Primarias en el PP
El PP se prepara para 15 días de guerra fría
Sáenz de Santamaría y Casado tienen dos semanas para hacerse con la mayoría de los 3.184 compromisarios que designarán al sucesor de Rajoy


Actualizado el 08/07/2018 a las 06:00
El campo de batalla en el PP se traslada de la arena a los despachos. El pulso entre Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado no exige ahora grandes exhibiciones de fuerza en las sedes y sí dotes de negociación. Los dos candidatos señalados por la militancia para disputarse el relevo de Mariano Rajoy tienen como tarea más urgente recontar sus apoyos para saber en qué condiciones afrontan la segunda parte del proceso. Y, a partir de ahí, intentar sumar nuevas fuerzas para imponerse en el congreso extraordinario del 20 y 21 de julio. En los 15 días que restan, sólo la guerra fría parece garantizada.
El lunes, el PP dará a conocer los nombres de los 2.612 compromisarios electos que votarán al sucesor de Rajoy en el congreso extraordinario. Son los representantes elegidos por los afiliados. Han confiado en ellos la decisión final y la mayoría son cargos afines a uno u otro candidato. Aunque en la designación participarán también 522 delegados natos -los integrantes de la Junta Directiva Nacional-, 40 representantes de los populares en el exterior y 10 miembros de la Comisión Organizadora del Congreso.
Esa lista será escrutada en los próximos días "provincia a provincia, nombre a nombre" en los cuarteles generales de Sáenz de Santamaría y Casado. Será el momento de evaluar si los aspirantes han jugado bien sus bazas en las jornadas previas a la primera vuelta. Hasta qué punto han logrado colocar el mayor número de compromisarios cercanos a su causa. Y cuántos delegados partidarios de los aspirantes derrotados -María Dolores de Cospedal, José Manuel García-Margallo, José Ramón García-Hernández y Elio Cabanes-, quedan liberados.
Si hacemos el ejercicio de traducir los votos de los afiliados en compromisarios, Sáenz de Santamaría podría contar con 984 delegados; Casado se llevaría 844; y Cospedal, 707. Pero en el PP se toman estos datos como "orientativos". Es posible, advierten, que muchos militantes hayan optado por un candidato y, sin embargo, su lista de delegados sea próxima a otro aspirante. ¿Cómo es posible? "La gente no sabe con qué nombres rellenar esa segunda papeleta y ahí el aparato provincial ejerce mucha influencia", explican. En todo caso, más allá de estas prevenciones, la lógica tradicional establece que basta con que Sáenz de Santamaría o Casado se garanticen, con ofertas de integración, el apoyo de los afines a la secretaria general para descompensar la balanza. Pero la realidad es algo más compleja. Fuentes conocedoras de los contactos del exvicesecretario de Comunicación aseguran que ya ha conversado en varias ocasiones con Cospedal y que podría intentar sacar partido del rechazo que la exvicepresidenta del Gobierno genera en buena parte del PP y atraer también, precisamente por ello, al entorno de García-Margallo.
Pero desde las direcciones regionales llaman a la prudencia y a no dar por sentado que los compromisarios responderán en bloque a las directrices de sus candidatos. Eso exigirá un trabajo de campo en los territorios para seducir y echar cuentas incluso antes de que llegue el día del congreso. "Todo -insisten- está abierto. Es posible ratificar la decisión de la militancia o revertirla". Una de las organizaciones más potentes, con 279 compromisarios, es la gallega. Allí venció Cospedal, pero en el PP creen que el partido en Galicia atiende a Alberto Núñez Feijóo, que aún no se ha posicionado.
EL FUTURO DEL PARTIDO
No es el escenario más cómodo para la formación, que aspiraba a enterrar hostilidades tras el pronunciamiento de la militancia. Pero lo ajustado del resultado final, que otorgó el jueves la victoria a la exvicepresidenta del Gobierno por tan sólo 1.546 votos, anticipa fuerte marejada y más dosis de incertidumbre para un partido poco acostumbrado al vértigo. "¿No queríamos primarias? Tarde para lamentos", se resignaba el viernes un cargo territorial del PP.
Ha habido incluso en las últimas horas quien se ha preguntado si Rajoy estaría dispuesto a intervenir para facilitar un acuerdo previo al congreso. Pero no parece probable cuando el aún presidente del partido ha llevado hasta el extremo su voluntad de mantenerse neutral. Tanto que ni tan siquiera votó en la primera vuelta. Aunque este no fuera el panorama que en muchas organizaciones territoriales imaginaron, sobre todo los cuadros que confiaban en que Núñez Feijóo tomara las riendas, esta es hoy la realidad del PP. Y es tiempo de decisiones.
Los conservadores tienen frente a sí su reflexión más relevante de la última década. Deben decidir qué modelo de partido quieren y quién está capacitado para dirigir a una formación en horas bajas que debe recomponerse para evitar un batacazo en las elecciones autonómicas y municipales de 2019. Es cuestión de meses. Sáenz de Santamaría y Casado representan proyectos, al menos encarnan estilos, bien diferentes. Pragmatismo versus ideología. Pero aún más.
Una victoria de la exvicepresidenta podría interpretarse en clave de continuidad. De hecho, fuentes del PP sostienen que una derrota suya acabaría con el 'marianismo'. Mano derecha de Rajoy en el Gobierno, no ha renegado ni un segundo de la gestión en la Moncloa. Lejos de eso, ha apostado por ponerla en valor y, convencida de sus opciones como cartel electoral, se reivindica para plantar cara a Pedro Sánchez.
Casado, en cambio, trae consigo la promesa de una propuesta distinta a la vigente. Plantea recuperar los mismos valores sobre los que apuntaló su proyecto José María Aznar para aunar el centroderecha, pero con nuevas caras y formas de comunicar y con el respaldo de una generación al filo de los 40 que pide paso.
Evaluar los riesgos y las oportunidades está en manos de las estructuras del PP, que adquieren todo el protagonismo en estas dos semanas. Pero seducir a unos y otros es trabajo de los candidatos y sus colaboradores.