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Efecto farmacológico de los alimentos

La compra de alimentos debería realizarse en función de la necesidad corporal

Ampliar Javier Angulo y los efectos farmacológicos de la alimentación
Javier Angulo y los efectos farmacológicos de la alimentaciónDN
Publicado el 29/06/2022 a las 20:45
Entras a un supermercado y te encuentras cientos de alimentos y productos industriales que vas introduciendo en el carro de la compra. Parte de ellos repletos de vitaminas, minerales, fibra, grasas, proteínas, probióticos, agua y muchos otros productos envueltos en envases atractivos y con altas cantidades de azúcares, harinas, grasas transesterificadas, jarabes, potenciadores de sabor, colorantes, edulcorantes, conservantes, aromas, emulsionantes, etc., que se emplean para mejorar la textura, el aspecto, la frescura, la duración o el sabor de todos ellos.
Cuando entras a una farmacia, se supone, compras el medicamento que te corresponde, no vas eligiendo a boleo aquellos que te van apeteciendo y aunque los envases sean atractivos tienes cuidado puesto que “no los necesitas” ya que “sabes” que tienen un alto riesgo para la salud puesto que poseen numerosos efectos secundarios que se multiplican si abusas y los mezclas a tu gusto. Y cuando te dispones hacer la compra al supermercado deberías saber que el carrito que conduces ha de contener los alimentos que necesitas en función de tu composición corporal, de tu salud metabólica y de tu actividad física diaria. Alimentos que aportan nutrientes y energía, acordes a tu gasto calórico, a tu flexibilidad metabólica y a tu fisiología, puesto que hay muchos “productos alimenticios” que tienen numerosos efectos secundarios, principalmente aquellos que contienen mezclas de harinas, grasas, azúcares y sal, que resultan apetitosos, enganchan y desequilibran el eje hormonal en aquellas personas más desfavorecidas metabólicamente.
Imagino que todos sabéis que una persona tiene en su sangre entre tres y cinco gramos de glucosa, en función de su peso y de su porcentaje de grasa corporal, ¡no más!, aunque en un diabético mal regulado estas cifras pueden doblarse e incluso triplicarse. Y supongo que también conocéis que la excesiva glucosa en sangre mantenida en el tiempo produce daños orgánicos, en ocasiones, irreparables. Y es que hay productos alimentarios que matan.
También deberíais saber que muchos deportistas en entrenamientos de larga duración o en competiciones utilizan geles de glucosa cada hora de actividad intensa y estos geles suelen contener entre 20 y 25 gramos de glucosa y eso es porque lo necesitan, no por placer, es decir, esa glucosa ingerida tiene un efecto beneficioso para prevenir episodios de hipoglucemia durante la actividad y para seguir manteniendo un alto ritmo en el entrenamiento o en la competición. Pero eso no lo debe consumir una persona estando en inactividad porque le plazca (sería como ingerir un medicamento cuando no le corresponde) ya que provocaría multitud de efectos secundarios perniciosos sobretodo en quienes tienen una mala salud metabólica o un exceso de grasa a nivel central, lo que por desgracia hoy día supera el 50% de la población.
Javier Angulo y los efectos farmacológicos de los alimentos
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A ello se suma que a mayor edad, a menor grado de actividad y en estados depresivos la situación se agrava y hemos de saber que nadie toma un gel de glucosa de 25 gramos por capricho, cuyo sabor puede ser similar a la miel sino que lo hace por necesidad. ¡Los deportistas lo usan cuando lo necesitan! Y no es tan sencillo precisar el momento en que han de hacerlo.
Si yo ahora tomaría un gel inundaría mi sangre de glucosa provocando una hiperglucemia a lo que el cuerpo respondería elevando bruscamente la insulina, una hormona que regula las glucemias para colocar la glucosa en los niveles de equilibrio fisiológico. El problema es que en quienes poseen una mala salud metabólica existe una resistencia a la insulina y las hiperinsulinemias se pagan caras, puesto que no terminan de metabolizar esa hormona que resulta dañina si se mantiene mucho tiempo en sangre con una eficacia baja (lo que ocurre cada vez a más parte de los mortales), provocando captación de grasa (la insulina es muy lipogénica), inflamación, depresión inmunitaria y daños en el endotelio vascular.
Nadie debe tomar un gel por deseo o por antojo y menos aún quienes tienen “tripa”. Pero lo que la gente desconoce es que muchos “productos” de venta en supermercados contienen más azúcar que un gel, que dos y que cinco y todas las festividades se celebran con ellos, los desayunos ídem de ídem y los postres generalmente azucarados, lo que en ocasiones equivale a consumir varios geles “de golpe”. Los picoteos constantes fuera de las comidas también van en esa dirección, la de inundar el torrente sanguíneo de glucosa y los cereales procesados, el pan, las mermeladas, los refrescos, los snacks, los lácteos de sabores y tantos y tantos que no voy a nombrar aquí contienen más azúcar que los “geles deportivos” o sea, que hacen la acción de un medicamento para prevenir las hipoglucemias en deportistas finos que realizan actividad intensa y lo consumen en el momento adecuado. Este es el efecto farmacológico de los alimentos, que provocan reacciones que resultan dañinas en determinados grupos de población cuando lo convierten en rutina.
¿Te tomarías dos geles de postre en forma de tarta en un cumpleaños? ¿Y otros tres en forma de rosquillas en San Blas? ¿Y el 6 de enero cuatro de postre en forma de Rosco? ¿Y en una comida familiar uno en la cuajada en forma de miel? ¿Y en una cerveza con limón o dos o tres porque es lo que hay que hacer los viernes y los sábados y …? Las reacciones fisiológicas son las de cronificar hiperglucemias con hiperinsulinemias constantes, lo que pasa es que no lo sabemos o no queremos saberlo.
De ahí que cuando uno busca un resultado ha de afinar en la selección nutricional. Uno ha de aprender a elegir lo que te corresponde. Quizá de joven la alta salud metabólica le proteja pero con el paso de los años debe aplicar su SABIDURÍA  y ha de comer en función de cómo está y de lo que hace.
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