Consejos
¡Envejece con mejor salud!
Los años merman las capacidades físicas, metabólicas y mentales


Publicado el 13/09/2025 a las 17:21
Sabemos a ciencia cierta que los años merman las capacidades físicas, metabólicas y mentales. A partir de los 60 ya no eres ni tan rápido corriendo, ni tan rápido metabólicamente quemando grasa, ni tan rápido mentalmente asimilando nuevos conceptos, ni tan rápido recuperando tras un esfuerzo intenso, ni tan activo sexualmente. Lo que sí conoces es que tu organismo necesita más paz y también necesita mejores hábitos si lo que pretendes es vivir los últimos años con la máxima calidad posible.
Ningún gobierno está interesado en mantener a personas con más de 90 años pues eso supone mayores gastos y para llegar a esos años con una funcionalidad aceptable hay que respetar las leyes de la naturaleza y vivir acorde a nuestro diseño fisiológico. Envejecer con dignidad requiere un esfuerzo y no existen las pastillas mágicas ni los milagros, sólo la responsabilidad, el compromiso y la puesta en práctica de aquellos hábitos que están perfectamente documentados que mejoran la salud. La predisposición genética es un factor importantísimo pero los cambios en el estilo de vida son determinantes y logran modificar la manera en la que se expresan muchos genes, por lo que conocemos las herramientas para lograr un cambio a mejor en ese aspecto y es, simplemente, restando lo que daña y sumando lo que sana.
Menos fuertes pero más sabios, al menos eso reconforta. A partir de los 30 años ya existe una merma en el rendimiento, que puede reducirse si uno es activo y lleva una vida ordenada, donde los ejercicios de fuerza, la alimentación, la gestión del estrés y el sueño reparador pasan a ser los elementos más importantes para que a los 60 la funcionalidad y la salud sean óptimas.
Cuando pasas a la tercera edad el aspecto físico no es tan importante como el estado interior. Uno quiere encontrarse bien de salud, de energía física y mental, desea estar en armonía, busca ralentizar los procesos de deterioro de las funciones metabólicas, fisiológicas y mentales, por lo que el objetivo no debe enfocarse en “parecer más jóven” puesto que el envejecimiento es inevitable, sino en tener una mayor funcionalidad y vivir cada año que pasa con plenitud.
La cultura de la inmediatez está muy asentada en nuestra sociedad. Buscamos el disfrute fácil, la constante secreción de dopamina, lo rápido, lo que menos cuesta, pero el envejecimiento supone deterioro y eso no le va bien, lo acelera. Para aminorarlo se requiere conocimiento, esfuerzo, paciencia, goze del proceso de cambio y disciplina. Uno debe comer mucho mejor para mantener un intestino sano, una microbiota repleta de probióticos, debe ejercitarse más pero con sentido común, respetando su fisiología, dormir profundo, gestionar el estrés y enamorarse de la cultura de la serotonina, de las endorfinas, de la oxitocina, de la belleza de la naturaleza, puesto que las cosas importantes y extraordinarias nunca son fáciles de conseguir.
Uno valora su SALUD cuando madura o cuando la pierde, pues empieza a ser consciente de que hacia atrás no se puede ir y que los malos hábitos envejecen su interior. Estudios recientes indican que la obesidad, el sedentarismo, el tabaquismo y el consumo de alcohol provocan deterioro funcional, cognitivo y metabólico y cientos de estudios aseguran que la comida, el sueño, el ejercicio, el contacto con la naturaleza, la actitud y las relaciones sociales, tienen un tremendo impacto sobre el envejecimiento celular.
Mantener la masa muscular y ganar fuerza debería ser receta obligada para toda la población a partir de los 50, pues no hay fármaco que provoque más beneficios que un programa de fuerza personalizado. Con el entrenamiento de fuerza se aumenta la masa muscular, la densidad ósea, el bienestar y se reduce la grasa visceral. El entrenamiento de fuerza produce a medio plazo una mejora en la funcionalidad y ello a cualquier edad. Si el estilo de vida es inadecuado, a partir de esa edad pasamos a un catabolismo exacerbado y hay que frenar esa tendencia si queremos disfrutar con alegría de los pocos o muchos años que nos quedan por vivir.
Pasar de los 50 supone una reducción en la producción de hormonas anabólicas (mayor o menor según la forma en la que respetas tu organismo) y una merma en su sensibilidad y eficacia. La andropausia y la menopausia nos debilitan, ya no somos los mismos. Además de la fuerza se pierde velocidad, potencia, coordinación, equilibrio, baja mucho el gasto metabólico en reposo, se reduce la producción enzimática, la absorción de nutrientes es menor, se toleran mal los alimentos ricos en azúcares y los dolores aparecen por todos los sitios. ¿Se puede prevenir esta situación? No, pero se puede ralentizar, retardar, que las cosas fluyan naturalmente con dignidad, sin que surjan repentinamente sino poquito a poquito y aceptarlas y asumirlas con optimismo, entusiasmo y sabiduría.
Está demostrado que las personas con niveles bajos de fuerza aumenta la posibilidad de padecer síndrome metabólico y aquéllos con muy baja condición física tienen una altísima probabilidad de sufrir enfermedad crónica, inflamación y más dolor y ya existen evidencias científicas que indican que la baja condición física mata más que el tabaco, la obesidad, la diabetes, incluso la hipertensión.
Aparecen muchas arrugas, se seca la piel, se cae más el pelo, se rompen las uñas, se pierde vista, se anda lento, se deterioran los dientes, uno se encorva y todo ello es “relativamente inevitable”, no es gustoso para nadie (pero es lo que ocurre) aunque no es determinante para vivir con calidad. Pero el envejecimiento que empieza por perder fuerza, autonomía y memoria es el preocupante y es ahí donde debemos actuar antes de que sea demasiado tarde. A nadie le afecta que su madre tenga alguna arruga de más, pierda un poco de vista, ande más despacito, repita la misma película decenas de veces, pero a todos les entristece que su padre no les recuerde, que necesite siendo aún “joven” de varios pañales cada día, que no pueda ir de compras o en casos más serios ni alzarse de una silla. Es muy importante empezar antes de los 50 a realizar pequeños cambios en los hábitos para que su asentamiento ya esté instaurado en la tercera edad, pues a edades maduras los cambios son extremadamente difíciles de implantar.
¿Cumplir años implica más dolor, más visitas médicas, mayor consumo de fármacos, más tristeza? ¿Nos importa más sumar años que incrementar la funcionalidad en nosotros y en quienes más queremos? ¿Es preferible morir a los 75 repleto de vigor y absoluta independencia que a los 85 pasando los últimos 15 con fatiga crónica, dolor, depresión y total dependencia?
Como conclusión final solo indicar que ganar fuerza en las piernas, lograr unas relaciones sociales positivas, mantener unos niveles adecuados de vitamina D, tener una actitud firme y valiente y llevar a cabo un sistema nutricional antiinflamatorio pasan a ser las estrategias más acertadas para toda la población mayor.