Triunfo en el ES Open
Fútbol norteño, de patadón a la bullé, de pelea por arriba y piernas para saltar que, por una vez, tiene final feliz


Actualizado el 07/02/2021 a las 20:55
Hay encuentros del US Open, del Australia Open o de cualquier open tenístico con menos bola va y bola viene que este Osasuna-Eibar que nos hemos apretado entre pecho y espalda. Vamos, que si Jagoba y Mendilibar llegan a sacar de inicio cinco defensas y cinco delanteros cada uno, la cosa no hubiese variado mucho con lo que vimos. Fútbol del norte, de pelea, de saltos, de cabeceos y con importancia de la estrategia. Fútbol que deja a los porteros y a los defensas con agujetas de tanto envío largo y a los delanteros con necesidad de un par de gelocatiles para el cabezón. Bienvenidos a El Sadar Open...
Necesidad, divino tesoro. Podríamos decir que, jugando con la ventaja de saber que los tres puntos se quedan en Pamplona y que saben a oro molido, en la previa todos nos las prometíamos muy felices. Va, el Eibar, todos sabemos a qué juega Mendilibar, defensa adelantada, balón largo y poco más. Y eso que el poco más es donde entran Bryan Gil, Kike García o Sergi Enrich, entre otros. Y enfrente, nosotros, los de rojo, que llevamos buenos partidos pero con mucho castigo, como hace una semana en tierras andaluzas, y necesitados de puntos más que un soltero de amor el 14 de febrero...
San Pastelín, fecha para el Levante-Osasuna, que las semifinales de la Copa del Rey han movido la fecha del próximo choque. Aunque tras el encuentro contra los armeros, igual decimos del enfrentamiento de la siguiente ronda, por lo del tenis. Pim, pam, pum, bocata de atún. Osasuna y Eibar hicieron un canto al US Open en El Sadar Open, en el Abierto del feudo rojillo. Será por aquello de que se estrena la temporada de los Grand Slam, con la cita de Melbourne. Pero aquí ni Nadal ni Nole Djokovic. Aquí tenemos a tenistas con raquetas de lujo. Como la de Manu Sánchez.
Dije que poco más iba a saltar al verde el bueno de Juan Cruz una vez fichado Manolito. Poco me equivoqué. El caso es que el chaval empieza a asentarse en su banda y, junto al Joker Rubén García, están empezando a fraguar una dupla peligrosa. Si en el carril de dobles contrario no funciona la pareja Vidal-Barja, hay que buscar soluciones. Y vaya si se encontraron. En una de las pocas jugadas que vimos en las que no hubo passings, reveses, ni cruzados, Manu y Torró jugaron un saque de banda, el cuero llegó a Rubén García que taconeó para el chaval. Centro raso al cogollo y ahí estaba Calleri con la raqueta preparada para ponerla lejos del alcance del milagrosamente recuperado Dmitrovic. 15-0.
El partido de tenis seguía por los derroteros esperados, con más cuero por el aire que en el recreo de un partido de colegiales. Tampoco es que seamos virtuosos en el manejo raseado, pero al ser esto fútbol hay veces que se presupone que el centro del campo debe aparecer. Se presupone. Luego del dicho al hecho ya se sabe. Porque el empate llegó en una jugada de las directas, un balón largo de la zaga armera, una tragada de Nacho Vidal que deja a Bryan Gil conducir. Un balón suavecito al área y el control y punterazo de Kike García, ahí, sin florituras. Pero hay que ponerla ahí... 15-15.
El choque se iba al descanso con empate, con deuce que dicen los jueces de silla y con un reparto de puntos que se hacía exiguo a rojillos y armeros pero que a los de casa nos sacaba del descenso y a los visitantes les mantenía con la distancia sobre nosotros. De ahí que, salvo lesiones como el caso de Mendilibar, los tenistas comparecientes en la reanudación fuesen los mismos. Todo listo, bolas nuevas y a por el segundo set, oigan.
Osasuna siguió a lo suyo, haciendo de la necesidad un acicate para buscar las cosquillas a Dmitrovic. El meta rival, lejos de aquél que nos regalara tres puntos en el Alcorcón por las épocas de Segunda, se convertía en un muro evitando toda intentona por nuestra parte. La mano que sacó al chut de Torres, estrellando el cuero desviado en el larguero, dice mucho sobre por qué los equipos se rifan al gigantón que termina contrato en el Eibar y huele a que volará la próxima campaña.
Los técnicos nadaban y guardaban la ropa. Tanto que el visitante, otrora local en nuestro banquillo, decidió quitar la chicha de arriba y dejar un centro del campo reforzado para apuntalar el empate. Mientras Jagoba seguía a lo suyo, sacaba a Calleri para meter a Adrián, metía a Torres por Barja y a Moncayola en el centro por Oier. Mismos esquemas, distinto resultado. Porque a diez minutos para el final Osasuna cambió el chip y, con las raquetas nuevas, empezó a achuchar y a venirse arriba.
La falta sacada por Torres regresó al de Arre tras un par de rebotes. Ese globo con la raqueta derecha lo peinó sobre la línea Adrián para permitir que Budimir, subiendo hasta la misma red, rematara a puerta. Pelota al palo, pelota al ombligo del croata, pelota a gol. "¿Bromea o qué?¡La bola entró!", se oían los ecos de John McEnroe de fondo mientras El Sadar era una fiesta y la grada, los jugadores rojillos para ser más exactos, celebraban el tanto a dos minutos para el final, añadido aparte. 30-15 y casi bola de partido...
Cinco minutos en los que se aguantó a lo Armada Española. Cinco minutos que, con los típicos amagos del rival y los tópicos nervios de los locales dejaban más de una bola dividida que nos acongojaba a los que veíamos por la tele el resultado como un pirata mira el botín. Oro molido que se hizo realidad con el silbatazo final de Figueroa, quien esta vez nada tuvo que ver ni para bien ni para mal, cosa que es noticia.
Salimos del descenso y seguimos trabajando. Ahora a visitar al Levante, que se la juega esta semana en la primera entrega de la Copa del Rey en su semifinal. Luego veremos si no se les atraganta el 14 de febrero o si San Valentín nos da calabazas a los rojillos. Difícil encuentro, la verdad, ya que los de Paco López están en un buen momento. A ver si Osasuna es capaz de hacerles un break y seguir sumando. Hasta entonces, disfrutemos del triunfo conseguido en El Sadar Open. Y dentro de sete días, hablamos (o nos leemos).
¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!