Flamenco On Fire

Javier Ruibal, cantautor: “Me siento parte del flamenco, pero no quiero ser un intruso”

El artista gaditano presenta en el Teatro Gayarre ‘Ruibal’, un espectáculo que surge en el confinamiento y que muestra la confluencia de varios estilos musicales a través de unas canciones cargadas de lírica, fábula y humor

El cantautor gaditano Javier Ruibal
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El cantautor gaditano Javier Ruibal
El cantautor gaditano Javier Ruibal

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Cristina Altuna

Publicado el 25/08/2021 a las 06:00

La canción de autor teñida de aires andaluces y flamencos llega de la mano de Javier Ruibal, quien ha hecho de la música y la poesía sus señas de identidad. Desde que en su etapa universitaria decidiera dejar la carrera de Medicina y centrarse en la música, el artista gaditano no ha dejado de subirse al escenario con esas canciones tan personales en las que hay cierta crítica, pero sobre todo hay lírica, fábula y humor. Unos temas que sacan a relucir los comportamientos humanos y que demuestran que la música no sabe de fronteras, pues sus composiciones beben tanto del jazz y el rock como del flamenco y la música sefardí. Así lo muestra en Ruibal, espectáculo en el que actúa junto a sus hijos Javier (batería y percusión) y Lucía Ruibal (baile y taconeo).

Trece canciones compuestas durante el confinamiento centran el espectáculo. ¿La música le hizo más llevadero el encierro?

El confinamiento me pilló solo en casa, estaba conmigo mismo, intentando protegerme del estado de depresión y desconcierto del exterior. Tenía mucho tiempo para desarrollar la capacidad de pensar y hacer una catarsis emocional. He tenido la suerte de que se me encendió la bombilla y he podido sacar cierta rentabilidad a un momento tan extraño y difícil como la pandemia.

Todo ese tiempo que le permitió reorganizar sus propósitos vitales, ¿ha traído consigo canciones diferentes o se mantiene fiel a su estilo?

Soy muy ecléctico, siempre lo he sido. No soy directamente flamenco porque quería permitirme hacer músicas de fusión, músicas de encuentro. Y en este trabajo me he comportado igual, incluso introduzco alguna novedad porque hay una canción que va en tiempo de rock. Me concedí la libertad desde el principio y sigo fiel a mi estilo porque es como entiendo la música. Lo que ocurre es que las temáticas son diferentes según el momento de la vida, también de los problemas y situaciones que vivimos.

En sus canciones hace gala del humor y del lirismo. ¿Ocurre igual en su nuevo trabajo?

Hay un cierto lirismo dentro de la situación de tristeza que estamos viviendo todos. Hay canciones que se refieren a la situación de encierro, también temas divertidos que hablan de la física cuántica y de que el amor también es muy cuántico pues, cuando nos enamoramos, todos somos muy románticos mirando a la luna pero, al final, es una cuestión molecular. Incluso hay una canción que se eleva a lo cósmico. La realidad ya es bastante tozuda, pesada y antipática como para no salirse un poco de madre y creerse Peter Pan.

Si se olvida de la pandemia, ¿a qué le canta Javier Ruibal?

Entre líneas manifiesto mis discrepancias con todos los grandes dolores que el ser humano le provoca al ser humano. Esto es cosa de nosotros, no de las divinidades ni del destino. Somos nosotros los que nos fastidiamos a nosotros mismos. Los temas sociales los trato con cierta distancia para no inducir a los demás a que piensen como yo, cada uno tiene que decidir su camino. Soy partidario de la fábula y me gustan las canciones que te ponen en una situación diferente para que, desde ahí, cada uno imagine o sienta. También canto al amor, me gusta esa ensoñación. Es el hoy nos queremos pero mañana no sabemos. Ni los amores ni las pasiones son eternos, tampoco el ser humano, pues es caducable y sustituible con la mayor de las facilidades.

Se nutre de muchos estilos, pero el flamenco siempre está presente. ¿Por qué?

Soy hijo de la radio y del cine. En casa nos disputabamos el dial. Mi madre ponía algo de copla y flamenco y luego llegabamos nosotros y buscábamos las baladas italianas, la música anglosajona... siempre he sido muy abierto a escuchar todo. La familiaridad con el flamenco era lógica por la radio local y por mi madre. Luego aparecieron Paco de Lucía y Camarón y fue un espaldarazo que nos influyó a todos los músicos andaluces. Hasta el punto de que apareció el rock andaluz y los cantautores aflamencados, como es mi caso. Soy hijo de esa generación. En mis tonos siempre hay influencias del flamenco, pero no me limito a ello.

¿Por qué?

Siempre he intentado guardar un campo de acción libre y abierto para poder hacer lo que me apetezca y no verme limitado. No porque el flamenco sea limitado, sino porque hay que hacerlo muy bien y ello requiero mucho esfuerzo, dedicación y ensayo. Vocacionalmente me siento parte del flamenco, soy un gran aficionado, pero no quiero ser un intruso. Los maestros de este arte son otros.

¿Considera el flamenco un género musical o una cultura?

Siempre ha sido una música de crianza. Estabas en una familia donde el flamenco se practicaba, porque había alguien que tocaba, cantaba o bailaba, o eras de un barrio de influencia flamenca. No ha sido mi caso, pero debo tener una oreja muy grande y pillo muchos sonidos que me provocan entusiasmo. En nuestros tiempos, había que ir persiguiendo al tipo que tocaba o sentarte en la escalera de tu casa porque bajaba un vecino a tocar la guitarra. Así he crecido y no tengo ningún drama, al contrario, la calle me parece una gran universidad.

Iba para médico, pero la música se impuso. ¿Qué le llevó a tomar esa decisión?

Siempre tuve el pálpito de que la música me interesaba, pero seguía con mi plan de estudios. Cursé hasta la mitad de la carrera de Medicina y es cuando lo pensé. Me vi con la bata blanca y la guitarra en una mano y pensé: esto no es serio, me dedico a una cosa u otra. Así que la humanidad ha ganado en salud cuando abandoné Medicina, pero espero que haya mejorado la salud espiritual con lo que hayan aportado mis canciones.

Son cuarenta años de profesión. ¿Cuesta mantenerse ahí?

A todo el mundo le gusta tener un público mayoritario y sentir el espaldarazo, pero con el tiempo te das cuenta de que compites contigo mismo. No estás emulando la hazaña de otro, sino que estás intentando ser mejor que el que fuiste en la ultima cancion que compusiste. Todo es cuestión de aprendizaje y de evolución, pero cargado de esperanza. Este es un oficio espléndido y muy generoso.

Canciones en el confinamiento y ahora de gira con sus hijos. ¿Le ha cambiado la pandemia?

Con el espectáculo rendimos homenaje a esos artistas que se dejaban la piel y el alma yendo de pueblo en pueblo para hacer teatro o música. Ahora estamos en un momento de derrota moral para muchas personas del oficio y se sufre mucho viendo a compañeros que tienen una familia y que por falta de regulación no han tenido unas ayudas a tiempo y en condiciones. A nivel personal, estar juntos en el escenario nos está devolviendo a la verdad de las cosas. El cariño y el amor está por encima de cualquier otra estrategia. Podernos sanear y curarnos juntos es mucho mejor que estar separados.

¿Qué lectura vamos a sacar de esta crisis sanitaria?

Nos ha puesto en nuestro sitio y nos ha demostrado que somos vulnerables. Soy hijo de mi especie, voy conociendo más nuestra genética y mucho me temo que vamos a volver al egoismo. En el confinamiento pasamos de los aplausos a las caceroladas y fue vergonzoso. Pero sigo creyendo que hay un buen puñado de seres humanos que harán otra lectura y habrá un poquito más de consideración, solidaridad, compasión. Nunca pierdo la esperanza, igual soy un optimista enfermizo.

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