Activar Notificaciones

×

Su navegador tiene las notificaciones bloqueadas. Para obtener mas informacion sobre como desbloquear las notificaciones pulse sobre el enlace de mas abajo.

Como desbloquear las notificaciones.

País Vasco

PNV y PSE pilotarán la salida de la crisis en el País Vasco con una amplia mayoría absoluta

Será el Parlamento vasco más nacionalista de la historia: PNV y EH Bildu suman el 70% de los escaños

Foto de Iñigo Urkullu celebrando la victoria en las elecciones del 12J junto a Andoni Ortuzar.
Iñigo Urkullu celebra la victoria junto a Andoni Ortuzar.
Reuters
Foto de Iñigo Urkullu, en la jornada electoral del 12 de julio.
Iñigo Urkullu atendiendo a los medios esta mañana electoral.
Reuters
  • Colpisa
Actualizada 13/07/2020 a las 08:12

No hubo sorpresas. PNV y PSE podrán gobernar con una holgada mayoría absoluta de 41 escaños -los mismos que tendrá Alberto Núñez Feijóo en Galicia, aunque él en solitario- durante los próximos cuatro años. Los resultados de las urnas en Euskadi dejan a jeltzales y socialistas el camino expedito para hacer lo que han prometido durante la campaña electoral: formar sin dilación un Gobierno sólido que ponga en marcha cuanto antes unos Presupuestos de reconstrucción con los que encarar la salida de la crisis económica, social y sanitaria, con los rebrotes aún acechando, provocada por la covid-19.


No caben dudas de que el acuerdo transversal que ya ha funcionado durante las dos anteriores legislaturas, primero como pacto de estabilidad y después de coalición, seguirá operando, si no hay imprevistos, hasta 2024, bajo la batuta del lehendakari Urkullu, que encara su tercer mandato consecutivo y el único en el que podrá respirar tranquilo sin que la estabilidad de la que ha hecho santo y seña dependa de los acuerdos con las fuerzas de la oposición. Y lo hará, paradójicamente, en el Parlamento vasco más nacionalista de la historia democrática: las dos fuerzas abertzales suman juntas 53 escaños, el 70% del hemiciclo, a años luz, por ejemplo, de los 41 que contabilizaron PNV, HB y EA poco después de firmar el pacto excluyente de Lizarra en 1998.


No obstante, pese a las apelaciones nostálgicas que durante la campaña ha hecho la izquierda abertzale a aquella aventura o al plan Ibarretxe, las relaciones entre ambas siglas están en su peor momento desde hace años y el entendimiento es impensable. Igual de utópico que el tripartito de izquierdas al que Elkarrekin Podemos ha apelado insistentemente durante las últimas semanas y que gracias al extraordinario tirón electoral del proyecto que ha encabezado Maddalen Iriarte sumaría los 38 escaños que otorgan la mayoría absoluta. No obstante, el PSE ha descartado sin ambages esa opción.


El clarísimo dominio de las fuerzas de adscripción nacionalista se debe, en parte, a la menor carga identitaria de los mensajes durante esta campaña, más centrada que nunca en el eje derecha-izquierda, y, sobre todo, a la bajísima participación, la más exigua en unos comicios autonómicos vascos desde la instauración de la democracia. No surtieron efecto los constantes llamamientos de los partidos a la movilización: la pandemia, con un foco nuevo desatado en Ordizia, y la fecha elegida, en pleno verano y en contra del criterio de la mayoría de los ciudadanos, pasaron factura e hicieron subir la abstención hasta el 47%, siete puntos por encima del dato de 2016, pero lejos aún de la enorme desafección que reflejó, por ejemplo, la segunda vuelta de las municipales francesas.


Aun así, el PNV logró su objetivo declarado de ganar un escaño por territorio y encaramarse hasta los 31, una cifra que roza sus máximos históricos y que se acerca a los números de antes de la traumática escisión del 86, cuando, dos años antes, Carlos Garaikoetxea logró 32 parlamentarios. No obstante, los jeltzales perdieron 50.000 votos respecto a los casi 400.000 cosechados hace cuatro años, lo que deja la sensación de que, con una participación en los niveles habituales, su triunfo podría haber sido aún más rotundo.


Subida de EH Bildu


La victoria seguramente supo algo menos dulce en Sabin Etxea por los extraordinarios resultados de su principal rival, EH Bildu, la única sigla que logró movilizar extraordinariamente a su electorado y subir en votos respecto a los resultados de hace cuatro años, con 23.000 papeletas más. La izquierda abertzale logró no solo capitalizar el voto útil de la izquierda, su ‘leit motiv’ durante toda la campaña, sino hacerse también con el respaldo de los jóvenes y todo ello sin que le haya penalizado su resistencia a condenar el terrorismo de ETA o a utilizar esa palabra frente a los ataques a sedes de partidos y a candidatos que han menudeado en las últimas semanas.


La insistencia en un tripartito imposible en el que habría sido, además, la fuerza minoritaria ha castigado a Elkarrekin Podemos, al que tampoco han beneficiado sus líos internos, con una nueva y desconocida candidata en puertas de los comicios y pese a la presencia de Pablo Iglesias en el Gobierno. Los socialistas de Idoia Mendia también sacaron menos rédito del esperado al ‘efecto Sánchez’.

Te puede interesar

Te puede interesar


Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

volver arriba
Continuar

Hemos detectado que tienes en Diario de Navarra.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, por favor o suscríbete para disfrutar SIN PUBLICIDAD de la mejor información, además de todas las ventajas exclusivas por ser suscriptor.

SUSCRÍBETE