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Historia

San Francisco Javier o San Fermín, la pugna por quién debía ser el patrón que dividió Navarra durante 30 años

En pleno siglo XVII, pueblos e instituciones navarras se enfrentaron en una enconada lucha entre "javieristas" y "ferministas". El Papa la resolvió con una decisión salomónica

Ampliar Lienzo de los copatronos en el Ayuntamiento de Pamplona, por Juan Andrés de Armendáriz, 1657
Lienzo de los copatronos en el Ayuntamiento de Pamplona, por Juan Andrés de Armendáriz, 1657Archivo
Actualizado el 26/01/2022 a las 22:15
La popularidad de las fiestas de San Fermín ha derivado en la errónea creencia de que el santo de Amiens es el patrón de Pamplona, desplazando a San Saturnino del lugar de honor que le corresponde. En realidad, San Fermín es Patrono de toda Navarra, pero no en solitario: comparte el título, como copatrón, con San Francisco Javier desde que en 1657 el Papa Alejandro VII tuviera que intervenir para poner fin, con una decisión salomónica, a 30 años de cuitas que dividieron a los pueblos e instituciones navarras, y también a sus gentesentre partidarios del mártir, o "ferministas", y partidarios del misionero, o "javieristas"
En aquella lucha, San Fermín contaba a su favor con el peso de la tradición: la extensión de su fiesta y octava para toda la diócesis de Pamplona databa del año 1446 y la traslación de su fiesta del 10 de octubre al 7 de julio se remontaba a 1591. Pero, en el siglo XVII, soplaban vientos de reforma en los países católicos y la figura de San Francisco Javier, popularizada por la publicación de sus cartas e impulsada por los jesuitas, encajaba dentro de la nueva corriente de pensamiento imperante.
Antes incluso de que el misionero navarro fuera canonizado,  en el año 1621, la Diputación del Reino tomó como patrón a Javier, lo que dio inicio al cisma. Jesús Arraiza, en un artículo publicado en Diario de Navarra, describe que " la sala de la Preciosa vio a nuestra Diputación proclamando a nuestro Javier patrono de Navarra; este acuerdo fue jurado solemnemente por los diputados, presididos por el Abad de Leyre Fray Antonio de Peralta, ante el Obispo, Cabildo, y Reino en la iglesia jesuítica de la calle Compañía, entre grandes músicas y luces". 
Ricardo Fernández Gracia, en otro artículo, añade que la Diputación, además, "solicitó a las Cortes que ratificara el patronato, como institución que encarnaba al propio Reino". Tres años más tarde, en 1624, se  produjo tal ratificación. "En las Cortes Generales del Reino y en la misma sala Preciosa de la Catedral, los tres Estados juraron y ratificaron lo hecho por su Diputación ante el obispo Loveda y el virrey Conde de Castillo", apunta Arraiza. El hecho "se celebró con toros, comedias y música"
LA DIVISIÓN SE AGUDIZA
Las diferencias entre ambos bandos se agudizaron a partir de 1643, cuando la Diputación hizo publicar un bando declarando que el único patrón del Reino era san Francisco Javier y el obispo de Pamplona, del bando "javierista", lo declaró patrón único. Los "ferministas" se opusieron con fuerza a este nombramiento, argumentando  que su predilecto era mártir y no un simple confesor, que había hecho grandes beneficios al reino -el principal, su conversión-, y que su patronato era más antiguo y de raigambre mucho más popular. De inmediato, pueblos e instituciones tomaron partido en favor de uno u otro bando. 
"Los "javieristas", muy influenciados por los jesuitas, estuvieron sustentados por sus instituciones -Cortes y Diputación-, entre cuyos miembros había exalumnos de la Compañía, en tanto que los "ferministas" fueron apoyados por la ciudad de Pamplona y el cabildo de su catedral, junto a gran parte del clero, bastante receloso con el poder e influencia crecientes de los hijos de san Ignacio", indica Fernández Gracia.
Un "ferminista", cura de San Lorenzo, escribió en 1647 que "San Fermín es hijo y Obispo de Pamplona y mártir, y ha hecho muchos beneficios al reino; y a San Javier, que en nuestro reino no fundó ni predicó la fe convirtiendo a sus naturales, no le puede tocar el ser Patrón de este Reyno, excluyendo a San Fermín que tiene mejor derecho", según recogió el escritor José María Iribarren. Sin embargo, a pesar de estos argumentos, en opinión de Fernández Gracia eran "unos pocos más los "javieristas" que los "ferministas", aunque estaban bastante igualados".
Para resolver la cuestión se acudió al obispo, al rey y, finalmente, al Papa, Alejandro VII, que tomó una decisión que contentó a ambos bandos: declaró a san Fermín y a san Francisco Javier "aeque patroni" principales del Reino, si bien con ciertas preeminencias para el de Amiens por su condición de mártir. La noticia llegó a Pamplona justo cuando habían acabado las fiestas de San Fermín y se organizaron unas nuevas fiestas, siete días más de toros, danzas, comedias...
LA CONCORDIA, EN UNA IMAGEN
Un lienzo conservado en el Ayuntamiento de Pamplona, obra de Juan Andrés Armendáriz y datado en 1657, en el que aparecen ambos santos y una larga inscripción, supuso la plasmación de la paz entre los bandos. Además, Juan José Martinena recogió en un artículo de Diario de Navarra que "la Diputación del Reino, partidaria de Javier, suscribió una concordia con el Ayuntamiento de Pamplona, que defendía el patronato de San Fermín, por la cual ambas partes se obligaban a honrar en determinados días al santo de la parte contraria". La Diputación eligió para celebrar al San Fermín el día de las Reliquias, el tercer domingo de enero, y así lo vino haciendo año tras año hasta 1836.

Javieristas:
Tudela (deán, cabildo colegial, todas las parroquias y la cofradía de San Dionís), Viana (ciudad y cabildo eclesiástico), Cascante (ciudad y cabildo eclesiástico), Tafalla (ciudad y cabildo eclesiástico), Corella (ciudad y cabildo eclesiástico), Olite, que después de dar poder lo revocó, Puente la Reina (villa), Sangüesa (ciudad y cabildo eclesiástico), Aibar (villa y cabildo eclesiástico), Cáseda (villa y cabildo eclesiástico), Villafranca (villa y cabildo eclesiástico), Valtierra (villa y cabildo eclesiástico), Arguedas (villa y cabildo eclesiástico), Zúñiga (localidad y cabildo eclesiástico), Cintruénigo (villa), Monteagudo (villa), Buñuel (villa), Ablitas (villa), Barillas (villa), Fontellas (villa), Fustiñana (villa), Cortes (villa), Rocaforte (villa), Murchante (lugar), Mendigorría (cabildo eclesiástico), San Martín de Unx (cabildo ecliesiástico).
Ferministas:
Pamplona, Olite, Miranda, Mendigorría, Artajona y Burlada, la colegiata de Roncesvalles, el monasterio de Fitero —que varió su primer apoyo a Javier— y la catedral de Pamplona.
Neutrales:
Monreal, Estella, Lumbier, Aoiz, Espronceda, Santesteban, Aguilar y los monasterios de Irache, Marcilla y Leire.

- Relación publicada por Ricardo Fernandez Gracia en Diario de Navarra.

Dos imágenes de San Fermín, fuente de otra guerra de bandos

Un artículo publicado por Jesús Arraiza recoge otra anécdota en la que la población navarra se dividió "en dos bandos irreconciliables" a cuenta de un asunto de índole religiosa. 
"Hace dos siglos hubo lucha en Pamplona por causa de dos imágenes de San Fermín: la de la Catedral, que es un busto, de plata repujada, y la de la parroquia de San Lorenzo, también de medio cuerpo, que es la que hoy se venera y se saca en la Procesión. La ciudad se dividió en dos bandos irreconciliables. Los parroquianos de una y otra iglesia tomaron partido por sus respectivos santos, y los mozos estuvieron a punto de llegar a las manos. Mientras los unos gritaban: "iViva el San Fermín de la Catedral!". Los otros vociferaban por las calles:  "¡Viva el San Fermín de San Lorenzo!". En la lucha salió vencedor este último", dice el artículo.
Imagen de San Fermín en la iglesia de San Lorenzo
Imagen de San Fermín en la iglesia de San LorenzoJesús Caso
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