Historia y linajes
Los Rada, en el esplendor del siglo XIII (2)
Rodrigo Ximénez de Rada fue sin duda uno los miembros más destacados del linaje. Fue obispo de Osma y de Toledo, primado de España, legado pontificio, consejero real y canciller de Castilla


Publicado el 31/12/2021 a las 06:00
Uno de los miembros más destacados del linaje de los Rada es sin duda Rodrigo Ximénez de Rada, una figura en cuyo recuerdo se bautizó el instituto masculino que durante mucho tiempo estuvo emplazado en la plaza de la Cruz de Pamplona, junto al Príncipe de Viana, donde estudiaban las chicas. Muchos alumnos se han formado en la capital navarra en sus aulas, en un centro educativo que, hoy en día, ya unificado y mixto, se conoce como Instituto de la plaza de la Cruz.
Rodrigo nació hacia 1170. María Dolores Quiroga, en su trabajo titulado Filiación genealogía y curiosos pormenores de la Casa de Rada destaca un estudio de Porreño titulado Historia de los Arzobispos, en el que se dice que nació en Puente la Rada. Esto ha dado origen a una controversia sobre si el lugar de su nacimiento fue Puente la Reina o Rada, inclinándose más los historiadores por esta segunda posibilidad. Fueron sus padres Jimeno Pérez de Rada y la noble castellana Eva Finojosa. Aunque se desconoce cómo fue su infancia, no hay duda de que la posición de su familia le permitió frecuentar la corte y conocer a casi todos los hombres destacados en los diversos ámbitos culturales y políticos de su época. Dos figuras pudieron influir notablemente en sus primeros años de formación. Uno es el obispo de Pamplona, Pedro de Artajona, un hombre instruido que había estudiado en París. El otro es su tío Martín de Finojosa.
Cursó sus estudios de Filosofía, Derecho eclesiástico y Teología en las universidades de Bolonia y París, y desarrolló toda su carrera eclesiástica en el reino de su madre. Rodrigo fue ante todo un hombre de letras; un intelectual y políglota que escribió obras importantes como De Rebus Hispaniae, también conocida como Historia Gótica o Crónica de los hechos de España. Fue este un encargo de Fernando III que acabó en 1243. Hablaba vascuence, romance navarro, latín, griego, hebreo, árabe y francés. A lo largo de su vida recopiló numerosos libros, que le permitieron crear una de las bibliotecas más importantes de su época. Esta biblioteca fue custodiada durante muchos años en el monasterio de Santa María de Huerta.
POLIFACÉTICO
Su experiencia y carácter le llevaron en numerosas ocasiones a ejercer de árbitro en las disputas entre los reinos cristianos. Fue en uno de estos arbitrajes donde llamó la atención de Alfonso VIII, quien, a partir de ese momento, lo quiso tener cerca. Para ello lo propuso como obispo de Osma. Ya en 1210 aparece como obispo de Toledo, ciudad que convirtió en el eje de su vida, haciéndola florecer cultural y económicamente. En 1223 otorgó el Fuero de Alcalá, que protegía el desarrollo de la platería, como complemento del Fuero Viejo del año 1135, otorgado por el obispo Raimundo.
Fue primado de España, legado pontificio, consejero real de Alfonso VIII y de Berenguela y canciller de Castilla durante el reinado de Fernando III (a partir de 1230). Si importante fue para Alfonso VIII; lo fue mucho más para su nieto, Fernando III, por todos los proyectos que alcanzó.
Ya como canciller se entrevistó con Teobaldo I en Tudela. Varios fueron los asuntos tratados en este encuentro. En primer lugar, nos encontramos en vísperas de la marcha de Teobaldo a la Cruzada, por lo que al rey navarro le interesaba dejar atados todos los asuntos concernientes a Navarra antes de partir a Tierra Santa. Como representante de Fernando III, Rodrigo le aseguraría que el rey castellano respetaría su reino mientras marchaba como cruzado y seguramente excusaría la ayuda de su rey, que andaba intentando reconquistar Sevilla. También se pudo tratar otro tema relacionado con Pedro Fernández de Azagra, señor de Albarracín y noble navarro que tenía en custodia las plazas de Castel Abid y Castel Adimuz, que dependían de la diócesis toledana. Como consecuencia de estos pactos, parece que Teobaldo le dio a Rodrigo Arguedas y Cadreita, tierra esta última estrechamente ligada a los Rada, que curiosamente habían perdido en favor de los Vidaurre en tiempos de Jimeno Pérez de Rada.
Aunque de manera indirecta, también desarrolló sus dotes de guerrero. A finales de 1210 recogió el guante lanzado por Inocencio III para preparar una cruzada contra los almohades y se convirtió en uno de los hombres más implicados para captar cruzados y recursos. Se descubrió aquí su talento para avituallar a un gran ejército y avanzó después con las tropas cristianas que salieron al encuentro de Miramamolín, estando presente en la batalla de las Navas de Tolosa. También tomó parte en otras empresas militares como la reconquista de Quesada, Cazorla, Baeza, Jaén o Úbeda.
Viajó en numerosas ocasiones a Roma. Estuvo presente en el concilio de Letrán de 1215 (en el que coincidió, entre otros, con santo Domingo de Guzmán y san Francisco de Asís, y en el que se pudo fraguar el viaje de este último a España para convertir a los almohades) y en el de Lyon, de 1245.
INQUIETO HASTA SU MUERTE
Intervino en varios proyectos arquitectónicos, entre los que se encuentran la construcción de la catedral de Toledo, el templo de Fitero (centro vinculado con su familia paterna y para el que consiguió indulgencias), la colegiata de Talavera de la Reina, o las mejoras llevadas a cabo en el monasterio de Santa María de Huerta.
Tuvo sus pequeños enfrentamientos con el obispo de Tarragona, que llegó a excomulgarlo, y con los racioneros de la catedral de Toledo, pero mantuvo buenas relaciones con diversas órdenes, entre ellas la de los dominicos, a cuyo fundador, santo Domingo, conoció personalmente.
Estando en Roma en 1247 se apresuró a unirse a las tropas de Fernando III, que se dirigían hacia Sevilla. Pero al embarcar para navegar por el Ródano, el barco en el que viajaba tuvo un accidente, a consecuencia del cual murió ahogado. Tal y como había dejado estipulado en su testamento desde 1201, su cuerpo se llevó a Santa María de Huerta para ser enterrado allí. Rodrigo siempre manifestó un especial cariño por este monasterio del que su tío, san Martín de Finojosa, había sido su primer abad. A este cenobio donó algunos señoríos como Bliecos, Boñices (heredad que había pertenecido a su abuela materna, doña Sancha Inestrillas) y tierras como Torada y Alentique (todas ellas correspondientes a su herencia materna). En la actualidad, sitos en la capilla mayor, a ambos lados del retablo mayor, se pueden contemplar las urnas que contienen los restos tanto de Ximénez de Rada como de su tío, san Martín de Finojosa.
En su sepulcro se reflejó una síntesis de lo que había sido su vida: Mater Navarra, Nutrix Castella, Toletum Sedes, Parisius studium, Mors Rodanus, Horta Mausoleum, coelum requies, Nomen Roderious, Bis quater adde tuit, erit constructio plana. -(Fue) nacido en Navarra, (fue) criado en Castilla, (fue) obispo de Toledo, (fue) estudioso en París, (fue) muerto en el Ródano, (fue) sepultado en Horta, (fue) a descansar al cielo, (fue) de nombre Rodrigo, suma fue cuatro veces por dos y la disposición será evidente-. En su honor, un monje de Santa María de Huerta escribió un poema-elogio a su figura. Hilario Yabén, en Sepultura del arzobispo D. Rodrigo cuenta que en el siglo XIX se intentó trasladar sus restos a Toledo: “Descubrióse el cadáver incorrupto y cayeron de rodillas todos los presentes; el presidente de los toledanos incensó el cadáver y rezó el responso”. Dentro de la sepultura se encontró un pergamino con el testamento del arzobispo. Tras leerlo, se zanjó el asunto de su traslado, pues estaba clara la última voluntad de Rodrigo de descansar en ese lugar.
El resurgir de los Rada en Murillo el Fruto
Con el solar de la familia arrasado en 1455, Juan de Rada aparece en escena para pedir a Juan II poder reconstruir su palacio o trasladarlo de lugar. Y este le reconoció como el heredero varón más próximo a Gil y Marquesa Lópiz de Haro, señores de Rada, y se lo permitió en estos términos: “tenemos por vien darle facultad para que mude passe e traslade el dicho su Palacio de Rada a nuestra Villa de Murillo el Fruto”. Y en ese momento esta nueva edificación se convirtió en palacio cabo de Armería del linaje. Partidario agramontés -como lo fueron la mayoría de los Rada-, consiguió estas prebendas gracias a militar en el bando que apoyaba a Juan II frente a su hijo, el Príncipe de Viana. Se casó con Rosa de Sarasa y tuvieron un hijo, de igual nombre que su padre.
A Juan de Rada y Sarasa se debe la elaboración de un retablo para la capilla de San Blas, de la iglesia parroquial de Murillo. De su matrimonio con Margarita Pérez de Gallipienzo nacieron tres hijos: Pedro, Juan y Sebastián. El primogénito, Pedro, instituyó el mayorazgo de Rada y dejó escrito que junto al escudo de los Rada apareciera también el de los Sarasa (mayorazgo cuya propiedad se disputaron en los tribunales Baltasar de Rada y Juan Manuel Morales y Rada en 1682). Como fiel agramontés, Pedro apoyó a Juan de Albret cuando en 1512 inició una campaña para recuperar el trono. Como consecuencia de su participación, fue hecho prisionero por las tropas castellanas. Murió en Tafalla tras ser torturado brutalmente. Su hijo, también de nombre Juan de Rada, fue el que siguió la línea de los Rada, pero murió sin descendencia de su matrimonio con Catalina de Sarria.
Sin embargo, los Rada mantuvieron su presencia en el palacio de Murillo el Fruto hasta el siglo XVII con Bernarda de Rada y Rada Vergara y Yago. Su matrimonio con José Morales y Asiáin en 1673 dio paso a la alteración del apellido en Morales de Rada.
Según indica María Dolores Quiroga, Joaquín Morales de Rada y Averly, nacido en Zaragoza en 1889 “Fué último Señor del Palacio de Cabo de Armería de Rada, y a tenor del fuero viejo, Ricohombre de Navarra, Alcayde perpetuo del castillo de Murillo, IX poseedor del Asiento y Voto hereditario en las Cortes del Reino, vecino forano del Desolado de Rada, mayorazgo de Rada, Morales, Galdiano, Alonso y Monedero”.