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Historias Familiares

Una historia muy familiar y más que reciente

Era una buena ocasión para que conocieran una de las historias con las que hemos convivido sus padres y, más tiempo aún, sus abuelos: la del terrorismo de ETA

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  • Sonsoles Echavarren
Actualizado el 17/01/2022 a las 08:31
¿No decían que aprovecháramos el confinamiento para pasar más tiempo en familia y disfrutáramos de acciones que nos hicieran felices? Pues eso hicimos. O, al menos, lo intentamos. Lo de disfrutar es un decir porque más de una semana todos encerrados bajo el mismo techo da para mucho. Para reír, para llorar y, sobre todo, para discutir porque nadie quiere poner el lavavajillas ni mucho menos pasar el aspirador. ¡Faltaría más! Pero me propuse ver alguna película y serie todos juntos (lo que no resulta tan sencillo porque las preferencias son dispares) y, hete aquí, que nos tiramos en el sofá delante de los capítulos de ‘Patria’, la serie de HBO que aborda la trama de la novela homónima de Fernando Aramburu. Al principio, lo confieso, no tuvimos muy claro que fuera apropiada para los niños (y adolescentes). Pero, finalmente, decidimos que sí. Que era una buena ocasión para que conocieran una de las historias más familiares y recientes con las que hemos convivido sus padres y, más tiempo aún, sus abuelos: la del terrorismo de ETA. Resultó un experimento fantástico. Porque no tenían apenas idea de todo lo que había ocurrido aquí. Al lado. A la vuelta de la esquina. Y pudimos explicarles, mientras preguntaban por qué Joxe Mari se convirtió en etarra y mató (o no) al ‘Txato’, el amigo de su padre de toda la vida, cómo vivimos durante décadas una realidad que nos parecía normal. Cómo nos tocó informar sobre los atentados con tiros en la nuca o coches bomba y cubrir las manifestaciones de protesta. Un día sí y otro, también. Casi, casi como una triste cotidianidad en nuestro trabajo. Me alegré de que se enteraran de nuestra historia casi actual y de que no engrosaran así el porcentaje de adolescentes navarros que nunca han oído hablar de ETA. De hecho, son más de la mitad, según los datos que se desprende del estudio con 28.355 alumnos de ESO (12-16 años) que impulsó el Gobierno foral hace unos meses. Increíble.
Me gustó que mis hijos conocieran a las familias de Bittori y de Miren. A sus maridos, el ‘Txato’ y Joxean. Y a sus hijos: Joxe Mari, Gorka, Arantxa, Nerea y Xabier. Dos familias normales y corrientes. Como puede ser la nuestra o la de cualquiera de nuestros amigos. Padres e hijos que van a las casas de los otros y se quedan a cenar si se hace tarde, que comparten juegos, meriendas de chocolate con churros en una cafetería, partidas de mus en el bar y hasta confidencias sobre el sexo en pareja. Vamos, lo habitual. Hasta que esas familias tan amigas se dejan de hablar porque el terrorismo de ETA se cuela en sus vidas como una corriente de aire traicionera. Con los adjetivos de ‘chivato’ y ‘opresor’ en un caso. Con los de ‘terrorista’ y ‘asesino’, en el otro. Pero mientras, la vida va siguiendo. En la cola de la carnicería (donde a algunos les retiraban el saludo y les negaban cuarto y mitad de picadillo o una txistorra porque creían que el marido de la clienta había delatado al hijo de la charcutera ante la Guardia Civil). En las fábricas. En los bares. Y en la sacristía de la iglesia, junto a las imágenes de San Ignacio de Loyola o del Sagrado Corazón. Bien es cierto que ni Bittori ni Miren, las antagonistas de la serie y la trama, nunca existieron. Pero representan a mujeres reales, que vivieron situaciones análogas. A la viuda de un empresario asesinado por no pagar el impuesto revolucionario. A la madre de un etarra, cegada por el odio y amor incondicional a su hijo. Mientras rezan o fríen unas croquetas.
¿Pero por qué no les hablaban a los familiares si no habían hecho nada? ¿No les daban pena?”, se sorprende mi hijo mediano. “¿Qué es eso de los GAL?”, inquiere el mayor. “Yo no me entero de por qué ese quema un autobús”, se desespera el pequeño. Sonrío y doy gracias de que las ‘bombas lapa’, los comandos, los ‘cócteles Molotov’ o la ‘kale borroka’ engrosen un vocabulario ajeno. O de que la notas amenazadoras en buzones o mirar bajo el coche con un espejo casero aparezcan en la pantalla de la tele igual que los zombies de otras series de ciencia ficción de este confinamiento.
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