Nutrición
¿Hábitos o genes? ¡El reto Fernando!
En alimentación los cambios acontecidos en las últimas dos décadas han sido aterradores


Publicado el 02/09/2024 a las 16:32
Hoy día, en general, los niños juegan muy poco en la calle, hacen mucho más ejercicio con los pulgares frente a un móvil que dando patadas a un balón, ya no se divierten con el pilla pilla ni con las canicas ni con los desafíos psicomotores ni saltando a la comba ni echando carreras para ver si ganan a un familiar que sube en ascensor ni disfrutan con los padres de bonitos paseos en entornos naturales.
En alimentación los cambios acontecidos en las últimas dos décadas han sido aterradores. Los supermercados han triplicado la oferta de productos nutricionales y no es de extrañar que la toma de decisiones respecto a la elección sea cada vez más compleja. Los jóvenes se guían por un apetito que es estimulado por parte de una agresiva industria alimentaria que les genera ansiedad hacia un tipo de comida sabrosa, colorida, dañina y ultraartificial, una estrategia de marketing bien estudiada y, dado que quienes nos gobiernan no hacen nada al respecto, la tarea depende de quienes nos preocupamos por su SALUD.
Por mucho que las máximas autoridades sanitarias nos indiquen que la obesidad infantil es hoy una pandemia, que los casos de alergias continúan aumentando, que la diabetes tipo 2 se ha duplicado en un breve espacio de tiempo, que la salud arterial de un alto porcentaje de niños es similar a la de sus padres, que el número de suicidios es cada año mayor, que la hipertensión se ha normalizado y que las causas de muerte por el actual estilo de vida son alarmantes, se contradicen al no actuar seriamente contra varios sectores de esa parte de la industria alimentaria que están favoreciendo la aceleración de todo ello. El apetito se despierta con la vista, la manipulación, la desinformación y hay “productos” que lo provocan más que otros e instigan a “no parar” de seguir comiéndolos, gracias a los aditivos químicos que les añaden. Es la base de un negocio que va a más. La realidad indica que estamos perpetuando un sistema nutricional con muy poca solidez científica. La industria alimentaria tiene muchísima influencia en el modelo alimentario que predomina en este momento. El contexto en el que vivimos influye en nuestros comportamientos, en nuestras decisiones y va adquiriendo connotaciones muy poco saludables.
Según los datos del World Obesity Federation, plasmados en el estudio PASOS de la Fundación Gasol de 2019, España se sitúa en los primeros puestos de la lista de países europeos con mayor índice de obesidad infantil, concretamente en el cuarto lugar, solo superado por Grecia, Malta e Italia. Según la OMS, un 40% de los niños españoles tienen obesidad o sobrepeso y las madres siguen pensando que si no comen todos los días pan, pasta, arroz, cereales industriales, galletas, “leche” con cacao harinado y ultraazucarado, zumos de frutas comerciales, no van a estar bien nutridos (cuanto daño han hecho la pirámides alimenticias basadas más en intereses comerciales que científicos).
A pesar de vivir en un país que fomenta la dieta “mediterránea” son pocos los niños que consumen alimentos típicos de ella, siendo sólo un 10% de los niños españoles quienes toman verduras a diario, el valor más bajo de toda Europa. La falta de tiempo para preparar las comidas, el gusto potenciado que ofrecen los alimentos procesados, el incremento de dulces, chucherías y bebidas azucaradas, el escaso ejercicio en la calle, la falta de horas de sueño y la fatiga generalizada (como consecuencia de la mala nutrición), son las responsables del aumento de la obesidad infantil. Ello conlleva en la población más joven un aumento de diversas patologías metabólicas, fatiga crónica, anemias, alergias, molestias articulares, problemas digestivos, diabetes y varias enfermedades cardiovasculares, problemas de salud en la infancia que sin lugar a dudas repercutirán en la edad adulta y mermarán su calidad de vida futura.
Escribiendo este artículo pienso en mi infancia, en las fantásticas vivencias que tuve con mis hermanos. Los chicos fuimos muy deportistas hasta los cuarenta años, mi hermana no. Ella siempre tuvo problemas con el peso (al igual que mi madre y que mi padre a partir de cierta edad). Nosotros jamás tuvimos problemas con el peso (mi padre, al que veía muy poco, era igual que yo de joven, pero a mis años ya presentaba un sobrepeso importante y siempre me decía que con el tiempo me pasaría lo mismo). El más delgado, Fernando, que ahora tiene 57 años, fue el que más triunfó deportivamente y, a pesar de llevar un estilo de vida similar a cuando tenía 40 años, en la última década ha engordado mucho, sobre todo a nivel central, cosa que no nos ha ocurrido a los dos hermanos mayores. ¿Por qué? ¿Por genes o por hábitos? Los hermanos mayores no hemos modificado la composición corporal; perdonad, me equivoco, pesamos varios kilos menos de los que teníamos a los 25 años. Mi hermano pequeño sí que ha subido más de 25 kilos en ese periodo y ha pasado de tener menos de un 15% de grasa (a los 40 años) a pasar del 30% a día de hoy con 20 centímetros más de cintura. ¿Genética? ¡No!, somos muy parecidos. Recuerdo que cuando empecé la carrera de INEF en Madrid tenía 17 años y rondaba los 74 kilos. Han pasado 41 años y mi actividad física se ha reducido notablemente respecto a ese periodo de juventud (no se parece ni de lejos); sin embargo, en estos momentos estoy con un kilo menos que a los 17. ¿Me alimento igual que por aquel entonces? Rotundamente no.


¿Es normal coger peso con la edad? No debería serlo, aunque es lo que le ocurre a la gran mayoría cuando sigue un estilo de vida industrial, comodón, alejado de lo saludable y de lo ancestral, por lo tanto la razón principal es ambiental, el asentamiento de malos hábitos disfrutadas con actividades sedentarias rodeadas de constantes picoteos. La fisiopatogenia de la obesidad es muy compleja y todavía estamos muy lejos de descubrir todos los genes implicados, cómo interaccionan entre ellos, la resistencia de todas las hormonas involucradas, las cepas bacterianas que influyen en su génesis, la química cerebral que modifica nuestros comportamientos hacia la elección de las comidas, etc. Lo que está claro que el ESTILO DE VIDA marca mucho más y ahí podemos actuar con las herramientas que ya conocemos. Actividad, motivación, gestión emocional y HÁBITOS nutricionales provechosos, disfrutando de la inmensa cantidad de alimentos que nos ofrece el entorno, donde puedes llevar a cabo una gastronomía variada, placentera, nutritiva y salutífera, apartada de la gran manipulación industrial cuyo objetivo principal no es precisamente fomentar la salud.
Estoy en contra de todas las “dietas”, de los llamados “superalimentos”, de las crecientes “nuevas tendencias”, de las “pastillas mágicas”, del poco respeto a nuestra fisiología, de los “malos hábitos entrenados desde la infancia” y de tanta “artificialidad nutricional”. Y estoy muy a favor de la educación, de los ALIMENTOS carentes de etiquetas, de ir a un supermercado y no perder el tiempo en mirar productos hiperaditivizados, edulcorados, azucarados, repletos de grasas transesterificadas, DAÑINOS para nuestras células. No es normal tener hinchazón, molestias digestivas, exceso de gases, hígado graso, fatiga, olvidos, tristeza y hemos de tomar conciencia de que lo que comemos tiene CONSECUENCIAS a nivel fisiológico, metabólico y neuronal.
Las mal llamadas “dietas”, que resultan un insulto hacia los sistemas nutricionales personalizados, no enseñan hábitos alimentarios o estilos de vida saludables y, al dejarlas, se produce un aumento de tejido graso que supera al que se tenía antes de iniciarlas, con una pérdida de masa magra y una desmineralización, además de generar deficiencias en micronutrientes esenciales, lo que conlleva a una caída en la energía vital.
El ser humano debe comer “principalmente” ALIMENTOS sin etiquetas (verduras, hortalizas, brotes, semillas, frutos secos, huevos, pescados azules y blancos, carnes, frutas, fermentados naturales, cereales salvajes, legumbres...,) y debe ELIMINAR (según el contexto fisiológico, sus respuestas metabólicas, su estilo de vida y su deterioro orgánico) harinas, alimentos ultraprocesados, bollería, embutidos grasos, lácteos coloridos, bebidas vegetales dulzonas, comestibles repletos de azúcares, refrescos azucarados y/o edulcorados, bebidas alcohólicas, PRODUCTOS ADITIVIZADOS ILEGIBLES, por el simple hecho de que muchos no están adaptados a ellos y si algunos creen que lo están, que se midan el perímetro de la cintura umbilical (que debe ser mucho menor que la mitad de su altura), que observen su salud intestinal, su grado de inflamación, si padecen dolores crónicos y que valoren la energía con la que conviven diariamente.
Estar a “dieta” ¿qué significa?, ¿comer mejor o reducir la cantidad de los productos NOCIVOS que ingerimos? Reducir harinas refinadas, azúcares, grasas de baja calidad, edulcorantes, snacks, bollería, refrescos, bebidas alcohólicas, productos repletos de colorantes y aditivos químicos no es estar a “dieta”. Eso es simplemente “seguir comiendo mal, pero en menores cantidades”.
Las enfermedades relacionadas con la nutrición y el actual estilo de vida, son hoy en día la mayor causa de muerte en las sociedades desarrolladas. Enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes, osteoporosis, varios tipos de cáncer, alteraciones en el metabolismo de los lípidos, enfermedades degenerativas, patologías autoinmunes, etc., están relacionadas con la alimentación y con nuestra forma de vivir. Gran parte de la población tiene hábitos incorrectos asentados desde la infancia, difíciles de modificar y son precisamente esos hábitos repetidos a diario, los que llevarán a medio plazo a la aparición de las enfermedades señaladas, las cuales siguen incrementándose cada día. Qué comemos, cómo comemos, cuánto y cómo nos movemos y hasta qué comieron y cómo se movieron nuestros antepasados, va a influenciar en las respuestas que el organismo da frente a diferentes situaciones. La forma en que se expresan muchos de nuestros genes va a depender del estilo de vida que llevamos, incluso del estilo de vida que llevaron nuestros ancestros y es por ello que muchos de los procesos metabólicos que se producen en el organismo tienen una mayor o una menor eficacia metabólica. ¿Por qué ante el seguimiento de una dieta unos responden mejor que otros? ¿Por qué ante la realización de un programa deportivo, unos responden mejor que otros incluso con mucho menos esfuerzo? Quizá la respuesta está en los genes, en la manera en que estos se expresan ante diferentes situaciones y es por ello que no todo vale para todos; éste es el principio de la variabilidad individual.
Uno nace con una genética determinada, ésta no se puede cambiar; pero el modo en que se expresan muchos de nuestros genes depende de NUESTRO ESTILO DE VIDA. Así por ejemplo, no es lo mismo comer despacio, feliz y en buena compañía, que hacerlo enfadado, de forma violenta y sin apenas masticar. A pesar de que los nutrientes ingeridos son los mismos, la cantidad absorbida será inferior en el segundo caso; los mecanismos hormonales se alteran dificultando el proceso digestivo, haciéndolo menos eficiente y posiblemente a medio plazo, de seguir así, surja una patología de índole metabólico, intestinal e incluso autoinmune. El estrés influye muchísimo en la expresión de gran cantidad de genes, afectando tanto a procesos hormonales, como a procesos metabólicos y bioquímicos, siempre con consecuencias negativas. De este modo, el llamado “mal del siglo” (si se cronifica) provoca hipertensión arterial, alteraciones metabólicas debido al exceso de secreción de catecolaminas, desarreglos emocionales, patologías autoinmunes, permeabilidad intestinal, aumento de la frecuencia cardiaca, incremento de los niveles de glucosa y grasas en sangre, una resistencia a la insulina y un envejecimeinto prematuro. A la hora de comer hay que masticar y ensalivar, hacerlo DESPACITO, activando el sistema parasimpático, bebiendo la comida y comiendo la bebida, garantizando así un buen proceso digestivo lo cual asegura una correcta absorción de nutrientes y una microbiota más saludable.
Determinados polimorfismos adquiridos a lo largo de la evolución, que unos presentan y otros no, afectan al modo en que unos responden mejor o peor ante la misma forma de comer, por lo que sería útil conocer esas variantes genéticas a la hora de personalizar las dietas e incluso a la hora de individualizar las necesidades nutricionales. Estos polimorfismos, es decir, estas pequeñas modificaciones en nuestros genes, pueden influir en la capacidad de metabolizar tanto alimentos como ciertos nutrientes, así como en la capacidad de inactivar y eliminar sustancias extrañas para el organismo. No todos absorbemos, metabolizamos y eliminamos los nutrientes de la misma manera. Así por ejemplo, planificar un menú con la intención de reducir el nivel de triglicéridos, el de colesterol o el porcentaje de grasa corporal, dará diferentes resultados en diferentes individuos. No todos responden igual. Los hay normo-respondedores, que consiguen resultados aceptables; los hay hiper-respondedores, que consiguen resultados fantásticos y los hay hipo-respondedores, que consiguen resultados negativos, incluso puede que incrementen los marcadores evaluados. La respuesta, como he señalado, está en las diferentes variantes genéticas que poseen y que hoy día no se conocen en profundidad. Por lo tanto, genotipos distintos responden de manera diferente a un mismo planteamiento nutricional y ante el desconocimiento de sus variantes genéticas, no queda otra que realizar recomendaciones generales que sirvan para la mayoría, con lo que seguramente un porcentaje de personas con genotipos hipo-respondedores no consigan los resultados deseados y se desmoralicen abandonando el planteamiento nutricional inicial. ¿Por qué hay personas que abusan de las grasas saturadas y de los azúcares y no presentan cifras altas de triglicéridos y sin embargo otros que comen de forma saludable presentan niveles elevados en este aspecto?
Dietas con mayor o menor proporción de hidratos de carbono; con mayor o menor proporción de grasas; con mayor o menor proporción de proteínas; dieta macrobiótica, disociada, mediterránea, vegetariana, cetogénica, hipocalórica, ovolactovegetariana; dieta de la zona; de la luna; del abecedario; de la piña; de los puntos; de la sopa; del limón; de la orina; de la mochila; de la bella durmiente,….Cientos, miles de dietas y las que quedan por surgir y todavía muchos no atinan con la que les funciona. Gran parte de ellas totalmente absurdas. Así que queda por pensar, que la que siempre funciona (a pesar de no conocer con exactitud todas las variantes genéticas que cada uno tiene en su genoma y que están relacionadas con el metabolismo y la oxidación de las grasas), es volver a la dieta ancestral. ¿Qué comíamos hace 20.000 años? (un periodo muy pequeño del total de la existencia del ser humano). Malo no sería, hasta aquí hemos llegado. Soportamos cientos de incomodidades, salimos adelante siendo hijos del hambre, padecimos y luchamos contra lo que no está escrito. Hemos llevado una dieta omnívora más de un millón de años.
¿Qué comíamos y qué bebíamos? No es difícil de imaginar, tan sólo hace falta coger una tienda de campaña y pasar una temporada en plena naturaleza para descubrir las vicisitudes que ha pasado el ser humano desde que existe hasta hace apenas unos años. Ahí seríamos capaces de descubrir lo que nuestros genes han soportado durante ese largo periodo de nuestra existencia. Así que para quienes las demás “dietas” no funcionan, pueden ir a un supermercado y llenar los carros de sus compras con aquéllos alimentos que ingeríamos en aquéllas épocas, y el resultado será positivo. Incluso podríamos llevar un estilo de vida más ancestral en otros aspectos. No es malo pasar un poco de frío de vez en cuando, ni es malo pasar hambre de vez en cuando, ni moverse un poco más en acciones cotidianas (uso de las escaleras, pasar del mando de la tele, paseos largos, juegos diversos,…) de vez en cuando, porque lo que está muy claro, es que las comodidades acomodan nuestros genes y deberíamos despertar muchos de ellos, “de vez en cuando” o mejor dicho, más a menudo, ya que la evolución de nuestra alimentación no se corresponde con la de nuestra genética; en pocos años hemos introducido alimentos y sustancias a las que nuestro código genético no ha tenido tiempo de adaptarse y en unos se nota más que en otros.
Dejo aquí diez consejos que se me ocurren como Nutricionista para mejorar tu SALUD:
1- Compra ALIMENTOS que nutran, evitando PRODUCTOS con alta carga en harinas y aditivos químicos,
2- hidrátate con agua o infusiones sin endulzar fuera de las comidas,
3- elige un sistema nutricional adaptado a tus características metabólicas,
4- mastica y ensaliva cada bocado como si fuera el último,
5- no piques nunca,
6- descansa bien y trabaja tu paz interior,
7- trata de pensar en positivo,
8- socialízate alejándote de la gente tóxica,
9- toma el sol de forma moderada, procurando de cuando en cuando vivir el amanecer
10- y muévete.


Y he aqui el “RETO FERNANDO” (perder siete kilos de grasa en diez días, que es el tiempo que vino a visitarme desde Tenerife) LOGRADO con cariño, motivación y alegría. Un desafío para demostrar que, a partir de ahora, debe cuidarse más y modificar algunos hábitos por SALUD.
Mi hermano lo ha demostrado, cuando casi nadie apostaba por él. Ha perdido en solo diez días los 7 kilos propuestos y más de 8 kilos de grasa gracias a un exhaustivo programa nutricional y la realización de un intenso y personalizado programa de ejercicio. Reducir un 6% su peso y un 20% su grasa corporal en tan corto periodo de tiempo parece MAGIA, pero no lo es, simplemente es cuestión de COMPROMISO, ACTITUD, CONOCIMIENTO y FE en los principios de "Aliméntate con Sentido Común" que además de ello aporta SALUD. ¿Es aconsejable perder tanto en tan poco tiempo? NO, pero es una forma de demostrar qué capacidad tiene su cuerpo para cambiar parámetros antropométricos y fisiológicos. A partir de ahora deberá llevar a cabo un PROGRAMA PERSONIFICADO con la finalidad de mejorar su salud, donde la alimentación, ejercicio, descanso y ACTITUD deben estar a un nivel superior al que tenía hace dos semanas. En este bonito vídeo se van viendo los cambios en el día a día con un grado de compromiso del 100%. ¡Espero que os sirva a aquellos que necesitáis un EMPUJÓN!
Dicen que soy polémico porque no creo en las tendencias actuales, porque pongo en duda mucho de lo que escucho, porque utilizo más el sentido común que las indicaciones de una “ciencia mangoneada”, porque personalizo las pirámides nutricionales restando importancia al consumo de cereales y porque creo firmemente que el ser humano no debe comer “un poquito de todo” ni beber cualquier cosa. Si ser polémico significa ser coherente, pues lo soy y lo seguiré siendo; quizá sea el resultado de haber ido un poco más allá de la formación academicista.
¿Y cómo se va mi queridísimo hermano Fernando tras esta corta y enriquecedora experiencia? ¡MÁS SANO!, desinflamado, con menos dolores, sin las molestias digestivas que hace antes padecía, con OCHO kilos menos de grasa y muy concienciado del camino que ha de llevar. Dejemos de culpar a los genes, a la edad, a las relaciones sociales, al contexto, a los políticos y empecemos a creer más en nosotros y en nuestros HÁBITOS.

