Nutrición
¿Son las navidades unas fiestas insanas?
Los españoles incrementamos el peso entre tres y cinco kilos durante las fechas navideñas


Publicado el 29/11/2024 a las 11:18
Si nos atendemos a razones puramente fisiológicas son unas fechas muy insanas puesto que el grueso de la población hace todo lo contrario a las recomendaciones estipuladas, siendo para los “poco afortunados metabólicamente” unos días altamente enfermizos.
Las razones son que se abusa de los productos dulces, de las harinas, de las grasas industriales, del alcohol, de los refrescos, de la nocturnidad, que se incita al sedentarismo, a los atracones, al uso indiscriminado del móvil, de las pantallas digitales y, además, la hipocresía reina por doquier. Actos claramente alejados del verdadero mensaje de Cristo, puesto que promueven un consumo desmesurado. Un negocio para muchos donde se potencian todas las patologías de la era moderna (sobrepeso, obesidad, diabetes, hipertensión, fatiga crónica, fibromialgia, enfermedades autoinmunes, alteraciones cardiacas, caries, migrañas, problemas digestivos, desajustes hormonales, resistencia a la insulina, sarcopenia, cáncer,...), lo cual origina más colapsos en las salas de urgencia a comienzos de año e implica unos excelentes ingresos para la industria farmaceútica.
Los españoles incrementamos el peso entre tres y cinco kilos durante las fechas navideñas, hecho que me sorprende, pues los hay que no aumentan un solo kilo. Por lo tanto ¡los habrá que sumen más de siete! Una variación tan grande en apenas quince días resulta, metafóricamente, como tirarte de un tercero.
Los días “especiales” deberían ser cinco: la cena de Nochebuena, la comida de Navidad, la cena de Nochevieja, la comida de Año Nuevo y la del día de Reyes, pero algunos los convierten en más de treinta. Además en estas fechas se incluyen comidas de fin de año, de despedidas, de reencuentros con viejos amigos y otras tantas donde se extralimita hacia el consumo de alimentos sobradamente energéticos y al de bebidas alcohólicas de alta graduación.
Las estrategias de marketing se basan en conseguir ventas y quienes se dedican a ello saben donde colocar sus productos para generar mayores beneficios, situando “los que interesa” en las estanterías de la entrada y en las zonas más visibles de los pasillos de los supermercados, rodeados de colores chillones que “invitan” al consumidor a comprar. Es como poner cajetillas de tabaco de diferentes marcas con colores atractivos y lucecitas a la entrada de los supermercados, lo que, sin lugar a dudas, despertaría la adicción en quienes al entrar “se encuentran semejante tinglado de frente” siendo fumadores. Lo mismo ocurre con quienes presentan resistencia a la insulina (un tercio de la población) y son “adictos” al dulce ¿Y luego nos hablan de efemérides, de días especiales de la obesidad, la hipertensión, la diabetes, del tabaquismo y demás pamplinas que no sirven para nada?
Pasadas las fiestas se abarata el sobrante con anuncios que incitan a una compra desmesurada de aquello cuyo abuso daña. ¡Y esto se sabe! Luego las autoridades sanitarias nos recuerdan que se toman medidas y que éstas no funcionan; que la epidemia de sobrepeso y obesidad que azota desde hace tiempo a gran parte de Europa y sobre todo a la población infantil no logra frenarse. ¡Resulta increíble la forma en la que nos toman el pelo!
Es cierto que las tradiciones son las tradiciones y las fiestas navideñas son momentos de reencuentros, de comidas de empresa, de celebraciones, de reuniones entre familiares y de festejos. Pero sabemos que turrones, tartas, mazapanes, panettones, brownies, polvorones, mantecados, alfajores, guirlaches, bombones, roscones, refrescos, cavas,… y otros tantos productos despiertan el apetito en determinado perfil de consumidores, creando así “una falsa necesidad” en quienes añoran momentos “dulzones”. Y digo esto último porque son muchos (generalmente personas de edad avanzada, polimedicadas, necesitadas de compañía) que regresan a un pasado “más feliz” comprando este tipo de productos, que les trasladan a una etapa de antaño rodeada de sus seres queridos.
Tras las fiestas llega el 2x1, 3x1, 3x2, abaratando productos sobrantes insanos (no de los sanos), y se desata nuevamente una falsa necesidad de consumo en gran parte de los adictos al dulce (que van en aumento).
Luego vienen los arrepentimientos tras subirse a la báscula y mirar los dígitos y es entonces cuando muchos deciden buscar soluciones rápidas. Unos probarán dietas absurdas, a otros les dará por los ayunos o por severas restricciones calóricas, otros se apuntarán a un gimnasio “desmotivados” buscando milagros, otros visitarán farmacias tratando de encontrar la pastilla mágica o los batidos “quemagrasas” (ineficaces desde tiempos inmemorables).
El problema es que muchos de estos productos cargados de azúcares refinados, harinas blancas y grasas (la mezcla más obesogénica que existe) llevan dos meses expuestos en muchos establecimientos y seguirán sutilmente mantenidos varias semanas tras las el final de las fiestas. El roscón de Reyes se consumía el día 6 de enero y ahora los hay que los comen en noviembre y continúan haciéndolo en marzo. A todo ello hay que sumar una dosis extra de alcohol y refrescos o la mezcla de ambos. Y sabemos que las cifras de accidentes de tráfico se disparan debido a los abusos del alcohol durante las celebraciones navideñas. La mezcla de alcohol, dulces y alimentos muy grasos suele ser lo que la mayoría asocia a estas fiestas (menos mal que la festividad tiene un motivo “religioso”), que vienen a ser unos carnavales gastronómicos insanos disfrazados de un hipócrita motivo religioso.
¿Acaso la finalidad de la Navidad no debería enfocarse en la solidaridad, la empatía, el agradecimiento y la moderación? ¿Es nuestro mejor pasatiempo esperar ansiosos al fin de semana para ir de bar en bar tomando pinchos con altas dosis de alcohol? ¿Es la manera ideal de socializarnos? ¿Es la forma que hemos elegido para disfrutar? ¿Lo deseamos para nuestros hijos? Estoy seguro que para esta última pregunta la respuesta es clara, tan solo una sociedad aburrida elige un sistema de vida tan aburrida, ya que la auténtica socialización y el verdadero disfrute van por otro camino.
¿Qué hacer para bajar esos kilos de más ganados tras estas fechas? Lo primero eliminar todas esas “ricas” tentaciones del ambiente navideño que sobraron, ¡que no estén a la vista! y disminuir los alimentos altos en harinas refinadas, grasas industriales, azúcares y edulcorantes artificiales, pues estos últimos provocan una falsa y aguda necesidad de “seguir comiendo lo que no se debe” aportando más perjuicios que otra cosa. Los días que no corresponden a “Festividades” habría que decantarse por menús ligeros, nutritivos y saludables, como ensaladas, verduras, hortalizas frescas, purés, caldos de vegetales con carnes y/o pescados, semillas, frutos secos, carnes, pescados, mariscos, tortillas variadas, lácteos naturales fermentados,.., evitando las harinas refinadas, dulces, refrescos, alcohol, cereales industriales, productos ultraprocesados, etc., siendo conscientes de que “comer de forma saludable no está reñido con una rica y sabrosa gastronomía navideña”.