La factura del blanqueamiento
Publicado el 11/06/2026 a las 07:20
Vuelve con fuerza lo que, por desgracia, nunca terminó de irse. Las siglas cambian en un intento evidente de blanquear el pasado, pero los hechos demuestran que Bildu y la vieja Batasuna operan bajo los mismos esquemas de siempre. Los actuales socios de gobierno de María Chivite y de Pedro Sánchez volvieron a retratarse al negarse a condenar los graves incidentes de kale borroka -ahora disfrazados bajo la etiqueta de “antifascismo”- cometidos para censurar por la fuerza una charla en la Universidad de Navarra. El balance de aquella jornada no solo fue el veto violento a la libertad de expresión, sino la cobarde agresión a un periodista que simplemente cumplía con su deber profesional de informar. Apenas veinticuatro horas después de que la izquierda abertzale rechazara condenar estos desórdenes, el clima de hostilidad que promueven se tradujo en una nueva agresión física en plena calle de Pamplona, esta vez dirigida contra el exalcalde Enrique Maya. Vaya desde estas líneas mi rechazo más absoluto y mi condena unánime a este ataque intolerable.
Este preocupante repunte del odio en nuestras calles no es responsabilidad exclusiva de los radicales; recae también directamente sobre el Partido Socialista. Al normalizar y legitimar a quienes siguen siendo incapaces de rechazar la violencia, el PSN los ha envalentonado, otorgándoles una cuota de poder institucional que hoy les hace sentirse impunes. Los comunicados de condena y los tuits de María Chivite son papel mojado mientras su gobierno siga sosteniéndose sobre los votos de quienes callan ante la violencia. Navarra no puede normalizar que el precio de la gobernabilidad sea la impunidad del radicalismo en nuestras calles.