Política
Nadia Calviño: "Debemos acostumbrarnos a que estos 'shocks' van a ser una constante en el futuro"
Reclama unidad para acelerar la autonomía energética y de defensa europea ante el conflicto en Oriente Medio Luxemburgo


Publicado el 08/03/2026 a las 05:00
Dos años después de asumir la presidencia del Banco Europeo de Inversiones (BEI), Nadia Calviño se enfrenta a un momento crítico para Europa. Tanto como lo fue la pandemia o la guerra en Ucrania. Esta vez lo hace desde una institución clave para el refuerzo de la soberanía energética y de defensa que la región necesita para posicionarse en el nuevo orden mundial. En plena escalada de la tensión en Oriente Próximo, la exvicepresidenta económica del Gobierno atiende a este medio en Luxemburgo -donde esta semana se ha celebrado la cuarta edición del Foro BEI Group- convencida de que, por desgracia, estos 'shocks' "son la nueva realidad y serán constantes en el futuro".
La guerra en Irán sitúa a Europa en uno de sus momentos más decisivos. ¿Cómo debe posicionarse la región ante lo que parece un nuevo orden mundial?
El conflicto en Oriente Medio nos manda un mensaje muy claro: que Europa tiene que acelerar su autonomía estratégica en energía y seguridad y defensa. Y eso requiere actuar con unidad, que es nuestra mayor fortaleza.
¿No hay riesgo de que Europa quede desdibujada con distintas posiciones ante el conflicto?
La UE son 27 Estados miembros y las competencias en materia de política exterior no están transferidas, lo que explica la dificultad de coordinar las posiciones. Pero se están produciendo cambios muy profundos, un movimiento de placas tectónicas en el orden geopolítico, y todo esto nos indica que debemos hablar con una sola voz si queremos tener un papel fuerte en el diseño de este nuevo orden internacional.
También se acusó a Europa de tibieza durante las negociaciones por los aranceles
Hay mucho ruido y volatilidad, pero no debemos desviarnos del objetivo. Europa es una superpotencia económica y comercial y las empresas han demostrado una notable resiliencia, adaptándose al cambio de escenario mundial. Está en nuestra mano activar las palancas para que Europa tenga una voz fuerte. Hablamos de crear un verdadero mercado interior de 450 millones de personas para las empresas europeas; de integrar los mercados de capitales para que haya financiación y así escalar nuestras empresas; de movilizar un gran volumen de inversión y simplificar las reglas para ser más eficientes. Y también de crear alianzas fuertes con el resto del mundo.
¿Qué consecuencias económicas puede tener la tensión en Oriente Próximo?
Es pronto para saber cuál va a ser el impacto. No sabemos si el alza de los precios de la energía es permanente o será transitorio, y no debemos especular. Desde la pandemia y los siguientes 'shocks', la economía europea ha demostrado que puede navegar en aguas turbulentas. Tenemos que asegurarnos de tener la economía europea lo más fuerte y autónoma posible para capear estos 'shocks', que debemos acostumbrarnos a que son la nueva realidad y van a ser una constante en el futuro.
¿Qué papel puede jugar el BEI?
El BEI juega un papel clave. En materia de energía, en 2025 financiamos en torno al 50% de las redes eléctricas de la UE, una de cada cinco plantas solares, uno de cada tres parques de energía eólica terrestre y la mayoría de los proyectos de eólica marina. Del mismo modo, ampliamos nuestra inversión y el ámbito de proyectos en seguridad y defensa, alcanzando el 5% de la financiación total en la UE. Y tenemos que seguir en esa línea.
¿Cómo se conjuga esa mayor inversión en defensa con el objetivo de 'banco climático'?
La acción climática y la autonomía energética son también cuestiones de seguridad y defensa. Tenemos que avanzar en los dos terrenos. Hemos eliminado prácticamente la dependencia del gas ruso y eso pone a Europa en una mejor posición ante las turbulencias en los mercados energéticos globales.
El año pasado invirtieron 4.000 millones en defensa, cuatro veces más que en 2024. ¿Tenemos empresas en España capaces de absorber esos fondos?
Desde luego que sí. Tenemos acuerdos para financiar programas de investigación de Indra y Oesía, proyectos de innovación tecnológica en ámbitos como el aeroespacial, la construcción -como con la vasca Ulma- o de la alimentación, con Heura Foods. Y también apoyamos el ecosistema de capital riesgo, con alianzas como la firmada recientemente con el fondo Nazca, especializado también en seguridad y defensa. España tiene una gran capacidad en la materia y juega un papel muy importante en el refuerzo de la capacidad europea.
El BEI es el mayor banco público de inversiones multilateral del mundo. ¿Cómo afecta la situación a su estrategia?
El BEI es una gran institución, con una hoja de ruta apoyada unánimemente por los 27 Estados miembros, y ahora estamos preparando un informe de medio plazo para ver si hay que recalibrar algunos de los elementos. Pero nuestras prioridades son claras, con la movilización de las inversiones de gran escala y a largo plazo en energía, tecnología e innovación; en seguridad y defensa; en la convergencia regional, territorial y social; y en el refuerzo de las alianzas de Europa con el resto del mundo. Además de reforzar la soberanía energética de Europa, nuestro programa TechEU es el mayor de la historia para apoyar la innovación tecnológica, con el objetivo de movilizar 250.000 millones de inversión pública y privada hasta 2027.
Además de los cambios geopolíticos, estamos en medio de una revolución tecnológica y Europa no puede perder este tren. El riesgo geopolítico copa ahora los titulares. Pero hay otra gran preocupación de los ciudadanos: la vivienda. ¿Cuál es su estrategia en esta materia?
En los últimos dos años hemos doblado la financiación de vivienda en España con 2.000 millones de euros. La situación actual tiene múltiples causas, como el aumento de los costes de construcción, el despliegue de las viviendas turísticas que retiran una parte del parque de la oferta de alquiler de largo plazo o el parón de la construcción durante los años de la pandemia. También tiene que ver con cambios demográficos, el aumento de la población, el envejecimiento, los cambios en los modelos de familias, los retrasos en los permisos de construcción. Son muchas las razones que explican este fenómeno. Las competencias en este ámbito son locales, de ayuntamientos y comunidades autónomas, pero desde Europa tenemos que activar todos los instrumentos para tratar de ayudarles.
¿En qué se traduce eso en objetivos concretos?
Nos hemos marcado el objetivo de invertir en la renovación o construcción de un millón de viviendas para 2030. Y estamos cumpliendo los hitos para lograrlo. Este año tenemos previsto invertir unos 6.000 millones en vivienda en toda Europa en tres ámbitos: la innovación con nuevos materiales y técnicas de construcción -en este ámbito financiamos a una empresa española, Ulma-, la renovación del parque y la creación de nuevas promociones asequibles.
Hay proyectos en marcha, pero las familias no perciben que las promesas se transformen en soluciones a corto plazo...
Evidentemente la construcción lleva un tiempo, no se hace de la noche a la mañana. Por eso es muy importante desarrollar esos nuevos materiales que permitan que los procesos sean más rápidos, sostenibles y más baratos. Insisto en que no es solo una cuestión de financiación: para solucionar el problema de la vivienda hay que actuar en muchos ámbitos y los ayuntamientos tienen un papel fundamental.
Del mismo modo, los hogares tampoco perciben la buena marcha de la economía. ¿En qué momento se rompe la cadena entre los buenos datos macro y el bolsillo de los consumidores?
La divergencia en esa percepción es un fenómeno común en Europa e incluso más allá. Es indudable que hay retos, pero también que la economía y el empleo crecen con fuerza, hay tirón de la inversión, mejora de la productividad, del empleo, de los salarios. Todo ello redunda en una mejora de las condiciones de vida y eso pone a la economía en una situación más fuerte para enfrentarse a los retos a futuro. El año pasado fue récord en financiación del BEI en España por dos razones: esa buena marcha de la economía, que evidentemente crece con fuerza y muy por encima del resto de Europa; y la velocidad en la ejecución de los préstamos Next Generation.
UNA MEJOR GESTIÓN DEL AGUA
Más allá del aumento en financiación a proyectos de defensa y seguridad que obliga una demanda cada vez mayor, el BEI mantiene su compromiso con la lucha contra el cambio climático. En España destina cerca del 50% de la inversión total a la transición verde. Y entre esos proyectos destacan la mejora de las infraestructuras de agua, a las que en 2025 destinó un récord de 570 millones de euros, con varios proyectos en cartera en 2026, incluyendo una operación para mejorar la gestión de agua en 11 municipios de la Costa del Sol (175 millones) y un acuerdo con el Principado de Asturias (cerca de 70 millones) para aumentar la capacidad de producción y mejorar la calidad del agua.