Salud

El viaje de una mujer en doce estaciones

“Una invitación a crecer y sacar lo mejor de cada etapa de tu camino”

Una mujer anda por un camino
AmpliarAmpliar
Una mujer anda por un caminoArchivo
Una mujer anda por un camino

CerrarCerrar

Javier Angulo

Publicado el 24/07/2026 a las 17:30

Una mujer no nace siendo la misma que será a los veinte, a los cuarenta, a los sesenta o a los ochenta años. En cada etapa cambia su cuerpo, sus emociones, se transforman sus prioridades y aparece una nueva forma de entender la vida. Como ocurre en la naturaleza, también ella atraviesa estaciones: algunas llenas de luz, otras de incertidumbre; unas están para crecer, otras para reflexionar, para reír y otras para proteger lo que ha construido.

Podemos dividir este viaje en tres grandes etapas fisiológicas. La etapa anabólica, el tiempo de sembrar. La etapa catabólica, el tiempo de conservar. La etapa sarcopénica, el tiempo de proteger y trascender. Cada etapa combina luces y sombras, dureza y belleza. Aprender de cada una y cultivarlas con sabiduría permite avanzar hacia la siguiente con dignidad y mayor sosiego.

En la etapa anabólica predomina el crecimiento, la construcción y la máxima capacidad de regeneración. En la catabólica comienza una disminución progresiva de hormonas y de la capacidad regenerativa, aunque todavía es posible preservar las capacidades funcionales y la salud con hábitos adecuados. Y en la sarcopénica el principal reto es conservar la masa muscular, la autonomía, la movilidad y preocuparse por la calidad de vida.

A. EL TIEMPO DE SEMBRAR. Procesos anabólicos (0-39 años) Durante esta primera gran etapa, el organismo femenino posee una extraordinaria capacidad para crecer, regenerarse y crear reservas de salud. Cada músculo que se desarrolla, cada hueso que se fortalece y cada hábito saludable que se adquiere constituye una inversión para las décadas futuras.

1-Infancia (0-11 años): el despertar. “Todo comienza aquí” La infancia es el origen de todo. Es el tiempo de la curiosidad, del juego y del descubrimiento. Mientras los ojos exploran el mundo, el cuerpo construye silenciosamente sus cimientos. El cerebro desarrolla millones de conexiones, el sistema inmunitario aprende a defendernos y los huesos comienzan a adquirir la fortaleza que nos acompañará durante toda la vida.

Esta etapa se debe caracterizar por una alimentación basada en alimentos naturales; una actividad física centrada en el juego y en el desarrollo psicomotor; un descanso suficiente que favorezca la secreción de la hormona del crecimiento; una baja exposición a los azúcares y a los ultraprocesados, para evitar la adicción futura; el contacto frecuente con la naturaleza y, por encima de todo, un entorno donde el amor, la seguridad y los vínculos afectivos sanos constituyan la base de su desarrollo físico, emocional y cognitivo.

2-Adolescencia (12-17 años): la búsqueda. “El cuerpo cambia más rápido que la mente” La adolescencia representa una auténtica revolución biológica. Las hormonas despiertan y transforman el cuerpo femenino, mientras también se construye la identidad personal. Es uno de los momentos más importantes para alcanzar el máximo desarrollo óseo y muscular.

Las claves están en practicar deportes para incrementar las habilidades, dormir entre 8 y 10 horas todos los días, cubrir las necesidades de hierro, calcio, ácidos grasos omega 3 y proteínas, aprender a gestionar el estrés, las emociones y evitar dietas restrictivas que puedan comprometer el desarrollo. "No se trata de tener el cuerpo perfecto, sino de construir un cuerpo fuerte y funcional para toda la vida."

3-Juventud (18-24 años): la expansión. “El momento de construir el patrimonio futuro de salud” Es la etapa de la vitalidad, la energía y los grandes proyectos. El organismo alcanza su mayor capacidad física, el metabolismo funciona con gran eficiencia y la recuperación tras el esfuerzo es rápida. Precisamente por ello, este es el momento clave para consolidar hábitos saludables que se convertirán en el patrimonio biológico del futuro. Las decisiones que se toman en estos años (alimentación, actividad física, descanso y manejo del estrés) marcarán en gran medida la salud, el rendimiento y la calidad de vida durante las décadas siguientes.

Las prioridades siguen vinculadas al deporte y la actividad física, a alimentarse para nutrir, no solo para saciar, tratando de aportar todo lo que precisa cada célula, a desarrollar hábitos de descanso y equilibrio emocional, a evitar el sedentarismo prolongado y cuidar la salud hormonal y menstrual.

4-Primera madurez (25-30 años): la construcción. “Consolida los pilares de su vida personal y profesional” El cuerpo continúa siendo muy eficiente, aunque el estrés empieza a convertirse en uno de los grandes enemigos de la salud.

Las estrategias giran en torno a mejorar la fuerza, incrementar el consumo máximo de oxígeno, mantener un porcentaje saludable de grasa corporal, gestionar el estrés para evitar elevaciones crónicas del cortisol, cuidar el suelo pélvico y la salud reproductiva, priorizar alimentos frescos y mantener un equilibrio entre trabajo, descanso y ocio.

5-Segunda madurez (30-39 años): la consolidación. “Aquí la experiencia es un grado” Todavía predomina el anabolismo en quien posee buenos hábitos, pero el organismo pide más descanso y mejores cuidados. Ya no basta con hacer ejercicio de vez en cuando. La salud comienza a construirse desde la constancia, la disciplina y el compromiso.

Lo más importante es preservar la masa muscular, incorporar ejercicios de potencia y movilidad, aumentar ligeramente la ingesta proteica, controlar los niveles de vitamina D y B12, modular el estrés laboral y familiar, dormir bien y trabajar el optimismo. "El músculo que construyes hoy será tu independencia dentro de treinta años."

B. EL TIEMPO DE CONSERVAR. Procesos catabólicos (40-60 años) A partir de la cuarta década, el cuerpo comienza una transición silenciosa. La producción hormonal disminuye progresivamente y aparecen cambios en la composición corporal, el metabolismo y la recuperación. Esta etapa invita a cuidar el organismo con mayor inteligencia.

6-Perimenopausia (41-50 años): la transformación. “En ocasiones no te reconoces” Las hormonas fluctúan y con ellas también lo hacen la energía, el sueño, el estado de ánimo y el metabolismo. Es una etapa que requiere comprensión, no resignación.

Ahora el entrenamiento de fuerza deja de ser una opción para convertirse en una necesidad biológica, junto a una alimentación rica en proteínas y en todos los nutrientes esenciales, un descanso reparador, una buena gestión del estrés y trabajar la mente a diario. Cuidar la microbiota y reducir o evitar el consumo de alcohol, son ahora una prioridad.

Vanya pasa de los 40 años. Padeció una obesidad mórbida superando los 125 kilos con un diagnóstico de esclerosis múltiple ya hace casi 20 años. Nunca había hecho ejercicio, ni cuidado su comida, ni su bebida, ni se había controlado sus niveles de vitamina D. Hoy ronda los 60 kilos, anda con ligereza, entrena a diario, tiene un hijo maravilloso, posee una actitud firme y es feliz. Ha recuperado algo más importante que el músculo: la confianza en sí misma. Con el tiempo dejó de ser una paciente para convertirse en amiga. Una mujer extraordinaria, cuya fortaleza, optimismo y capacidad para sobreponerse a las dificultades han sido una fuente constante de inspiración para mí.

7-Menopausia (51-55 años): el renacer. “No es un final. Es una nueva biología” La menopausia no marca el final de la feminidad. Marca el comienzo de una nueva libertad. Es el momento de dejar de vivir para los demás y comenzar también a cuidarse a una misma.

El entrenamiento de fuerza se convierte en un auténtico tratamiento preventivo, al tiempo que trabajas el equilibrio, la coordinación y la condición cardiovascular. Consumir suficiente fibra, calcio, vitamina D y proteínas. Mantener una buena hidratación y consultar con profesionales sobre opciones terapéuticas cuando existan desarreglos importantes. "No es el final de una etapa; es el comienzo de una nueva versión de ti."

8-Posmenopausia (56-60 años): la renovación. “El objetivo ya no consiste en ganar más, sino en perder lo menos posible” Cada sesión de ejercicio, cada comida saludable y cada noche de descanso ayudan a conservar el patrimonio biológico construido durante décadas.

Los pilares son ahora mantener una buena masa muscular mediante fuerza progresiva, trabajar la psicomotricidad de la niñez, caminar rápido diariamente, prescindir del ascensor, añadir ejercicios de impacto moderado para estimular el hueso, controlar factores de riesgo cardiovascular y mantener una vida social y cognitivamente activa.

C. EL TIEMPO DE PROTEGER. Procesos sarcopénicos (61 años hasta el final de tu vida) Con el paso de los años aparece la sarcopenia: una pérdida progresiva de fuerza y masa muscular. Pero no es un destino inevitable. Hoy sabemos que el músculo responde al entrenamiento incluso después de los noventa años. Nunca es demasiado tarde para fortalecerse.

9-Primera vejez (61-70 años): la cosecha. “El cuerpo pide menos velocidad y más sabiduría” Es la etapa donde comienzan a verse claramente los frutos de toda una vida. Quien cuidó su salud recoge independencia, energía y buena funcionalidad.

Las prioridades se deben dirigir al trabajo de la fuerza personalizado, mejorar el equilibrio, la coordinación y los reflejos. Trabajar la psicomotricidad adulta resulta maravilloso. Caminar todos los días. Una alimentación rica en proteínas, repartidas en todas las comidas y muchos vegetales coloridos. Mantener proyectos e ilusiones y tener compañías positivas.

10-Segunda vejez (71-80 años): la contemplación. “La sabiduría crece mientras el cuerpo pide más atención” El movimiento deja de ser opción para convertirse en medicina.

Las estrategias se basan en la experiencia y en añadir todo lo que suma para ganar en salud. Caminar diariamente. Ejercicios de resistencia y fuerza adaptados. Mantener una buena hidratación. Seleccionar los mejores alimentos siempre. Estimulación cognitiva constante y revisar visión, audición e indicadores bioquímicos con cierta regularidad.

11-Tercera vejez (81-90 años): el legado. “La mayor riqueza ya no son las metas alcanzadas, sino la experiencia compartida” Cada día activo es una victoria, cada ilusión vivida es rejuvenecer.

Lo esencial es ahora evitar el reposo prolongado. Entrenar la fuerza con cargas adaptadas a la variabilidad individual. Garantizar una nutrición suficiente para evitar las carencias y la sarcopenia. Favorecer el contacto familiar y social. Adaptar el hogar para prevenir caídas.

12-Cuarta vejez (91 años en adelante): la trascendencia. “La prioridad ya no es hacer más, sino vivir mejor” En esta etapa, la vida adquiere una dimensión profundamente humana. Cada paseo, cada conversación y cada sonrisa alimentan más que cualquier tratamiento.

Se precisa movimiento diario adaptado a las capacidades individuales, mantener rutinas sencillas de fuerza y movilidad, una alimentación rica en proteínas, fibra y que aporte todo lo esencial, una mayor estimulación emocional y cognitiva, priorizando el bienestar, la autonomía y la dignidad.

Existe un tejido que siempre nos acompaña, que posee un impacto extraordinario sobre nuestra salud: el músculo. Más allá de la fuerza física, el músculo actúa como un verdadero órgano protector. Regula el metabolismo, mejora la sensibilidad a la insulina, protege los huesos, favorece el equilibrio hormonal, reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares, osteoporosis, diabetes y dependencia funcional. El objetivo cambia con el paso de los años: hasta los 40 años, construirlo. Entre los 40 y los 60 conservarlo y a partir de los 60 defenderlo como el mayor patrimonio de salud. Cada kilogramo de masa muscular ganado en la juventud representa una reserva de independencia para el futuro. La masa muscular no solo sirve para movernos. Es un auténtico órgano endocrino capaz de liberar mioquinas, sustancias que reducen la inflamación, mejoran el metabolismo y protegen el cerebro.

La evolución femenina no es una historia de pérdidas, sino de transformación. Cuando comprendemos las necesidades de cada etapa y respondemos a ellas con movimiento, una alimentación saludable, un descanso reparador, vínculos afectivos sólidos y un propósito que dé sentido a nuestros días, descubrimos que la verdadera juventud no reside en la edad, sino en la energía con la que podemos y decidimos vivir.

Porque la vida no se mide por el número de años que acumulamos, sino por la capacidad de conservar la autonomía, abrazar a quienes amamos, mantener viva la curiosidad y despertar cada mañana con la ilusión de seguir aquí. Cada estación tiene un regalo que ofrecer. La infancia nos brinda la inocencia y el asombro; la juventud, la energía y el impulso para descubrir el mundo; la madurez, la serenidad que nace de la experiencia; y la vejez, la sabiduría de quien ha aprendido que lo verdaderamente importante no siempre es lo más urgente. Envejecer no significa dejar de florecer. Significa cambiar la forma de hacerlo.

Ninguna etapa es superior a otra. Todas tienen su luz, sus desafíos y su propósito. Al fin y al cabo, una vida bien vivida no es la que evita el paso del tiempo, sino la que encuentra belleza y sentido en cada uno de sus ciclos.

Cuando una mujer fortalece sus músculos, nutre su mente y protege su salud, construye mucho más que un futuro con más años: construye una vida con más energía, más libertad, más autonomía y más oportunidades para disfrutar plenamente de cada etapa. Y hay una realidad que nunca debemos olvidar: cada estación prepara el terreno para la siguiente. Cuanto mejor llegues, desde el punto de vista físico, nutricional, funcional y emocional, más recursos tendrás para afrontar los cambios propios de la edad. Por el contrario, descuidar la salud durante años hace que la pérdida natural de masa muscular, la disminución de la capacidad funcional y los cambios hormonales pasen una factura mucho más elevada.

Por eso, cuida cada estación de tu vida. El mayor regalo que puedes hacerle a la mujer que serás mañana es llegar a la siguiente etapa con un cuerpo fuerte, una mente resiliente y la ilusión intacta para seguir disfrutando del camino.

Etiquetas:

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora