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EL RINCÓN DE LOS EXPERTOS
EL RINCÓN DE LOS EXPERTOS

'Alimentarse con sentido común'

Javier Angulo Fernández

Javier Angulo Fernández

DN
Actualizada 23/05/2019 a las 17:07
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La energía con la que afrontamos el día a día depende principalmente de nuestra alimentación. Somos lo que comemos y tenemos la energía de lo que asimilamos. Los hay que se quejan hasta de pasear, puesto que están siempre cansados y los hay que pueden con todo y ni el paso de los años parece afectarles. La razón principal es que unos viven crónicamente desnutridos y otros no. Uno ha de ser consciente de que debe seguir un sistema nutricional acorde a sus necesidades, a su composición corporal, a su grado de actividad física, a su tolerancia alimentaria, a su mayor o menor dificultad para mantener un peso graso aceptable, a su salud intestinal y a su estado nutricional, dado que actualmente son varios millones los españoles quienes presentan carencias en nutrientes básicos, como el hierro, el magnesio, el zinc, el cromo, el iodo, la vitamina A, la vitamina B12, la vitamina C, la vitamina D, la colina, el ácido fólico y los ácidos grasos omega 3, entre otros. Son tantas las deficiencias que de seguir así llegará un momento en que será difícil encontrar a uno que no padezca alguna de ellas. Esta “enmascarada desnutrición” produce fatiga y es una de las causas de que uno pique de forma constante, buscando quizás los nutrientes que necesita y que parece ser nunca encuentra.

Estamos confundidos en la manera en la que entendemos “Nuestra propia Alimentación”, debido a la vasta información recibida por diversas fuentes (unas fiables y otras no) y la influencia enorme del marketing y de la industria alimentaria. De ahí surge este libro que no es nada convencional, no está apoyado por la industria alimentaria ni por ninguna política gubernamental, es simplemente el resultado de aplicar los conocimientos que he adquirido en mis más de treinta años vinculados a esta disciplina con otro ingrediente, el sentido común. La Nutrición es tan amplia y abarca tantas áreas que monopolizar una larga formación sólo hacia la pérdida de peso me parece un poco triste. Perder peso es lo más sencillo dentro del amplio marco de posibilidades que ofrece la apasionante carrera de Nutrición y Alimentación Humana. Rendir, tratar patologías, aumentar los niveles energéticos y mejorar la salud son objetivos mucho más amplios y complicados, así que para quien quiera aprender, disfrutar y mejorar su calidad de vida recomiendo la lectura pausada de este libro en el que cada capítulo tiene un principio y un final, no depende del anterior ni del siguiente (aunque hay un hilo conductor entre todos ellos), así que tienes uno para leer cada día.

¿Qué es mejor desayunar? Pues va a ser que depende. En principio la respuesta sería “aquello que esté provisto de la mayoría de los nutrientes esenciales”, los cuales nuestro organismo no puede fabricar. Las reacciones metabólicas dependen en gran parte de ellos y la simple carencia de uno de ellos resta eficacia al funcionamiento del organismo. ¿Cuánta cantidad de hierro, de zinc, de vitamina A, de ácidos grasos omega 3, de colina, de magnesio y de vitamina D hay en unas galletas con mermelada junto a un café con leche desnatada y azúcar o sacarina? ¿Y este es el desayuno típico de una parte importante de la población española? ¿Y ya provee de la energía suficiente para afrontar una larga jornada de trabajo o de estudio? Y luego a media mañana quien está “desnutrido” (unos cuantos millones en nuestro entorno) busca otro chute de cafeína para seguir funcionando: “Es que sin un café no soy persona”. ¡Pues habrá que serlo, pero sin necesidad de “estimulantes”! Debemos plantearnos lo que pretendemos con ese desayuno, si vamos a practicar deporte a la mañana, si lo que queremos es perder grasa, si lo que buscamos es encontrarnos más enérgicos, si estamos en el proceso curativo de una patología y no sólo el satisfacer unas papilas gustativas que están alteradas por intereses comerciales desde la más tierna infancia. Es lógico que el desayuno de una persona con celiaquía, otra con alergia a los lácteos, otra con intolerancia a la fructosa, un deportista profesional ectomorfo, una con obesidad mórbida, una con diabetes de tipo 2, otra con anemia grave, una con fibromialgia, un albañil mesomorfo, y un administrativo sedentario, no debería ser el mismo. ¿Café con galletas para todos? ¿Pan con mantequilla y mermelada con más café? Desde luego que hay alternativas mucho mejores. Comer adecuadamente no está en contra del placer gastronómico, tan sólo es cuestión de aprender a elaborar multitud de menús con los excelentes ingredientes naturales y saludables que nos ofrece nuestro querido planeta.

No existe una “Dieta óptima para todos”, ni una pastilla mágica que te haga más inteligente, ni otra que te regule el peso y mejore tu calidad de vida, lo que existe es “un rango amplio de dietas adecuadas en función de múltiples factores: grado de actividad física, estilo de vida, variantes genéticas, epigenéticas, metabólicas, microbianas, económicas, culturales y sociales de cada individuo”. No todos responden igual ante un mismo sistema nutricional y es por ello que cada uno ha de adaptar su alimentación a todas las variables mencionadas.

Bajar peso no debería ser el objetivo final de una “dieta”, sino nutrir cada una de las células de nuestro organismo y hacerlo más flexible en su metabolismo. Se puede perder peso de muchas maneras. Si uno deja de comer se cataboliza; su cuerpo sería similar al de alguien que sufre de malnutrición en el tercer mundo o al de uno que sufre las consecuencias de una larga estancia en un campo de concentración. Así que esa forma de comer queda descartada. ¿Acaso la báscula es un buen indicador del éxito de una “dieta” o un buen indicador del estado nutricional de quien se somete a ella? Reducir y reducir calorías es fracasar a medio plazo y generar obsesión hacia la comida. Ello no educa. Sólo funcionan los sistemas personalizados que tengan en cuenta las variables mencionadas anteriormente.

Todos quienes aquí aparecen modificaron sus hábitos nutricionales por diferentes motivos. Y el resultado está a la vista. Aprendieron que no vale con comer un poquito de cualquier cosa ni con cenar lo que pillan con la excusa de que a la noche están ya muy cansados para prepararla como es debido. Y consiguieron lo que se propusieron. A medida que vas haciéndote mayor has de asentar tu propio sistema nutricional. Ello te protegerá de esos kilos de más que parece ser que una gran mayoría acumula con el paso del tiempo.

La actitud positiva acelera la respuesta. Son muchas las sustancias químicas que se segregan con el optimismo y éstas son determinantes en el modo en que uno pierde grasa y gana en salud, de ahí que la predisposición personal sea el factor más importante a la hora de plantearse un cambio. Cuando uno comienza a comer se generan en el cuerpo multitud de sustancias químicas a nivel digestivo, enzimático, hormonal e hipotalámico. El hecho de picar tras haber comido inicia una serie de reacciones internas con una nueva secreción de sustancias que terminan agotando todos estos sistemas. No se debe comer tras comer, hay que dejar reposar a nuestro querido y sensible aparato digestivo.

De alguna manera “somos lo que comemos” pero, la verdad, en demasiadas ocasiones, “no comemos lo que deberíamos comer” de acuerdo a nuestra genética. Durante nuestra evolución ha cambiado algo nuestra estructura anatómica, hemos modificado totalmente el estilo de vida y en forma más marcada nuestra alimentación, pero con un patrimonio genético preparado para otro estilo de vida y otro tipo de alimentación, lo cual de alguna manera a unos “pasa mayor factura”. Ha cambiado el ambiente, ha cambiado el entorno, pero no debemos olvidar que nuestra genética sigue siendo la misma.

Parece ser que hemos olvidado de dónde venimos y de la suerte que tenemos de poder elegir entre alimentos de calidad y productos repletos de aditivos, potenciadores de sabor, harinas refinadas, azúcares y grasas adulteradas. En nuestra sociedad disponemos de infinidad de mercados de alimentos, el problema es que muchas veces no elegimos bien lo que compramos.

Debido a nuestro alocado estilo de vida dedicamos tan poco tiempo a comer como a la preparación de los platos que vamos a ingerir. No es sólo importante el qué comemos sino lo es tanto o más el cómo lo hacemos. Comer no es una carrera que tenemos que hacer en el menor tiempo posible, aquí el reloj sobra. De no hacerlo así surgen a la larga multitud de patologías digestivas, carencias enzimáticas, hinchazones, reflujos, úlceras… que tienen solución en la concienciación, en la correcta masticación y en la adecuada insalivación de todo lo que entra por la boca.

Cuando te sometes a un sistema nutricional, el objetivo final debe ser la adaptación. El cuerpo ha de someterse a diferentes comidas y situaciones para encontrar distintas respuestas y mejorar así su flexibilidad metabólica. Esa es la clave del éxito; “la adaptación orgánica y la rápida recuperación de la homesotasis”. Estar bien nutrido, con un peso adecuado y una alta energía, sin la horrible sensación de “estar a dieta”, preparando a nuestro organismo para hacerlo más rápido y eficaz en su funcionamiento.

Este libro está dirigido a toda la población. Son siete capítulos y cada uno de ellos está dividido en varios subcapítulos que dan información suficiente para disponer del conocimiento y de las herramientas necesarias para afrontar un cambio de hábitos. A mejor, por supuesto. Hay menús semanales en varios de los capítulos. Los hay para perder grasa, para estar bien nutridos, para los que son inflexibles en su metabolismo, para quien padece problemas digestivos y quiere solucionarlos, para todos aquellos que tienen interés por aprender de una Nutrición basada en “la evidencia práctica”, es decir, para quien “realmente” quiera mejorar su salud y su composición corporal. Pero lo más importante no son estos menús, es que quien lo haya leído y entendido sabrá qué hacer para encontrarse mejor y dominará su composición corporal en la medida en que haya aprendido la esencia del libro.

 

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