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La educación física y la educación nutricional: claves en el desarrollo futuro de nuestros alumnos

El confinamiento y los hábitos poco saludables hacen que, con la llegada del verano, se busquen dietas

Javier Angulo.
Javier Angulo nos habla de dietas y ejercicio físico.
DN
Actualizada 17/06/2020 a las 11:09

Ya llegó el verano y, tras una larga etapa de confinamiento, poca movilidad y demasiados picoteos, una parte importante de la población ha sumado peso. Tras ello decenas de miles de personas piensan ¡no queda otra que “cuidarse”!, por lo que deciden buscar una “dieta” que les solucione el problema. Unos acuden a profesionales (Dietistas-Nutricionistas), como debe ser, y otros siguen los consejos de algunas revistas de moda, programas televisivos, vecinos, amigos o se inventan la suya propia reduciendo comida o fabricando una extravagante “nueva dieta”. El principal problema es que la mayoría de esas “dietas” impersonales no enseñan hábitos alimentarios o estilos de vida saludables y al dejarlas se produce un aumento de peso, que superará al inicial, además de una pérdida de masa muscular con posibles deficiencias en nutrientes esenciales. ¡Lo de siempre! 

Es por lo que reiteradamente insisto en la importancia de trabajar un “cambio de actitud” modificando el estilo de vida y de comida, acudiendo a especialistas en la materia que con su conocimiento, experiencia y buen hacer, establecerán unas pautas dietéticas con la seguridad de que serán funcionales, saludables, evitarán la sarcopenia y una situación de déficit nutricional.

La obesidad va en aumento y las consecuencias a largo plazo para la salud ya las conocemos o al menos las deberíamos conocer. Así, por ejemplo, en esta pandemia por Covid-19, durante la fase inicial, el pronóstico para quienes padecían enfermedades metabólicas y obesidad ha resultado catastrófico. El confinamiento ha provocado mayor peso graso en niños y adolescentes y una merma en su condición general. La reducción de actividad física ha generado más problemas metabólicos y músculo esqueléticos en todos los rangos de edad. Hemos aumentado las horas de sillón, hemos visto más televisión, hemos usado más el móvil, hemos comido peor picoteando en exceso, algunos se han hecho adictos al alcohol, hemos eliminado casi por completo el contacto con la Naturaleza, apenas nos hemos movido y todo ello por disciplina social. Ahora es el momento de evaluar las consecuencias y desde luego que las ha habido, entre ellas un incremento del sobrepeso, mayor uso de medicación, una ansiedad generalizada y una reducción de la condición física.

Los niños obesos serán adultos muy obesos. La grasa excesiva en la región abdominal implica grasa infiltrada en órganos como el hígado, el páncreas, el riñón, el corazón, el músculo y todos ellos van perdiendo de forma progresiva su eficacia metabólica y bioquímica. El desconocimiento de los padres en relación a la adherencia hacia hábitos saludables influye negativamente. Los niños heredan malos hábitos alimentarios, abusan de tecnologías lúdicas sedentarias, se mueven poco y ello hará de la obesidad infantil una pandemia difícil de parar.

Los que somos profesionales de la Educación Física conocemos bien esta realidad e insistimos e insistimos fomentando una Educación basada en valores, respeto, movimiento y mejores hábitos. Y precisamente estos son los más baratos, ya que hidratarse con agua, jugar a través del movimiento, entrenar la condición física general, fomentar el contacto con la naturaleza, evitar el picoteo y llevar a cabo una alimentación que sacie y nutra (verduras, hortalizas, legumbres, cereales integrales, huevos…) es más económico de lo que parece.

Ya sabemos que el ejercicio, además de sus efectos fisiológicos sobre el gasto energético, aporta innumerables beneficios para la salud física y mental. Contribuye a mantener los huesos, las articulaciones y los músculos sanos; potencia el rendimiento físico al incrementar el estado de forma inicial; fortalece la musculatura de sostén; proporciona una mayor funcionalidad y una menor dependencia futura; disminuye la posibilidad de desarrollar una diabetes mellitus tipo 2; reduce el riesgo de accidente cardiovascular; permite mantener las cifras de tensión arterial en valores óptimos; regula las cifras de colesterol total y de triglicéridos, elevando las lipoproteínas HDL-colesterol (un factor de protección cardiovascular); aminora el riesgo de padecer diversos tipos de cáncer (colon, mama, esófago, útero, ovario, riñón y páncreas); facilita cambios positivos en la composición corporal; evita el descenso del metabolismo energético que se produce con los años; induce a un sueño reparador; mejora la sociabilidad; beneficia la autoestima y los síntomas de ansiedad y depresión; favorece la maduración del sistema nervioso central y el desarrollo de las destrezas motrices; incrementa la producción del factor neurotrófico cerebral proporcionando un efecto positivo sobre la cognición y la plasticidad cerebral; estimula la atención y la concentración en los jóvenes; conlleva a un efecto placentero y relajante tras la finalización del mismo y sin lugar a dudas es el mejor “fármaco” conocido para reducir el inevitable deterioro orgánico y mental que se produce con el paso de los años. ¿Qué más se puede pedir de algo que económicamente cuesta tan poco? Los beneficios del ejercicio son tantos que la no prescripción por parte de los profesionales de la salud debería ser casi un “delito”.

La asignatura de Educación Física enseña aprendizajes y destrezas para ser activos, en definitiva, ayuda al alumnado a concienciarse de los grandes beneficios que aporta la actividad física. El juego motriz favorece el aprendizaje, es motivante a cualquier edad y lo que se practica con alegría potencia las habilidades intelectuales, mejora la plasticidad cerebral, incrementa la energía vital, la concentración y permite de ese modo una mayor asimilación.

Desarrollar la inteligencia motriz a través del juego es clave en el proceso evolutivo del joven. La Educación Física es fundamental para su psicomotricidad y para su rendimiento académico, puesto que cuerpo y mente comparten complejos mecanismos neurológicos que deben estar equilibrados.

La educación física y la educación nutricional: claves en el desarrollo futuro de nuestros alumnos

En los niños obesos a la baja condición física se suman una serie de problemas tanto a nivel orgánico como a nivel biomecánico. Problemas respiratorios, problemas mecánico-ortopédicos, problemas de ligamentos, problemas de salud. Más que ejercicios en función de la edad, podríamos hablar de ejercicios en función de su bagaje psicomotor y ello lo conocen bien los profesionales de la Educación Física, puesto que el tratamiento a la diversidad es una constante en su forma de trabajar.

Como he mencionado, la obesidad infantil es un serio problema que va en aumento y la asignatura de Educación Física cobra más importancia que nunca en estos delicados momentos, ya que educa en hábitos saludables y trata de enfocar sus contenidos principales en el desarrollo de la psicomotricidad, la higiene postural, la mejora de las cualidades físicas básicas, el respeto al compañero y a la diversidad socio-cultural, el juego como parte esencial del desarrollo y cuál es el camino hacia una forma de vida más saludable. Esto cada vez es más transcendental en una sociedad cada vez más sedentaria y con peores hábitos. A mi modo de ver es la asignatura más importante del currículum escolar y quienes se dedican a ello deben hacérselo entender así al alumnado, puesto que es la única materia que incide en la mejora de la condición física general y en la adhesión a hábitos saludables.

Un alumno de 15 años con un nivel de resistencia, fuerza y agilidad de uno de 79 no debería aprobar jamás, por su bien, a no ser que a lo largo del curso progrese de forma contundente en estas cualidades, lo cual requiere compromiso, trabajo, cambio de hábitos y adherencia al movimiento y de esto sólo se encarga la asignatura de Educación Física.

Que la ministra de Educación Isabel Celaá plantee que los centros educativos conviertan los gimnasios en aulas es un insulto a los profesionales de la Educación Física y de la Salud, en una población cada vez más necesitada de movimiento, de educación en hábitos, de higiene postural, de sentido común. Ello muestra un profundo desconocimiento de una realidad en la que las enfermedades metabólicas y las derivadas del sedentarismo (cuarto factor de riesgo de mortalidad global, sólo por detrás de la hipertensión, el consumo de tabaco y los altos niveles de azúcar en sangre) se están gestando desde la niñez. Espero que reflexione al respecto y de un giro total, puesto que quizás haya que convertir las aulas en gimnasios para fomentar una educación con más movimiento, más respeto y mejores hábitos.


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