Líneas rojas

Santiago Pangua Cerrillo

Publicado el 16/09/2026 a las 07:27

Vivimos un tiempo en el que algunas expresiones de la política terminan instalándose en otros ámbitos de nuestra vida. Una de ellas es la de las “líneas rojas”: límites que se anuncian de antemano y que nadie debería atravesar. Es comprensible que existan principios que defender y comportamientos que no debamos aceptar. Pero cuando trasladamos la idea de las líneas rojas a las relaciones entre personas, quizá deberíamos preguntarnos qué estamos construyendo con nuestras palabras. Porque una línea roja no solamente señala un límite: también puede levantar una frontera. De un lado quedamos “nosotros”; del otro, quienes piensan diferente y quizá sea precisamente ahí donde comienza a debilitarse la convivencia. Convivir no significa pensar todos igual. La verdadera convivencia comienza cuando somos capaces de permanecer juntos aun pensando distinto. Necesita respeto, escucha, solidaridad y, sobre todo, voluntad de encuentro. Las personas somos diferentes. Tenemos distintas sensibilidades, experiencias, opiniones y maneras de entender la realidad. Esa diversidad no debería ser una amenaza. Al contrario, puede ayudarnos a comprender que ninguna mirada contiene por sí sola toda la verdad.

Naturalmente, necesitamos límites frente al desprecio, la discriminación, la violencia o la vulneración de la dignidad. Pero no deberíamos convertir a las personas que discrepan en personas situadas al otro lado de una línea roja. En las relaciones humanas prefiero otra imagen: puentes en lugar de líneas. Puentes para hablar cuando discrepamos. Puentes para rectificar cuando nos equivocamos. Puentes para perdonar. Puentes para volver a encontrarnos después de un conflicto. Porque la unidad no nace de excluir al que piensa diferente. La unidad se construye cuando, a pesar de nuestras diferencias, seguimos reconociéndonos en el otro. Tal vez necesitemos menos líneas que nos separen y más espacios donde encontrarnos. Porque una sociedad verdaderamente humana no se construye preguntándonos constantemente qué nos separa, sino recordando, incluso en la diferencia, todo aquello que todavía nos une.

Santiago Pangua Cerrillo

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