Implicación

El ejemplo de Víctor Muñoz

El rojillo, lesionado y con el futuro en el aire, sorprendió con su implicación

Víctor Muñoz
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Víctor Muñoz, con la tablet en el palco de GetafeSILVIA TAMARAL
Víctor Muñoz

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Borja Bernarte

Publicado el 25/05/2026 a las 05:00

En el palco presidencial del Coliseum, alejado de los máximos mandatarios del Getafe y Osasuna, siguieron el partido Iker Muñoz y Víctor Muñoz. El navarro, sancionado, y el extremo, lesionado, no pudieron ayudar a su equipo en la agónica última jornada del campeonato. La unión de ambos fue el único consuelo a la hora de vivir una tarde no apta para cardíacos. 

Iker Muñoz, con la templanza que le caracteriza, se evadió con los auriculares inalámbricos mientras fue revisando el teléfono móvil de vez en cuando. El 0-1 del Elche en Girona pronto lo compartió con el resto de la expedición rojilla. Entre los más cercanos a su posición estaban la cúpula de la dirección deportiva, Braulio y Cata, además del director general, Fran Canal. Tímidos gestos de alegría, pero quedaba mucha tarde por delante.

En el asiento de detrás se situó Víctor Muñoz. Forzó para jugar ante el Espanyol en El Sadar y sus molestias físicas le impidieron estar en Getafe. Aun así, el extremo de Osasuna se mostró muy involucrado con la delicada situación deportiva del club. El viernes siguió desde el banquillo la última sesión de entrenamiento y la oleada de osasunismo que recibió la plantilla antes de la batalla final.

En la jornada del sábado volvió a demostrar, con hechos, su total implicación con la entidad navarra dejando a un lado un horizonte lleno de dudas que se deberán resolver este verano. La primera de ellas su presencia o no en el Mundial. Este lunes conocerá si forma parte de la lista definitiva de Luis de la Fuente. De forma paralela su futuro deportivo donde el Real Madrid lo puede repescar hasta finales de julio por una cantidad cercana a los ocho millones. Mientras tanto en Osasuna suspiran por su continuidad, aunque son conocedores del escaparate que tiene.

El protagonista, a pesar de la situación, sufrió como un aficionado rojillo más en el Coliseum. Del teléfono móvil pasó a la tablet para sintonizar el Girona-Elche. Tras el 1-0 en Getafe, el futuro de Osasuna pasaba por Montilivi. El protocolo formal que se le atribuye a un palco presidencial quedó a un lado para dejar una de las imágenes de la jornada: nervios, tensión, temblores. Los minutos fueron pasando lentamente. Manos en el rostro. Quemaba la silla. Seis minutos de tiempo extra en Madrid. Siete en Girona. El pitido final provocó el éxtasis del Coliseum, pero quedaba otro partido por jugarse. El más importante. Saltos de alegría en el palco y abrazos al presidente local Ángel Torres. Final también en Montilivi. Alegría compartida y suspiros de liberación.

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