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Cultura

Muere Tomás Yerro, puntal de la cultura en Navarra

El profesor y escritor, premio Príncipe de Viana, falleció este sábado a los 71 años

Tomás Yerro presenta sus dos libros obra del proyecto como Premio Príncipe de Viana
Tomás Yerro presenta sus dos libros obra del proyecto como Premio Príncipe de Viana
'Lerín. Buque varado sobre el río Ega' y 'Personas mayores, patrimonio de Primera' han sido las obras presentadas
Tomás Yerro, escritor y Premio Príncipe de Viana 2019, en su biblioteca en Cizur Menor durante una entrevista en 2019.
Tomás Yerro, escritor y Premio Príncipe de Viana 2019, en su biblioteca en Cizur Menor durante una entrevista en 2019.
Actualizada 11/04/2021 a las 08:54

Tomás Yerro, cuya vida marcó la cultura navarra de las últimas décadas, desde la actividad institucional o la privada, desde la docencia, la investigación o la creación, falleció este sábado en Pamplona a los 71 años. Esa trayectoria le había llevado a obtener hace dos años el reconocimiento del premio Príncipe de Viana de la Cultura, a propuesta de la Asociación Navarra de Escritores .


Tomás Yerro Villanueva nació en Lerín en 1950, el segundo de los cuatro hijos de Blanca Villanueva Chocarro y Francisco Yerro Ona, al que nunca vio leer un libro pero al que consideraba su mejor maestro, según contaba el 4 de mayo de 2019, al recibir en Viana el máximo galardón de la cultura navarra. Era un tiempo de posguerra en el que, narraba el propio Yerro, se vivía de la agricultura y él mismo se definía como “un chico de pueblo un poco ilustrado”. Pero su padre le reclamaba que tuviera los pies en la tierra. Ante “unas notas muy brillantes” su padre le dijo: “Tomás, eso está bien, pero no olvides nunca de dónde has salido”.


Y no lo hizo. Siempre habló con amor de Lerín, y en agosto de 2019, cuando tiró el cohete de las fiestas, reconocía: “Hay una vivencia que para mi es seguramente lo más importante: volver a Lerín como un elemento de cohesión social, con la cuadrilla de amigos y la familia”. Y a Lerín le dedicó su último libro Lerín. Buque varado sobre el río Ega “es un regalo que hago a mi pueblo y a sus vecinos para saldar la deuda de muchos aprendizajes que me inculcaron desde mi más tierna infancia”. Ese libro, junto a Personas mayores, patrimonio de primera, se publicó como promoción de la obra de Yerro al haber ganado el Príncipe de Viana.


El virus de la lectura se lo inoculó su abuela Javiera, contaba en 1999 en TK, la revista de los bibliotecarios navarros. Con diez años, curioseaba en la casa familiar de Lerín y encontró un armario, “el más elegante de todos”, cerrado con llave. “Ya verás cómo te gusta lo que te voy a enseñar”, le dijo Javiera Ona antes de abrir la biblioteca y fascinar a Tomás Yerro para toda su vida.


Profesor


Yerro dejó Lerín para licenciarse en Filología Románica en la Universidad de Navarra. Se casó en 1974 con María José Vela Pons, como él catedrática de Lengua y Literatura de instituto, con quien tuvo dos hijas Irene, doctora en arquitectura, y Ana, periodista. Era abuelo de cuatro nietos: Luna, Leo, Lorenzo y Alicia.


Entre 1975 y 1980 es profesor en la Universidad de Navarra (también lo será de la UPNA y la UNED) y en 1980 se convierte en catedrático de Lengua y Literatura de lo que hoy es el Instituto de la Plaza de la Cruz.


Simultáneamente, en 1985, entra en el consejo de la revista de poesía Río Arga, que pasa a dirigir durante seis años y a la que dedicará en 1988, junto con Charo Fuentes, el estudio Río Arga, revista poética navarra: estudio y antología. En ese mismo tiempo participa en la fundación del Ateneo Navarro.


Como docente, siempre quiso que sus alumnos estuvieran al tanto de la actividad de los escritores navarros y en 1990, junto a Emilio Echavarren, puso en marcha un programa de Aproximación de la lectura navarra a los escolares. “Fue una pena que un mandamás de Educación, a la vista del éxito continuado y creciente del programa, decidiera liquidarlo por innecesario”, aseguraba.


En 1991, se incorpora al Gobierno de Navarra como responsable de Acción Cultural en un gobierno de UPN y en 1995 se convierte en director general de Cultura con el tripartito de PSN, CDN y EA. “Sin duda, un hecho inaudito en los anales de la política foral, hoy irrepetible”, contaba hace un año en la revista Príncipe de Viana, en una entrevista en la que era muy crítico con la decisión de no haber instalado la sede de la Biblioteca de Navarra (hoy en Mendebaldea) en el solar que ahora ocupa El Corte Inglés.


Yerro recordaba en esas páginas algunas de las acciones de su paso por la administración: ampliar la red de casas de cultura, modernizar el sistema bibliotecario, mejorar la formación de los técnicos, poner en marcha la Fundación Oteiza... También reconocía que no fue “una decisión acertada” la de dispersar los Festivales de Navarra de una sola sede, Olite, por toda la comunidad.


La pasión por los libros que le despertó su abuela Javiera se había concretado en una biblioteca de más de 25.000 libros en su casa de Zizur. Para él, la lectura proporciona unas condiciones “que hoy son más necesarias e imprescindibles que nunca: el silencio, la reflexión y la introspección”.


A su pasión por la cultura se unía su defensa de los más vulnerables. Desde hace once años era voluntario de la Sociedad Navarra de Geriatría y Gerontología, y a los mayores dedicó el segundo libro que presentó en enero, Personas mayores, patrimonio de primera. Consideraba a los mayores “un sector muy variado pero, en general, discriminado, marginado y a veces hasta excluido”, decía en la presentación del volumen.


Su perspectiva del cáncer


Le diagnosticaron hace cuatro años el cáncer que acabó ayer con su vida, y también dedicó sus reflexiones a la enfermedad. “A pesar de los pesares y sin quitar un ápice de gravedad a la cuestión, creo que es posible, una vez superado el inevitable duelo clínico al recibir el diagnóstico, enfocarlo desde una perspectiva distinta de la habitual, desde luego más esperanzadora y no exenta de realismo”, escribía para la Sociedad de Gerontología .


Fue un articulista frecuente en Diario de Navarra. En su último artículo en el periódico, publicado el pasado 24 de marzo, Yerro contaba cómo seguía enfrascado en la lectura y en su familia. “A ratos busco refugio en el ámbito de la buena ficción, en la verdad de las mentiras, que diría Vargas Llosa: las novelas El huerto de Emerson (Tusquets), de Luis Landero; Llévame a casa (Seix Barral), de Jesús Carrasco; e Independencia (Tusquets), de Javier Cercas; además del poemario Roma (Visor), de Manuel Vilas. Mi inmersión se ve por momentos interrumpida por los obsequios de mis nietos pequeños: los tres corazones recortados y coloreados (la naturaleza, el amor y el pirata) por Alicia y las consultas de Lorenzo enfrascado en la lectura de las aventuras del ratón Gerónimo Stilton, ideadas por Elisabetta Dami. Aunque sin alpachichas [el nombre que daban en Lerín al fruto de las acacias], ambos representan, libres de escorias, la máxima verdad y esperanza”.

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