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Exposición

Amutxate (sierra de Aralar), el último refugio del oso cavernario

Hace 50.000 años, los osos de las cavernas hibernaron en la cueva de Amutxate, en la sierra de Aralar. Una excavación sacó miles de restos de más de 200 ejemplares. El Planetario reúne en una exposición los huesos fosilizados de estos animales y de otros también extinguidos, como el rinoceronte lanudo

Amutxate (sierra de Aralar), el último refugio del oso cavernario
    Actualizado el 18/06/2021 a las 21:58
    Una impactante réplica a tamaño natural de un oso cavernario, que alcanza los tres metros de alto en posición erguida, da la bienvenida a la exposición Spelaeus. Navarra hace 50.000 años. La muestra, inaugurada este viernes en el Planetario de Pamplona, recorre la historia del oso de las cavernas, su devenir y su relación con el ser humano hasta su extinción, a través de una colección de restos paleontológicos que jamás habían estado expuestos al público.
    La muestra, que se podrá visitar hasta el 25 de septiembre, se enmarca en la celebración de las Jornadas Europeas de Arqueología, a las que Navarra se ha sumado por primera vez con un programa de conferencias, proyecciones y una mesa redonda que se están desarrollando en el Planetario.
    “Estas Jornadas son un recurso extraordinario para ayudar a que la ciudadanía descubra los tesoros de nuestro patrimonio”, valoró la consejera de Cultura, Rebeca Esnaola, durante la inauguración de Spelaeus.
    El programa de las Jornadas se centra en la paleontología, la ciencia que estudia el pasado de la Tierra a través de restos fósiles. En esta primera edición, el foco está puesto en animales prehistóricos como los osos de las cavernas, los rinocerontes lanudos, los mamuts o los macacos.
    Los restos fosilizados que ahora se exponen en el Planetario fueron hallados en la cueva de Amutxate, un yacimiento de osos de las cavernas único en Navarra y uno de los más importantes de la Península Ibérica. Situada en la Sierra de Aralar, la cueva se convirtió en una cápsula del tiempo. En concreto, ha proporcionado más de 15.000 restos de oso cavernario (Ursus spelaeus), pertenecientes a más de 203 ejemplares.
    Con una cronología que abarca entre hace 40.000 y 85.000 años antes del presente, Amutxate ofrece una ventana a un pasado en el que las cuevas servían a estos animales de refugio para hibernar. La mayor parte de los hallazgos de Amutxate son osos de las cavernas que murieron en la cueva durante la hibernación.
    Aunque el oso cavernario es la estrella de la exposición, Spelaeus también incluye restos fósiles de otros animales ya extinguidos, como el rinoceronte lanudo o el mamut. El principal tesoro de Amutxate es el esqueleto completo de un oso adulto. También destacan tres cráneos de medio metro de longitud, así como mandíbulas, fémures y dientes.
    El yacimiento de Amutxate fue descubierto en 1995 por el Grupo de Espeleología Satorrak de Pamplona. La excavación fue dirigida por Trinidad de Torres, comisario de la exposición junto a Asier Gómez, investigador de la Universidad del País Vasco, y Arturo Hermoso de Mendoza, espeleólogo y educador ambiental.
    Máximo especialista en España en el oso de las cavernas, para Trinidad de Torres esta muestra supone la “culminación de un sueño”. El paleontólogo quiso reconocer especialmente la labor de los espeleólogos, “esa especie de humanos enloquecidos a los que les encanta un ambiente de esa hostilidad y dureza como son las cuevas, y gracias a los cuales se han realizado los grandes descubrimientos paleontológicos”. De hecho, el título de la exposición une el nombre científico de la especie (ursus spelaeus) con el término espeleología.
    Según detalló Trinidad de Torres, del yacimiento de Amutxate también sacaron más de 1.000 dientes de leche: “Morían muchos osos recién nacidos, pero la mitad de los dientes de leche ya están desgastados. Es decir, el osezno salió de la cueva, se alimentó en el exterior, se le desgastaron los dientes y los mudó dentro de la cueva”, explicó. “El oso tiene una estructura dentaria muy parecida a la del hombre”, apuntó.
    EL ESQUELETO, A EXAMEN
    Trinidad de Torres explicó los detalles que se pueden apreciar en el espectacular esqueleto de oso, que él vio por primera vez en la cueva de Amutxate: “En este caso, el cráneo estaba roto. La columna vertebral salió ordenadita, pero después de su muerte había sufrido algo, porque se había empezado a deslizar ladera abajo una vez producida la primera putrefacción. Esto no estaba tan bonito, estaba bastante retorcido”, señaló refiriéndose a los huesos expuestos. Según precisó Torres, el cuerpo del oso también fue ‘visitado’ por las hienas: “No aparecieron los huesos de las zarpas. En la actualidad, los cazadores de osos en América del Norte estiman que las zarpas de los osos son una ‘delicatessen”, comentó.
    Torres explicó que los huesos del esqueleto denotan que el animal padecía probablemente “displasia ósea”, ya que los extremos de los huesos no están soldados: “Aunque era un ejemplar adulto, no tenía los huesos totalmente formados. A lo mejor tiene que ver con una disfunción renal”.
    En cuanto a las dimensiones del animal, Torres señaló que su cráneo se corresponde con el de un gran oso polar: “Un macho pesa 800 kilos”, detalló. Paradójicamente, el oso cavernario tenía dientes de carnívoro pero no comía mucha carne: “Prácticamente se alimentaba de frutas, hierbas y raíces”, enumeró.
    Se sabe que los osos y los humanos han sido compañeros de viaje desde hace, al menos, 1,8 millones de años. Con la llegada del Homo sapiens a Europa, empezaron a aparecer representaciones de osos en el arte rupestre y también se apreciaron evidencias de caza de estos animales.
    La relación entre el hombre y el oso es uno de los aspectos en los que también ahonda la exposición. Según explicó Arturo Hemoso de Mendoza, “hemos pasado de la veneración y el culto hacia los úrsidos (osos) a tenerlos enjaulados con un catéter introducido en su organismo para sacar de ellos fluidos corporales”, señaló refiriéndose a las granjas de extracción de bilis. Esta espeluznante práctica tiene lugar en países como China, donde la medicina tradicional atribuye propiedades curativas a la bilis de oso.
    Hermoso de Mendoza recordó que el oso es un elemento importante en nuestra mitología: “Por ejemplo, los osos están muy presentes en muchísimos escudos, ya que representan el valor, la fuerza, el coraje...”, enumeró.
    “Navarra es una tierra de osos”, aseguró Asier Gómez, investigador de la UPV. “Hemos encontrado cuatro especies distintas de osos: además del oso de las cavernas, se han hallado restos de su antecesor, el oso de Deninger; así como del oso pardo y el oso negro tibetano. No sólo se han encontrado huesos, dientes o mandíbulas, sino también fósiles de su actividad: huellas, zarpazos, yacijas de hibernación... Todo eso también son fósiles que nos dan información sobre la vida de estos animales”.
    Además, la exposición muestra también restos paleontológicos de otros cuatro yacimientos navarros: la Sima de Eulatz (Sierra de Aralar), la Cueva de Koskobilo (Olazti/Olazagutia), la Sima de Mainea (Larraun) y la Cueva de Leguin (Etxauri); así como herramientas líticas neandertales procedentes de la Cueva de Abauntz (Ultzama), y fósiles mesozoicos de los fondos de Arqueología de la Dirección General de Cultura-Institución Príncipe de Viana.
    La exposición cuenta con un audiovisual sobre la intervención y los trabajos en la cueva de Amutxate y un photocall donde los visitantes pueden posar con la recreación a tamaño natural del oso cavernario.
    VISITAS
    La exposición permanecerá abierta hasta el 25 de septiembre a excepción del 1 al 18 de julio, días en los que el Planetario de Pamplona cierra por vacaciones. La entrada es libre y gratuita, en el horario de la ubicación expositiva. Cuenta también con un plan de visitas en familia programadas para el 26 de junio, el 31 de julio, el 14 y 28 de agosto y el 11 y 25 de septiembre, en horario de 11:00 a 12:00 y de 12:00 a 13:00 horas.
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