Historia

La falsa momia del Príncipe de Viana

Cinco siglos después de su muerte, no ha sido posible dar con el cuerpo del Príncipe de Viana (1421-1461)

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La falsa momia del Príncipe de Viana

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Nerea Alejos

Actualizado el 24/05/2021 a las 13:01


Cinco siglos después de su muerte, no ha sido posible dar con el cuerpo del Príncipe de Viana (1421-1461). El avance de la tecnología permitió reabrir la investigación sobre los restos momificados que supuestamente se le atribuían, conservados en el Monasterio de Poblet (Tarragona).


En septiembre de 2008, la incógnita quedó rotundamente despejada: la momia era falsa. Así lo determinaron los resultados de las pruebas de ADN que realizaron los responsables de la investigación que había dirigido desde 2001 la historiadora barcelonesa Mariona Ibars.


Además, el estudio genético desmontó otro mito, el de los restos que se atribuían a su madre, la reina Blanca de Navarra, de la que se creía que estaba enterrada en Santa María la Real de Nieva (Segovia). En la investigación, que cotejó los restos de ambos nobles con los de la sobrina-tataranieta del Príncipe , Johanna de Habsburgo, colaboraron el profesor Miguel C. Botella, doctor de Antropología Física de la Universidad de Granada, y la profesora Assumpció Malgosa, de la Universidad Autónoma de Barcelona.


La principal dificultad para identificar al Príncipe de Viana se debe a que sus supuestos restos se encuentran mezclados con los de más de 100 personajes, todos ellos pertenecientes a la Corona de Aragón y a familias nobles que fueron enterradas en la iglesia de Poblet .Según detalló el profesor Miguel C. Botella, la falsa momia del Príncipe de Viana se creó con los restos de tres personas diferentes. Por ejemplo, la columna vertebral había sido cortada con una sierra. “La momia se reconstruyó intencionalmente”, aseguró.


La característica que más llamó la atención de los investigadores fue la presencia de un brazo amputado. Tras la muerte del Príncipe en 1461, se extendió el rumor de que sus despojos tenían poderes curativos, por lo que se le amputó el antebrazo para conservarlo como reliquia.


El cuerpo reposó en la catedral de Barcelona hasta 1472, año en que su padre, Juan II, ordenó trasladarlo al Monasterio de Poblet. En 1837, a raíz de una revuelta popular, se abrieron las tumbas de los reyes y nobles y los restos permanecieron años tirados en el suelo, hasta que se trasladaron a la catedral de Tarragona. Después, cuando retornaron a Poblet, a mediados del siglo XX, se mezclaron arbitrariamente.

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