Macron da 48 horas a Lecornu para negociar la formación de un Gobierno y evitar elecciones
El primer ministro galo dimitió medio día después de anunciar su Gabinete ante la falta de apoyos y la amenaza de una moción de censura


Publicado el 07/10/2025 a las 08:37
Nuevo episodio en el polvorín permanente e inextricable en que se ha convertido la política en Francia. El primer ministro galo, Sébastien Lecornu, de 39 años, presentó el lunes por la mañana su dimisión, que fue aceptada por el presidente Emmanuel Macron. Lo hizo menos de un mes después de haber asumido el cargo (10 de septiembre) y apenas 14 horas más tarde de que anunciara la composición de su primer Gobierno. ¿Esta decisión acentuará la profunda crisis política que arrastra el país? ¿O se trata de una maniobra poco ortodoxa para que Lecornu salve finalmente el cargo y logre sacar adelante los presupuestos de 2026? Dependerá de lo que ocurra entre este mismo martes y el miércoles.
Macron, que ha perdido en menos de un año a dos responsables del Ejecutivo (Michel Barnier y François Bayrou), dedicó la tarde a reunirse con varios actores implicados en esta crisis. No se puede descartar que nombre de nuevo al ahora ex primer ministro. El Elíseo informó que le ha pedido a Lecornu que intente "unas últimas negociaciones" hasta mañana por la noche. En el caso de que fracasen, el presidente "asumirá sus responsabilidades", indicó su Gabinete. El entorno del dimisionario sugirió a medios nacionales que no desea seguir en el cargo y que participará en ese diálogo como una especie de intermediario.
Lecornu anunció su salida ante la posibilidad real de que una mayoría de diputados votara en los próximos días una moción de censura. A esa amenaza se sumó la crisis entre los socios del Gobierno: los macronistas y la derecha tradicional de Los Republicanos (LR). Aunque desde un inicio se sabía que la tarea que le esperaba era ardua -mantenerse en el cargo ante una Asamblea Nacional muy fragmentada y adoptar unos presupuestos que redujeran el elevado déficit público del país-, esta se ha complicado todavía más a principios de este mes.
ENFADO GENERALIZADO
Por un lado, no gustó a los partidos opositores la presentación el jueves pasado del primer borrador de los presupuestos, parecido al impopular plan de austeridad de su predecesor, François Bayrou. Por el otro, el anuncio el domingo por la tarde de un gabinete claramente continuista a pesar de haber tardado 27 días en formarlo envenenó aún más la situación. No solo enfureció a las oposiciones (izquierda insumisa, socialistas, derecha radical lepenista.), sino que tampoco gustó a los socios minoritarios de LR. "No refleja la ruptura prometida", criticó Bruno Retailleau, ministro del Interior y líder de los conservadores. La derecha tradicional había convocado un gabinete de crisis para el lunes por la mañana, donde iban a valorar su continuidad en el Ejecutivo menos de un día después de haberlo aprobado. Lo que más molestó a la dirección de LR fue la vuelta de Bruno Le Maire, que había llevado las riendas de Economía entre 2017 y 2024. Es considerado por una parte de la opinión pública como responsable de la grave situación económica del país. "Me reuní durante hora y media con el primer ministro, pocos minutos antes de que se anunciara el Gobierno. (.) Y me ocultó el nombramiento de Le Maire", explicó Retailleau en el plató de la cadena TF1. Esa designación de un dirigente con quien el ministro del Interior mantiene mala relación, y que puede ser un rival de cara a las elecciones presidenciales de 2027, provocó la precoz crisis gubernamental. Le Maire anunció por la tarde que renunciaba a la cartera de Defensa, lo que abre la puerta a un acuerdo entre la derecha republicana y los afines a Macron. Pero no resuelve la amenaza de una moción de censura por parte de socialistas, lepenistas, izquierda insumisa, verdes y comunistas.
De hecho, Lecornu reprochó a las oposiciones que "sigan adoptando una postura como si todos ellos tuvieran la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional y (.) que prefieran su partido en lugar del país", durante la breve comparecencia en el Palacio de Matignon para explicar su dimisión. Además, lamentó que no se hubiera valorado lo suficiente su decisión del pasado viernes de renunciar a un polémico decreto gubernamental para adoptar los presupuestos del año que viene.
Ese anuncio ya reflejó cierta desesperación por parte de este dirigente que por ahora no ha brillado en el arte de la negociación. No ha logrado acercar posiciones con el Partido Socialista ni la Agrupación Nacional de Marine Le Pen. Tampoco ha calmado la indignación de los sindicatos, que organizaron tres huelgas generales en el último mes.
Renuncia improbable La pelota vuelve a estar ahora en el tejado de Macron, al que una parte significativa de la opinión pública acusa de este galimatías debido a su incomprendida decisión de convocar las elecciones legislativas anticipadas del verano de 2024, que dejaron un Parlamento casi ingobernable. El presidente puede tomar ahora cuatro posibles decisiones: designar de nuevo a Lecornu, nombrar a otro primer ministro, convocar otros comicios legislativos o presentar su renuncia. Esta última es la más improbable, pero la exige una parte de la oposición. "La única decisión sabia en estas circunstancias es (.) volver a las urnas y que los franceses den una nueva dirección al país", defendió la ultra Le Pen. "Tres primeros ministros derrotados en menos de un año. (.) La cuenta atrás ha empezado. Macron debe irse", afirmó Mathilde Panot, presidenta del grupo parlamentario de la Francia Insumisa (afín a Sumar o Podemos). Ninguna de las decisiones que puede tomar el presidente ofrece garantías de estabilidad. A una incertidumbre gubernamental casi crónica se le suma la sensación de un teatro político de bajo nivel en un país presidencialista y con poca cultura de pactos.