La vida en el Camino XIII
'La canción de los peregrinos' de Roncesvalles y su desconocido autor
‘La canción de los peregrinos’ publicada por J. M. Luzaide en 1922 genera muchas dudas. Solo existe referencia sobre ella en I. Elizalde, que se hace eco de su autor, Christian de Boisvert, y lo sitúa a finales del siglo XII, algo extraño dado que eran piezas de transmisión oral. Además, solo tres estrofas (VII, VIII, IX) hablan de Navarra


Actualizado el 15/05/2021 a las 06:00
En 1925 en el Boletín de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra se publicó un pequeño artículo con el título 'La canción de los peregrinos' firmado por José María de Luzaide que es el seudónimo del abogado y escritor José María Iraburu Mathieu (Pamplona,1899 - 1983). Su madre era de Valcarlos/Luzaide, y de la denominación vascuence de la localidad, tomó el autor su nombre literario.
Además de diversas colaboraciones en diferentes revistas, es autor de dos obras, una de ellas, 'Boiras. Narraciones, poesías y comentarios históricos en torno a Roncesvalles', publicada en1922, donde destaca quizás su relato de la vida infantil en Valcarlos/Luzaide, en el que reitera los paisajes de Navarra, especialmente los de la montaña.
En el artículo sobre 'La canción de los peregrinos', que resumimos, el autor comenta: “Un día, cuya fecha es tan lejana como incierta, falleció en la Casa Hospital de Roncesvalles un joven caballero que volviendo de Compostela se sintió enfermo y fue acogido en la Colegiata, donde quizás se guardaba aun el recuerdo de su paso a la ida. El peregrino, antes de morir, dijo llamarse Christian de Boisvert, ser trovero y natural de Troyes, de familia allegada a la casa de Champaña. Después repartió entre los que le rodeaban, enfermeros y peregrinos algunas medallas, excusándose de no darles las mejores por haber dejado en su casa cuantas joyas tenía, estimándolas para su viaje necia vanidad. Asimismo, donó sus vestidos y dejó para limosnas del hospital y sufragios por su alma hasta cuarenta escudos de oro. Finalmente, requiriendo su escarcela, hizo donación de ella al Prior, con unas reliquias y ciertos escritos que consistían en unas palabras de recomendación del prelado de Troyes para los prelados y abades de España. Además, dejó un rollo que contenía un buen número de trovas amatorias y romances caballerescos, pero lo que más llamó la atención en la Colegiata fue lo que el autor llamaba La canción de los peregrinos, una canción sencilla e ingenua llena de devoción y sentimiento. Otro viajero francés que más tarde la vio y tenía por nombre Arnault la puso en lengua francesa corriente, tal como se habla hoy día. Y fue el propio J. M. Luzaide el que la tradujo al castellano”.
Termina el artículo de esta manera: “Los dos últimos versos tienen ahora para nosotros una emoción no sospechada ni por el pobre trovador que los hizo, que vino a buscar su tumba bajo la cúpula de Sancti-Spiritus”. Versos, con traducción un tanto libre, realizada por J. M. Iraburu, que corresponden al códice 'La Preciosa' que incluye un poema laudatorio dedicado a la casa hospital que, junto con la iglesia de Santa María, constituía el centro asistencial de Roncesvalles: “Si alguno fallece tendrá sepultura, / cual mandan las leyes y está en la Escritura. / Hay una basílica en donde segura /hallará descanso la humana envoltura”.
‘LA CANCIÓN DE LOS PEREGRINOS’ DE RONCESVALLES
Pero volvamos a 'La canción de los peregrinos'. Dado su interés y curiosidad se ofrece una parte del texto, traducido por J.M. Iraburu, destacando los párrafos referentes a Navarra y su entorno:
ESTRIBILLO: Rogamos a Santa María / Y a su hijo Jesús, / Que nos den en santa gracia / De este viaje en pago, / Para que en el cielo podamos ver / A Dios y a mi señor Santiago.
I: Al partirnos de Francia / Para viajar / Allí quedaron nuestros viejos padres / Con gran pesar / Teníamos tan gran deseo / De ir a Santiago / Que dejamos todos nuestros recreos / Por un viaje muy largo.
II: Cuando llegamos a la Saintonge / ¡Ay Dios mío! / No encontramos ninguna iglesia / Ni culto divino, / Que fueron rotas por los ingleses / Con gran malicia, / Haciendo ultrajes a Jesu Christo / Y la Santa María.
IV: Cuando llegamos a las Landas, / Muy extrañados / De ver el agua hasta media pierna / Por todos lados. / Compañeros, debemos andar / En grandes jornadas, / Para salir de este país / Y su tierra inundada.
V: Cuando llegamos a San Pelayo, / Lejos del país, / Hubimos de cambiar nuestras coronas / Por maravedís, / Para pasar el Reino / De la Navarra, / Que es una ingrata travesía / No conociendo su habla.
VI: Cuando llegamos a San Miguel / ¡Ay Dios mío! / Yo recordaba la noble Francia / Con gran cariño, / Sentía un gran deseo / De estar en ella, / Y pensando en todos mis amigos / Lloraba su ausencia.
VII: Cuando llegamos a la montaña / Llamada Cisa, / Al corazón me vino un pensamiento / De mi familia, / Y recordaba que al salir / De nuestra villa / Sin decir un adiós a nuestros padres / Fuimos a nuestra guisa.
VIII: Cuando llegamos en la montaña, / A lo más alto, / Pasamos cerca de la Cruz / De Carlomagno. / Domina el reino de Navarra / Todo entero, / Y el emperador hizo aquí construir / Un grande monasterio.
IX: Entre Pamplona y Pont Reginoe / Fuimos contentos / De haber salido de las montañas / A los campos abiertos, / Volviendo a ver la vid / Y tierras de labranza, / Dimos gracias a Jesu Christo / Le cantamos alabanzas.
X: Cuando llegamos a Santo Domingo / jAy Dios mío! / Todos entramos dentro de la Iglesia / Para el culto divino. / Aquí logramos alcanzar la suerte / Del peregrino, / Que oir cantar el gallo a la llegada / Se tiene por buen signo.
XV: Cuando llegamos en Galicia / A Ribadeo, / Nos querían mandar contra los moros / A jóvenes y viejos, / Pero nosotros nos defendimos / En nuestra lengua, / Y les dijimos que éramos de Francia / Y no de otra tierra.
XVI: Cuando llegamos a Mont-joie, / Nos alegramos / Contemplando una iglesia tan hermosa, / Y un lugar santo, / Del glorioso amigo de Dios / Mi señor Santiago, / Que a todos nos ha protegido / En un viaje tan largo.
XVII: Cuando llegamos a Santiago / Gracias a Dios / Todos entramos dentro de la Iglesia / Para rogar a Dios /Y pedir al glorioso mártir / Mi señor Santiago / Que al país podamos volver /Y hacer bien, viaje tan largo.
OTROS CÁNTICOS DE PEREGRINOS
Respecto a las canciones de peregrinos, destaca A. Solana, el hecho de que los peregrinos entonaban cantos durante su larga marcha hacia Santiago como algo tradicional y constatable a través de los tiempos. Hay constancia de ello en el Códice Calixtino, que narra cómo los peregrinos cantaban en sus propias lenguas acompañándose de variedad de instrumentos. Desde el siglo XI y de modo notable desde el XII, la catedral compostelana y su ámbito externo eran escenario de las más variadas canciones que peregrinos, músicos ambulantes, juglares o clérigos entonaban en las calles y plazas de ciudad y aún en el interior de la catedral durante las vigilias nocturnas.
La música era un nexo de unión continuo entre gentes de todo origen geográfico que entonaba sus cantos en su lengua vernácula. Así llegaron a ser conocidos en toda Europa y a influenciarse unos cantos a otros, siendo incluso editados en cuadernillos que compraban y llevaban los peregrinos como manual de cantos populares y verdadero texto informativo del Camino, pues aportaban información de los lugares que atravesaban.
Entre los diversos cánticos que nos han llegado destaca, por su antigüedad, Wer das elend bauwen will o Himno de los peregrinos alemanes del siglo XV, cuyas estrofas describen el equipamiento del peregrino, las preparaciones necesarias o los paisajes del Camino. Sin embargo, las ediciones escritas de cantos peregrinos no aparecen hasta el siglo XVII, aunque incluyen alguna canción cuyo origen es el XIV.
En Francia, se desarrolló una notable actividad de recopilación y edición entre los siglos XVII y XIX, en un conjunto de libritos conocidos como la Bibliothèque Bleue, que tuvo en la ciudad de Troyes su centro de producción más importante. La edición más conocida se tituló Les chansons des pelerins de Saint Jacques, con una viñeta en portada que representaba un peregrino en marcha con báculo y calabaza, debajo del cual se lee: “Sur l’Imprime a Compostelle”, aunque la frase era un artificio para facilitar la venta del librito. En él aparecen 10 cánticos, sin notación musical, por lo que la melodía debía ser conocida o aprendida por el peregrino por transmisión oral, tal y como comenta A. Solana.
ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE EL CÁNTICO DE RONCESVALLES
Son muchas las dudas que surgen respecto a 'La canción de los peregrinos' publicada por J. M. Luzaide. En primer lugar, llama la atención que no existe ninguna referencia sobre ella, únicamente I. Elizalde se hace eco de su autor, Christian de Boisvert y lo sitúa a finales del siglo XII, algo extraño dado que eran piezas de transmisión oral que no se imprimen hasta los siglos XVII y XVIII. En el cancionero son tres las estrofas (VII, VIII y IX) que hablan de Navarra, muchas en relación a otros lugares.
Y algo muy curioso. Entre los cánticos encontrados, el trayecto español que describen estas creaciones comienza en Irún, atraviesa Guipúzcoa y Álava y conecta con el Camino francés en Burgos, dejando a un lado los territorios navarro y riojano, excepto alguno que habla de Santo Domingo de la Calzada y el milagro del ahorcado. Y, sobre todo, excepto las estrofas de Navarra, el resto son similares, por no decir idénticas, a las procedentes de los cancioneros franceses, sobre todo a la más conocida de todas ellas, Quand nous partîmes de France en grand dèsir, que va narrando las características y costumbres de los pueblos, villas y ciudades por donde pasa el peregrino, desde París hasta Compostela.
Es decir, el trovador Christian de Boisvert es totalmente desconocido; la fecha, finales del siglo XII, es excesivamente temprana; y el texto es, excepto la parte navarra, igual a la de todos los cancioneros franceses del siglo XVII. A modo de hipótesis, podría ser que J. M. Iraburu (J.M. Luzaide), seguramente conocedor de los cancioneros franceses, cuando escribía su obra Boiras. Narraciones, poesías y comentarios históricos en torno a Roncesvalles, publicada en 1922, en el que inserta diversas poesías de Roncesvalles, reinterpretara esta canción añadiendo Navarra. Una hipótesis. En cualquier caso, nos queda la canción.