Acción - reacción
Publicado el 12/10/2023 a las 08:12
Allá en el 2004 se proyectaba la película, drama-musical, de “Los chicos del coro”. El director del orfanato-reformatorio formula su principio pedagógico con esta expresión “acción - reacción”. Según este principio o regla, se trata, en resumidas cuentas, de imponer un castigo a una conducta indeseada. En la práctica, hasta puede ser una traducción de la archiconocida Ley del Talión del “ojo por ojo, diente por diente”. Para el director del mencionado centro educativo se trataba fundamentalmente de imponer disciplina. En el desarrollo de ese principio pedagógico, y más pronto que tarde, se acaba por desencadenar una batalla. A una acción indisciplinada, le sigue una reacción en forma de castigo, y a ésta una acción en forma de venganza, y a ésta una reacción de castigo,…, y así en una escalada sin fin de violencia. No es seguramente innecesario anotar que, a veces, la reacción en forma de castigo no es equivalente a la acción infractora o a la venganza. Porque a veces hay una situación de asimetría y de poder, como de hecho existe entre una organización terrorista “Hamas” (que no es representa seguramente a la totalidad de “Palestina”) y el gobierno pretendidamente democrático presidido por Benjamin Netanyahu (que a lo mejor, y solamente por hipótesis, quizá tampoco aglutine o represente en esta ocasión a toda la población de Israel). El principio pedagógico de la “acción - reacción” se ha acabado convirtiendo en una espiral de violencia, a veces de “baja” intensidad (aunque no menos violenta porque sea calificada de “baja” intensidad), otras veces expresa y manifiesta en forma de horror ciego en forma de secuestro, asesinato, bombardeo, etc. La espiral es un círculo. La violencia se retroalimenta y crece de forma cíclica y en una espiral ascendente. A las fases de la tensión, con sus escaladas graduales de fricciones y roces, les suceden las fases de agresión en las que la violencia se hace ya totalmente visible, desatada. La repetición del ciclo ha ido aumentando la violencia, aunque de por medio haya habido gestos, momentos, palabras… en los que pareciera que parecía querer imperar una cierta conciliación, repitiendo hasta la saciedad la escalada de la violencia. Y en esas estamos. Y, me temo, estaremos en un conflicto inveterado, muy arraigado en las costumbres y en el tiempo, y alimentado por creencias y prejuicios.
José Ignacio Camiruaga Mieza