Trágicas inundaciones
La desesperación desata la tensión en la visita de los Reyes a Valencia
La indignación estalla en Paiporta al paso de la comitiva real, junto a Sánchez y Mazón, y obliga a reconducir la situación para calmar los ánimos

Actualizado el 03/11/2024 a las 23:06
Eran las 12:20 horas cuando los Reyes llegaron este domingo a la base operativa situada en La Eliana, a las afueras de Valencia, donde se coordina el operativo que combate los efectos de la riada que el martes arrasó la provincia. Felipe VI, que el mismo miércoles ya había trasladado su pesar al pueblo valenciano, conmocionado por la peor catástrofe natural de la historia de España, acudió con la Reina a conocer con más detalle la estrategia desplegada para socorrer a los damnificados. La visita incluía un recorrido por uno de los municipios más afectados, Paiporta, donde los vecinos, voluntarios y fuerzas de emergencia se emplean en la difícil tarea de recuperar la normalidad. Una visita desbordante de tensión que devino en uno de los momentos más críticos de su reinado. La indignación popular se desató al paso de la comitiva, formada también por el presidente Pedro Sánchez y Carlos Mazón, jefe del Consell. Una lluvia de barro y otros objetos, lanzados por un grupo de vecinos, complicó la visita hasta hacerla imposible de acuerdo con el programa previsto. Lo que sigue es el relato de un capítulo abierto este domingo para la historia reciente de España.
Insultos y lanzamiento de objetos. La ira popular se desata
La comitiva encabezada por Felipe VI y Letizia tenía una cita con Paiporta, el municipio donde las víctimas mortales del temporal se cuentan por decenas y su paso dejó un paisaje desolador, con gravísimos daños materiales y una sensación generalizada de desesperanza. Pasaban unos diez minutos de la una de la tarde cuando la indignación popular explotaba. Los vecinos de la población se sienten maltratados por las autoridades, cuya ayuda ha llegado demasiado tarde para ayudar a reconstruir sus vidas. Una ira latente alimentada por las necesidades sin cubrir y que salió a la superficie de forma violenta. Un estallido que irrumpió al paso de los Reyes, Sánchez y Mazón y adoptó la forma de violencia. Verbal, con gritos e insultos ("Asesinos" fue uno de los más repetidos) y también física. Un vecino lanzó un bloque de barro, cuando las autoridades se encontraban a escasos metros de él, otro situado a su lado le secundó con un puñado de lodo, las voces críticas contra los miembros de la comitiva resonaron con más fuerza ("Mazón dimisión", se escuchó de manera reiterada) y al lanzamiento de barro se unió el de objetos más contundentes. Volaron palos en dirección a los Reyes, Sánchez y Mazón y la tensión irrumpió en la escena. De repente, el caos.
La comitiva se detiene. Manchados de barro y sangre
Cuando el estallido se desata, miembros de la comitiva abren sus paraguas para proteger a los Reyes y al resto de integrantes. Vuela el barro, vuelan palos y también alguna piedra, que llega a impactar en el rostro de uno de los escoltas. Impertérrito, pese a que la sangra por una herida junto a la nariz, continúa protegiendo a las autoridades y avanza junto a la reina Letizia. Otros efectivos del equipo de seguridad despliegan sus defensas para proteger a las autoridades, que detienen su avance. Sánchez se separa entonces del Rey y se dirige al vehículo oficial auxiliado por miembros de seguridad para abandonar Paiporta. Felipe VI, por su parte, permanece en el lugar. La Reina, entretanto, se ve rodeada por un grupo de vecinos, también indignados, pero cuya ira no llega a extremos violentos. Habla con ellos y luego llorará con ellos.
Escenas de violencia. Sánchez se aleja
Sánchez se aleja de Paiporta entre escenas de máxima violencia. Una mano anónima lanza un palo al grupo que le acompaña hacia el vehículo oficial, que golpea a un periodista. Otro palo vuela en la misma dirección pero no alcanza su objetivo. Sus escoltas logran introducir en el coche a Sánchez y ya en el interior sufren el ataque de varios vecinos, que golpean la carrocería y provocan desperfectos. Es una de las imágenes más elocuentes: el coche presidencial, dañado por la ira ciudadana. Moncloa emitirá poco después un comunicado donde explica que "el presidente del Gobierno ha acompañado a los Reyes en su visita oficial (...) Al recorrer las calles de Paiporta, la comitiva ha sido increpada y agredida (...) La escolta del presidente ha activado el protocolo de seguridad y lo ha desplazado al Puesto de Mando Avanzado. Él y el resto de la comitiva se encuentran bien".
Diálogo con los vecinos. La ira se empieza a aplacar
El descontrol prende en el lugar. De allí llegan imágenes inquietantes, pero también en cierto sentido reconfortadoras: la violencia se empieza a contener, el lanzamiento de barro cesa o es casi irrelevante, y aunque los Reyes sufren el agobio vecinal, empieza a prevalecer la sensación de que tanto Felipe VI como Letizia saben aplacar la tensión charlando con los habitantes de Paiporta, incluso los más airados. No faltan los gritos e insultos, dirigidos a Mazón y también al presidente del Gobierno ("¿Dónde está Pedro Sánchez?", corea la masa) pero las conversaciones que mantienen por separado los Reyes con los vecinos sofocan la violencia. Mientras Felipe VI no pierde nunca el control , su esposa ofrece alivio y abrazos. Ambos van manchados de barro.
La figura del Rey. Felipe VI contiene la ira
Avanza la sensación de que la figura de los Reyes, que en algún momento pudo estar en entredicho habida cuenta lo insólito de las escenas, sale de alguna forma reforzada. Felipe VI no rehúye el contacto con los vecinos y les explica su punto de vista. Mientras Sánchez y Mazón quedan desairados -el primero por marcharse del lugar con la primera oleada de ira y el segundo por su gestión de la crisis-, triunfa la idea de que la indignación no tiene el foco puesto en Felipe VI y Letizia. "Esto no va con ustedes", le confía una mujer a la Reina.
Quejas del vecindario. "Lo hemos perdido todo"
"Lo hemos perdido todo". Esta otra frase que traslada un hombre al Rey sirve como explicación del estado de abatimiento. Los Reyes parecían dispuestos a prolongar su visita, aunque con el programa definitivamente alterado, porque veían tal vez en el diálogo con los vecinos la fórmula más adecuada para mitigar su dolor y ofrecer la impresión de sensibilidad hacia sus desdichas que tanto se ha echado en falta días atrás. Era evidente la intención de su equipo de seguridad para convencer a Felipe VI y Letizia de que se dirigieran al coche oficial, pero ambos han rehusado. En un instante de alta electricidad ambiental, la Reina ha conversado con un grupo de jóvenes mujeres de la localidad, que en las imágenes parecen tan abatidas como encrespadas. Una de ellas se queja de la mala coordinación en los servicios de alerta que impidieron auxiliar a los vecinos en la tarde del martes y se ofrece a enseñarle un vídeo que guarda en el móvil. Dice que tiene 23 años y le espeta con mucha desenvoltura: "Y luego dicen que somos la generación de cristal". Letizia charla con ellas, les reconforta y luego continúa con su recorrido por el municipio. La tensión decrece pero da también la sensación de que cualquier chispazo puede provocar que se radicalice de nuevo la situación.
Llorar con los vecinos. Calma tensa, ya sin violencia
De hecho, el primer episodio de violencia se desató casi por casualidad, cuando un bloque de barro cayó sobre un grupo de periodistas que cubría la visita de los Reyes. Una mecha que se iba apagando a medida que proseguía el trompicado recorrido de ambos, entre conversaciones con los vecinos, alivio en su aflicción y alguna inquietud en que de nuevo se registran episodios como los recién vividos. Felipe VI y Letizia estrechaban también algunas manos y charlaban con quienes les seguían relatando el atroz testimonio de una experiencia que marcará sus vidas. Ella se ha detenido, ya desencajado su semblante, a charlar con unos chicos muy jóvenes, que se dirigían a ella con mucha naturalidad. Unos metros más allá ha reparado en la presencia de una mujer, desconsolada. Un mar de lágrimas, que terminan también por inundar los ojos de la Reina. Otra imagen para la historia en una jornada muy pródiga en ellas. Domina la escena una cierta calma, tensa aún, pero lejos ya los instantes más inquietantes de su visita. En el aire queda ahora la duda de si continuarán su ruta hacia Chiva, otra de las localidades más golpeadas por la DANA, segundo hito de su viaje a Valencia. Pero los Reyes no parecen tener prisa. Prefieren seguir charlando con los vecinos, cada vez más dominantes de la situación.
Salida de Paiporta. Una hora de furia
Una cierta tranquilidad, aunque frágil, reina ya en Paiporta, donde es evidente la presencia junto a los vecinos airados de otros ciudadanos, procedentes de otros municipios, llegados para colaborar en las tareas de reconstrucción. Los Reyes mantienen el control. Un periodista de TVE, testigo muy cercano de los hechos, explica a su audiencia que Felipe VI sigue haciendo caso omiso de los ruegos de su equipo de seguridad para que abandone el lugar en el coche oficial. Finalmente, se dirige hasta el vehículo pero todavía permanece detenido un rato con el pie en el estribo, dialogando con otros vecinos. Es en ese momento cuando se reúne con su esposa, a quien espera hasta que ambos se introducen en el coche y abandonan Paiporta. La comitiva sale en dirección a la V-31, vigilada desde el cielo por un helicóptero, pero finalmente descarta dirigirse a Chiva, como comunica la Casa Real recién despejado el camino. Hasta esa población de hecho llega a desplazarse Mazón, que tiene que darse la vuelta y enfilar de nuevo hacia el centro operativo de La Eliana. Lo peor ha pasado. Pasaban unos minutos de las 14:00 horas cuando la tensión se evaporaba en la estela de la comitiva oficial. En apenas una hora, los Reyes habían asistido a un estallido de ira insólito. Histórico.
Concluye la visita. Nuevos insultos a Sánchez
Los Reyes, en efecto, se dirigen hacia La Eliana, donde aguarda Pedro Sánchez desde su desairada salida de Paiporta. Allí se reúnen también con Mazón, quien publica en redes sociales un breve resumen de su parecer al respecto del incidente. "Entiendo la indignación social y por supuesto me quedo a recibirla. Es mi obligación política y moral", dice el jefe del Consell, quien añade: "La actitud del Rey esta mañana (por ayer) ha sido ejemplar". Son las 15:30 aproximadamente cuando los preparativos para el viaje de vuelta, muy evidentes para quienes esperan en el exterior del recinto, avalan la idea de que la visita a Valencia de sus Majestades ha concluido. Salen en sus vehículos oficiales mientras arrecian de nuevo los gritos contra el presidente del Gobierno; por el contrario, Felipe VI y Letizia reciben entonces el aplauso de un grupo de curiosos congregados a su paso. Ambos llevan la misma ropa, de tono informal, con que vienen de recorrer Paiporta, moteada de manchas de barro de alto poder simbólico. Salpicaduras que encarnan la indignación vecinal.
Más efectivos. "No nos abandonéis"
Casi a la misma hora en que Paiporta vivía una jornada de alta tensión, el Gobierno difundía que el despliegue de su fuerza de choque alcanza ya a cerca de 6.000 militares, hasta sumar un total de 7.500, en un operativo que incluye el concurso del buque anfibio Galicia, atracado en el puerto de Valencia. Un dispositivo que añade a otros 9.479 efectivos de seguridad, entre 4.256 policías nacionales y 5.223 guardias civiles movilizados para ayudar en las labores de emergencia en las zonas. Cifras mareantes que sin embargo no parecen suficientes para curar las heridas de quienes lloran a sus muertos y lo han perdido todo. Los que este domingo pedían a los Reyes: "No nos abandonéis".
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