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El ejercicio como fármaco

Existen indicios de que el ejercicio previene enfermedades

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Javier Angulo

Actualizado el 29/11/2023 a las 17:20

En los últimas cinco décadas hemos modificado nuestro estilo de vida y lo hemos vuelto mucho más sedentario, en general, gracias a los innumerables avances tecnológicos que nos han inducido a un acomodamiento fisiológico. Existen cientos de evidencias científicas que sitúan al ejercicio (pieza esencial para gozar de una buena SALUD metabólica, fisiológica y MENTAL) como elemento indispensable en la prevención de varias de las enfermedades de la era moderna. Y de esto sabe mucho la neurociencia, de cómo las sustancias segregadas a nivel muscular al realizar “cualquier tipo de ejercicio” influyen de forma positiva en TODOS los órganos del cuerpo, incluyendo al cerebro donde se facilita, entre otras cosas, una neurogénesis hipocampal, lo cual resulta sumamente interesante en todos los grupos de población. Nos encanta la silla y ya hay estudios que indican que estar más de ocho horas sentados duplica el riesgo de patología cardiovascular, reduce el metabolismo, favorece la resistencia a la insulina y la lipogénesis, incrementa la inflamación e induce a sarcopenia, reduce la masa ósea, genera problemas de equilibrio y baja el tono de la musculatura paravertebral, razones por las que aumenta el dolor en la espalda y aparecen patologías lumbosacras. Vivimos una “pandemia” de sobrepeso, obesidad, estrés, fatiga e inactividad que desgraciadamente “VA A MÁS”

De modo general existen cuatro tipos de ejercicio, todos ellos con sobresalientes efectos sobre la salud. El ejercicio RECREATIVO, que además de divertir, manifiesta efectos ansiolíticos (entre otros), el ejercicio AERÓBICO, que presenta efectos cardiosaludables y lipolíticos, el ejercicio de FUERZA, que muestra efectos sobre la protección ósea y la densidad muscular y el ejercicio COMPETITIVO, que posee efectos sobre la autoestima y el desarrollo personal.

Programa semanal
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El problema surge en “qué dosis dar a cada individuo de cada tipo de ejercicio” para lograr sus innumerables beneficios y que este precepto no sea ni generalizado ni ambiguo. La prescripción por parte de los facultativos resulta obsoleta y no vale con decir “haga usted ejercicio” o “vaya usted a nadar” o “muévase más” pues lo adecuado sería dar pautas individualizadas usando la posología correcta. Es como si el médico dijera: “tome usted metformina, diuréticos, estatinas y omeprazol pues tiene la glucemia en 130 mg/dl, la tensión por las nubes, el colesterol elevadísimo y mucha acidez estomacal” sin decir cuánta dosis, ni el momento de la toma, ni el cómo ingerir las pastillas, ni el tiempo de tratamiento y sin realizar una posterior evaluación al respecto.

Seis ejercicios de fuerza autocarga
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Seis ejercicios de fuerza autocarga
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Lo importante de la recomendación es la posología, el qué, el cuánto, el cuándo y el cómo y en ello estamos muy verdes todavía. Los beneficios del ejercicio son tantos que sería imposible plasmarlos en cinco páginas, pero “el ejercicio como fármaco” también presenta efectos secundarios que pueden agravarse en caso de abusar de la dosis o en el caso de cometer errores en el qué hacer, en el cómo o en el cuándo. Si el ejercicio resulta frecuentemente EXTENUANTE, si la ejecución técnica es habitualmente INCORRECTA, si el grado de motivación hacia la actividad es continuamente NEGATIVA, si los movimientos se realizan regularmente con mucho DOLOR, ello supone un enorme ESTRÉS FISIOLÓGICO que acarrea efectos secundarios con repercusiones contrarias a los beneficios indicados en el prospecto original. Precisamente los efectos beneficiosos del ejercicio diario bien pautado son los contrarios a los efectos perniciosos del estrés cronificado a nivel de eficacia mitocondrial, regulación hormonal, neurotransmisión, microbiota intestinal, equilibrio emocional, teniendo un impacto devastador sobre la salud fisiológica y la salud mental.

Un ejercicio mal pautado, mal ejecutado, a intensidad excesivamente elevada, realizado en el momento inadecuado no es recomendable puesto que daña más que cura. Los profesionales del deporte y de la actividad física son quienes deben diseñar los programas de entrenamiento y pautar la dosis correcta del mejor “fármaco” conocido, cuyos beneficios para la salud son tantos que ninguna compañía farmacéutica podría fabricar nada parecido. La posología es tan amplia como la variabilidad individual existente y lo complicado es atender a la diversidad con total grado de éxito. La ciencia avanza en este sentido pero todavía los indicadores de medición son poco usados y la evaluación sobre variables relacionadas con la salud y el rendimiento se hacen necesarias para seguir progresando.

El diseño de programas sencillos y eficaces para las personas con peor acceso y menor conocimiento ayudaría a mejorar la salud en los grupos de población más desfavorecidos. Reducir peso graso afecta positivamente a la salud fisiológica y metabólica, regulando parámetros de inflamación, sobrecarga articular, equilibrio homeostático y modulación de la tensión arterial y ganar masa muscular optimiza la salud ósea y “rejuvenece” el eje hormonal aumentando la densidad de los huesos, el metabolismo basal, la sensibilidad hormonal, la glucemia y el estado anímico.

Un programa “hipotético” indicado para un adulto de 60 años que tiene mucho estrés, con muy bajo nivel de condición física, sobrepeso central, hipertensión y mala calidad de sueño podría ser algo similar a éste.

Y no olvidemos que las tasas de obesidad entre niños y adolescentes no paran de aumentar (en los últimos cuatro decenios se han multiplicado por diez). Lo mismo ocurre con la diabetes tipo 2 que se ha incrementado en un 60% en las tres últimas décadas, la hipertensión empieza a ser cada vez más preocupante, la fatiga crónica es algo que se ha instaurado en un alto porcentaje de nuestros jóvenes, la depresión ya es una epidemia que continúa increscendo (y los suicidios van al alza), las patologías carenciales siguen proliferando y, todo ello debido principalmente a un estilo de vida muy sedentario, con un alto enganche a las pantallas digitales, que selecciona peor lo que come y que se inicia mucho antes al consumo de tabaco, de alcohol y de otras sustancias adictivas. Si pretendemos incidir positivamente en la SALUD de toda la población, usemos de forma segura la mejor herramienta que tenemos ¡EL EJERCICIO! y que seamos los profesionales de la actividad física y el deporte quienes realicemos los programas “pautando la dosis más eficaz con el menor riesgo posible”. 

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