'Akelarre', una noche histórica improvisada en un hotel

Iker Ganuza, uno de los productores, nunca imaginó que fueran a ganar cinco Goyas. “Esto es gasolina para seguir motivadísimo”, asegura

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'Akelarre', una noche histórica improvisada en un hotelEfe
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Ion Stegmeier

Actualizado el 08/03/2021 a las 06:00

Iker Ganuza Taberna escuchó su nombre varias veces en la noche de los Goya. El productor navarro (de Lamia Producciones) junto con el donostiarra Koldo Zuazua (de Kowalski Films) tiene buena parte de culpa de que Akelarre, una película independiente, de época, feminista, rodada en buena parte en euskera en localizaciones de Navarra, Guipúzcoa, Vizcaya y el País Vasco francés, fuera la noche del sábado la que más cabezones consiguió, un total de cinco, en las categorías de maquillaje y peluquería, dirección artística, música original, vestuario y efectos especiales. Así que varios compañeros del equipo cuando ganaron sus goyas se acordaron inevitablemente de Ganuza y de Zuazua. Pero, ¿dónde lo escuchaban los productores del filme, que con pena no pudieron vivir ese momento en la ceremonia que tuvo lugar en Málaga?

La pandemia había establecido unas reglas que hace un año hubieran parecido imposibles de cumplir. Los nominados debían participar en la gala desde sus casas, por videollamada, y en el teatro Soho Caixabank de Málaga solo podían permanecer músicos, técnicos y los entregadores de premios. Las butacas, vacías. Los aplausos, inexistentes, salvo alguno que se escuchó para el Goya de honor de Ángela Molina. El humor no hizo acto de presencia en un evento que normalmente suele ser una sucesión de gags y chistes, y con las reivindicaciones políticas lo mismo, solo hubo una, de Alberto San Juan dirigida al PSOE, para recordarle que la vivienda es un derecho humano básico. Y la velocidad. Los Goya fueron un bólido que en dos horas y media había llegado a meta.

El caso es que el mundo del cine acató las normas, pero las adaptó a su idiosincrasia. En lugar de conectar estrictamente desde el domicilio de cada uno, hubo equipos que se reunieron para vivir la noche juntos en casas rurales, como el equipo de Ane que lo hizo en una de Burgos, o en casas u hoteles.

El equipo de Akelarre, improvisó su plan. En un principio las compositoras de la película, Aránzazu Calleja y Maite Arroitajauregi, que compartían la nominación decidieron juntarse en el hotel Ercilla de Bilbao. Después se sumó Ganuza al plan; más tarde la directora de producción, Guadalupe Balaguer; el también productor y socio de Ganuza, Koldo Zuazua; el de la francesa La Fidele, coproductora de la película, Jokin Etcheverria; Lara Izagirre de Gariza produkzioak... “Al final nos juntamos unos cuántos, nos dejaron un espacio en el bar del hotel y lo vimos en pantalla grande”, cuenta Ganuza. Las nominadas Calleja y Arroitajauregi lo seguían en una salita contigua, porque debían estar en todo momento delante del ordenador, reglas de la realización. “Fue super emocionante, la verdad”, cuenta Ganuza. Luego lo celebraron todos juntos.

Akelarre además empezó la noche dando un golpe en la mesa ya que en la primera tanda de cinco premios se hizo con tres. “Yo me había pedido la cena y se me quedó allá durante una hora”, se ríe Ganuza. El día anterior hubo ensayos para que todo -eran 166 nominados con sus respectivas conexiones- encajaran perfectamente en el programa, como así ocurrió. “Estuvieron tres horas haciendo pruebas con todos los nominados, cada uno desde su sitio, por una plataforma, daban órdenes de realización, etcétera, se llevaba todo a rajatabla”, relata Ganuza. “Ha sido la leche, no me esperaba tantos Goyas, la verdad, ha sido una noche de ensueño”, decía ayer.

“Llamamos a los demás miembros del equipo, uno por uno, antes de empezar la gala y por videoconferencia hablamos con casi todos, y después de los premios también, y todavía estamos haciéndolo en el whatsapp”, contaba ayer. Entre ellos, con el pamplonés Mikel Serrano, que ganó su segundo Goya a la dirección artística. “Lleva un carrerón, tres nominaciones y dos goyas, y tiene mi edad, me parece increíble”, apunta Ganuza.“Hablamos después de la ceremonia y estaba encantado de la vida y flotando un poco”.

La película se estrenó en septiembre en el Festival de San Sebastián, donde fue la única producción española seleccionada para competir en la Sección oficial, y después cosechó una buena taquilla en condiciones adversas para ir al cine. “Que gusten al público, a la crítica, que puedan entrar a un festival... eso ya es más cuestión de suerte y que la película sea especial”, señala. “Esta película nos ha traído muchísimas alegrías”, asegura. Y sigue en ello, porque después de haber estado en plataformas de pago por visión desde hace unas semanas, el 11 de marzo será estrenada en Netflix para prácticamente todo el mundo. “También tenemos curiosidad por ver cómo se puede ver fuera de España, que es donde la película puede tener más recorrido y es más conocida, sobre todo después de los premios de ayer”, señalaba.

La gala le gustó. “Al final tampoco estás atento todo el rato pero se me hizo muy ágil, con momentos bonitos, me gustó la agilidad y el tono”, asegura Ganuza.

Y admite que es algo estimulante. “Al final levantar una película y producirla es una carrera de fondo, de alguna manera buscas motivación en cosas así, en que las películas lleguen, emocionen, viajen, que sean reconocidas... esto es gasolina para tus proyectos, para seguir motivadísimo”, concluye.

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