eso casi lo veo como una especie de sueño y me lleva a una reflexión sobre el oficio. Creo que hay que saber bajarse del escenario. Mira, mientras hablaba contigo estaba repasando un cocido y ahora voy a buscar a mis hijos al cole. Un cole público, por cierto. Esta es mi vida, y es mucho más real que lo de los premios. Además, esta es la vida que me alimenta como actor. No hay mejor inspiración para contar historias que lo que realmente sentimos y padecemos los seres humanos.

Pero su rutina ya tiene los días contados porque próximamente va a rodar en Chile.

Sí, me voy a ir varias semanas al desierto de Atacama para rodar 'La contadora de películas', basada en el bestseller de Hernán Rivera Letelier. Tengo un papel secundario, soy el padre de la protagonista. Luego, en mayo, retomaré la gira de 'Un hombre de paso'. 

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