LIBROS PARA EL VERANO

'Canción dulce', terror entre cuatro paredes

El asesinato de dos niños sirve a Leila Slimani (Rabat, 1981) para levantar un aterrador relato sobre la soledad

La escritora Leila Slimani.
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La escritora Leila Slimani.AFP
La escritora Leila Slimani.

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Íñigo Sota

Actualizado el 31/07/2019 a las 06:00

Louise es niñera y ha asesinado a los dos niños de los que cuida. No es una simple premisa, ni siquiera un punto de partida más (que también), es un hecho atroz que sirve a Leila Slimani (Rabat, 1981) para levantar un aterrador relato sobre la soledad. El descenso a los abismos de su personaje le ha granjeado a esta autora, además de unas críticas excelentes, el Premio Goncourt 2016.

A diferencia de la mayoría de novelas de corte criminal, en ‘Canción dulce’ sabemos quién ha cometido los crímenes desde el primer capítulo. La niñera, de mirada angelical y tez clara, implicada y trabajadora, ha matado a los niños de Myriam y Paul y después ha intentado suicidarse. A partir de ahí, la acción retrocede unos meses para explicar cómo la situación personal de la mujer discurre paralela a la tragedia.

Slimani no se limita a narrar los porqués del hecho en sí, prefiere, y aquí es donde reside en gran parte el interés de la historia, analizar las coordenadas psicológicas de la protagonista: cómo el derrumbe emocional (a través de experiencias concretas, algunas realmente inquietantes) puede esconderse tras una fachada de aparente felicidad y, ante todo, cómo sus frustraciones (que son las de todos nosotros) pueden llevarnos al límite con terribles consecuencias. “Se me castigará por no saber amar”, adelanta Louise, y nos da una idea clara de por dónde van a ir los tiros.

La prosa es pura y directa. Ni rastro de artificio. Es la escritura de quien no zigzaguea. Su autora ofrece los hechos de forma acompasada, como el agua que cae encerrada en un gotero. Frases simples, muchas de ellas de apenas cuatro o cinco palabras, e ideas claras, concisas y cargadas de significado que perduran precisamente por eso, porque retumban en la mente como un pinchazo continuo. Y porque, además, la historia es tan cotidiana que nos horroriza pensar que podría pasarnos a nosotros. Ahí reside el verdadero terror, que Slimani ha sabido captar con maestría: en los rincones de casa, tras la puerta de un balcón, encima de la cama, pero, ante todo, dentro de uno mismo. La profundidad de la novela está en la forma, tan certera, de explicar cómo el ser humano proyecta su interior en el mundo exterior, en ese entorno en el que a menudo no es el único actor.

'Canción dulce' es una novela excepcional. Una historia que demuestra que el desamor y la soledad pueden llevarnos a ese monstruo tan turbador como profundamente humano que es la locura.

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