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Fotografía

Los fotógrafos que retrataron la Pamplona del siglo XIX

Los estudios fotográficos llegaron a Pamplona en los años 60 del siglo XIX. Instalados en la zona de Santo Domingo y la Plaza del Castillo, cuatro fotógrafos retrataron a gran parte de la sociedad burguesa, intelectual y política de la ciudad

Ampliar Primer estudio fotográfico en Pamplona, abierto en 1861 en la huerta de Santo Domingo
Primer estudio fotográfico en Pamplona, abierto en 1861 en la huerta de Santo Domingocolección arazuri
Publicado el 04/01/2022 a las 06:00
Los retratos de familia, aquellos que identificaban una posición social o los que evocaban recuerdos de la infancia y juventud siempre han formado parte de la crónica social de Pamplona. Esos retratos primero eran pinturas al óleo, después daguerrotipos, todo ello con un coste elevado, hasta que en los años 60 del siglo XIX, la fotografía se hizo accesible al público medio burgués, político e intelectual para quien retratarse era una necesidad social.
Pamplona no fue una excepción a la llegada de la fotografía en papel siguiendo la técnica del colodión y la albúmina. Tampoco fue ajena al interés de los ciudadanos que pronto comenzaron a frecuentar los primeros estudios de fotografía que se instalaron en la ciudad y participaron en su crónica social. Así se desprende de dos artículos publicados en la revista Príncipe de Viana de la historiadora María Jesús García Camón, que fecha en 1861 el primer estudio fotográfico asentado en Pamplona al frente del cual estuvieron Leandro Desages y Domingo Dublán. Cinco años más tarde, en 1866, la ciudad contó con un segundo estudio de fotografía regentado por Anselmo Coyné y Valentín Marín. “Los cuatro fotógrafos eran muy diferentes, pero se asentaron en su oficio durante años. Había movimiento, todo el mundo quería retratarse, por lo que también vivieron una gran competencia entre ambos estudios”, explica María Jesús García.
El guerrillero carlista Ezequiel Llorente, retrato de Leandro y Dublán
El guerrillero carlista Ezequiel Llorente, retrato de Leandro y Dublánmuseo del ejército
Una investigación que ha durado cuatro años le ha permitido a la autora determinar que Leandro y Cía es el establecimiento fotográfico estable más antiguo de Pamplona. Leandro Desages era francés y fue el primero en llegar a Pamplona entre varios fotógrafos foráneos que luego se marcharon a otras ciudades. “Al principio la fotografía era tan novedosa que los itinerantes, que así se llamaban, empezaron a moverse por muchas ciudades. Pero Leandro Desages se quedó y fue bastante respetado desde el principio”, indica la autora.
VEINTE AÑOS DE UNIÓN
Su estancia en la ciudad le permitió conocer a Domingo Dublán, hijo de franceses, que no tenía nada que ver con la fotografía pero que pronto conectó con Desages, hasta el punto de iniciar una asociación que se prolongó durante 20 años en el estudio de fotografía que instalaron en la huerta de Santo Domingo o huerta de Dublán, muy próximo a los Baños de Palacio, pero en distinta parcela, en lo que hoy es el parking del Departamento de Educación.
Los dos socios eran personas muy diferentes. Leandro Desages era un retratista llegado desde Francia, mientras que Domingo Dublán pasó por distintos trabajos antes de dedicarse a la fotografía, oficio que desconocía y que aprendió de la mano de su socio. Dublán trabajó como ayudante en un comercio, continuó en el negocio familiar de curtidores para terminar trabajando en los Baños de Palacio que gestionaban sus padres. Y fue Leandro Desages quien le enseñó la técnica fotográfica y puso a disposición de ambos las cámaras y otros elementos necesarios para realizar fotografías. “Dublán fue cambiando de profesión según las circunstancias y cuando conoció el oficio de fotógrafo, le pareció interesante y que tenía más prestigio. Además, sus conocimientos químicos por ser tintorero también le ayudaron”.
Estudio en la Plaza del Castillo, abierto en 1866 por Anselmo Coyné y Valentín Marín
Estudio en la Plaza del Castillo, abierto en 1866 por Anselmo Coyné y Valentín Marín
Cinco años fue el tiempo que permanecieron como único estudio fotográfico en Pamplona hasta que apareció un nuevo espacio en la plaza de la Constitución o actual Plaza del Castillo. Dicho estudio, que pasó por varias etapas y nombres, como Fotografía Pamplonesa o Coyné y Cía, estaba formado por Anselmo Coyné y Valentín Marín, dos fotógrafos pamploneses que también trabajaron la técnica del colodión y la albúmina. ”Ambos reivindicaban el carácter artístico de la fotografía, pues así se vendía mejor los encargos”.
SUS FOTOGRAFÍAS
Además de la competencia con la que que tuvieron que convivir ambos estudios, la irrupción de la fotografía generó que los artistas, quienes hasta ese momento ganaban dinero con los retratos al óleo, vieran peligrar su trabajo con la nueva técnica. María Jesús García señala que muchos pintores “vieron que se les iba al traste el negocio”, lo que generó que los artistas llamaran a la fotografía “oficio sin alma ni intención” para desprestigiar este nuevo oficio. “Los pintores cobraban 700 francos por un óleo en miniatura, el daguerrotipo costaba 100 francos y llegó la fotografía que por 5 ó 10 francos ofrecía la imagen. Además, ser fotógrafo era algo nuevo que prometía beneficios”.
La consolidación de ambos estudios fotográficos pasó por diferentes momentos en los que, sin llegar a peligrar su funcionamiento, los fotógrafos tuvieron que tomar decisiones. En el caso de Leandro Desages y Domingo Dublán, el pago de sucesivos préstamos por parte de Dublán y la expropiación del terreno donde se ubicaba el estudio por el Ejército marcaron distintas etapas. La orden de expropiación del terreno llegó desde Madrid en 1874, alegando que el Ejército necesitaba esa parcela para mejorar las condiciones del hospital que estaba en construcción, lo que supuso un proceso judicial que duró de 1875 a 1881. Tras varias propuestas de indemnización rechazadas por Dublán, finalmente acepta una cantidad de 18.345,70 reales. Una expropiación que supuso el fin de su actividad como fotógrafo para dedicarse a otros trabajos.
La mayor parte de la producción de ambos estudios fotográficos está formada por retratos en “carte de visite”, un formato similar al de las tarjetas de visita. Estas fotografías de pequeño tamaño permitían realizar varias copias simultáneas para poder conservar y repartir entre familiares y amigos la imagen del personaje retratado, además de que también permitió abaratar costes y hacer más accesible las fotografías a distintas clases sociales. “Todo el mundo quería ser como los nobles que tenían su imagen, pero querían pagarlo a precios asequibles. Y eso se conseguía mediante este tipo de fotografía sobre papel con negativo de cristal”
SOCIEDAD RETRATADA 
El estudio de Leandro y Cía realizó, al menos, 10.0000 retratos de personajes de la clase alta y media navarra y pamplonesa. Unos retratos que eran de cuerpo entero, de busto, con el borde difuminado para proporcionar un aspecto más artístico, pero siempre reflejando en primer plano la personalidad del retratado. Además, fue un estudio que contó con numerosos encargos oficiales , como la fotografía de la Virgen del Puy, el Salón del Trono de la Diputación o las imágenes que se tomaron de Francisco de Asís, rey consorte de Isabel II, cuando en el verano de 1864 permaneció unos días en los Baños de Fitero. “Tuvieron mucho prestigio, incluso Leandro Desages fue nombrado fotógrafo de la Casa Real, lo que tenía un prestigio tremendo”.
Uno de los retratos de la época realizado en el estudio de Coyné y Marín
Uno de los retratos de la época realizado en el estudio de Coyné y Maríncolección soria
Por su parte, el estudio Fotografía Pamplonesa, de Coyné y Marín, realizó miles de retratos de personajes, conocidos y anónimos, de la burguesía pamplonesa que posaban de pie, sentados, de forma individual, por parejas o en grupo. También surgieron de dicho estudio fotografías de retratos de difuntos, como la de un anciano aparentemente dormido, perteneciente al Museo de Navarra, así como retratos de niños disfrazados: uno de escocés, en el Archivo Municipal de Pamplona; otro con un sombrero, en el Museo de Navarra, además de un tercer niño vestido de mosquetero y que se conserva en una colección particular. “Este estudio fue muy frecuentado por la alta burguesía intelectual y política del momento, tal vez porque la Plaza del Castillo estaba desplazando como centro neurálgico de la ciudad a la zona eclesiástico-militar que habría sido el origen de la primera clientela de Leandro Desages y Domingo Dublán”.
Unos cliente u otros, las fotografías de ambos estudios reflejan la sociedad navarra y pamplonesa de la época. “Se realizaron interesantes retratos, con personajes llenos de vida, que representan el devenir de la historia local y reflejan el pulso de la ciudad. Estas fotografías de retrato eran un signo de prestigio, la gente tenía ese deseo de gustar, que se les viera respetables”.

María Jesús García Camón, historiadora: “La investigación es una manera de rescatar la historia”

María Jesús García
María Jesús Garcíabuxens
Toda una vida dedicada a la docencia le apartó de una de sus pasiones, la investigación. Licenciada en Historia del Arte en la Universidad de Zaragoza en 1981, la aragonesa María Jesús García Camón aprovechó la jubilación para adentrarse en la historia de los primeros estudios de fotografía estables que se asentaron en Pamplona.
¿Qué ha supuesto el reencuentro con la investigación?
Mis años como profesora en las escuelas de arte de Ávila, Corella y Pamplona fueron magníficas, pero siempre me gustó la investigación. Lo que ocurre que de eso no iba a poder comer, así que tuve que abandonarla. Pero el reencuentro ha sido positivo, me he sentido cómoda y disfrutando. Me sentía como una principiante, ha sido todo un reto personal.
¿Por qué le interesó adentrarse en la fotografía?
Mientras daba clases de historia de la fotografía me di cuenta que había muchas lagunas sobre determinadas épocas. Se había estudiado poco. Después de más de 30 años, quise investigar un poco. Comencé por Miguel Sanz y Benito, pintor, que fue profesor de dibujo y también daguerrotipista. Intenté rescatar esa faceta, pero apenas había información. Consultando los padrones municipales, me empezaron a salir nombres de otros fotógrafos.
Nombres, búsquedas, fechas. ¿Ha sido fácil el acceso a toda la documentación?
Empecé preguntando aquí y allá y lo cierto es que la gente se ha portado de maravilla conmigo. Tanto en el Archivo Municipal de Pamplona, como en el Archivo General de Navarra, en el Archivo Administrativo y otras instituciones, me han ayudado mucho. Lo mismo ha ocurrido con el Ejército, que me ha facilitado todo lo que he solicitado. Y no me puedo olvidar de coleccionistas privados de Pamplona, San Sebastián, Santander, Zaragoza que se mostraron entusiasmados con lo que estaba haciendo.
Han sido cuatro años de trabajo, entre investigación y escritura. ¿Ha quedado satisfecha con lo que ha descubierto?
He conseguido hacer una imagen mucho más clara de lo que había en Pamplona entre 1860 y 1880. A partir de los 80 está bastante más estudiado. Antes, había un vacío, se nombraba y datos sueltos, pero habia datos muy contradictorios. He llegado a conocer a los fotógrafos mucho más, casi en su parcela personal. Existen datos que no he publicado, no he querido hacerlo referentes a matrimonios, consentimientos para casarse, hijos, segundos matrimonios, etc. No quería hacer crónica rosa de los protagonistas.
Sin conocer a ninguno de los fotógrafos de aquella época, ¿como llegó hasta ellos?
Conforme vas buscando unos datos te van saliendo otros y soy un poco barredera, que todo lo guardo y todo me sirve. En estas búsquedas, el trabajo es intenso y diverso. Por ejemplo, si vas a revisar protocolos notariales hay que manejar los índices y cuando ves el apellido, hay que anotarlo, buscar si es lo que piensas, registrarlo y pedir la documentación. Un testamento o un inventario pueden tener 40 folios.
Dos amplios artículos están publicados en la revista Príncipe de Viana. ¿Qué le animó a hacerlo?
Me parece que estos trabajos son una forma de rescatar la historia y me animaron a hacerlo. Al principio me sentí un poco insegura, pero te pones a trabajar y sentí la confianza que las personas de los distintos archivos mostraron por mi trabajo. Cuando los revisaron y decidieron que eran publicables, me sentí con más fuerza y ahora a punto de entregar otro estudio sobre los desparecidos retablos de Garralda, entre el siglo XVIII y XIX. 
¿Ha dado por concluido su estudio sobre los estudios fotográficos?
Nunca se puede dar algo por cerrado. Hay veces que los coleccionistas ponen en movimiento y venden material y hay que estar siempre atenta. Por ejemplo, una fotografía de la corporación municipal de Coyné y Marín apareció cuando ya había publicado el artículo. Y me encantaría encontrar las fotografías del marido de Isabel II en los baños de Fitero. Tengo el encargo que hicieron, el envío al Palacio Real, el agradecimiento, pero me faltan las imágenes.
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