La amnistía fue el gran error de Suárez

José Ignacio Palacios Zuasti

Publicado el 07/10/2023 a las 08:26

Cuando uno lee que la ley de amnistía no fue el gran error de Suárez le viene a la memoria que el 30 de julio de 1976, 26 días después del nombramiento de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno, en un Consejo de Ministros presidido por el Rey en La Coruña se concedió una amplísima amnistía, que incluía los delitos y faltas de intencionalidad política y opinión, las infracciones administrativas de igual índole y los delitos de rebelión y sedición militar y otros tipificados en el Código de Justicia Militar, como el de los objetores de conciencia. Por eso, al día siguiente, ABC titulaba su editorial “Amnistía para la reconciliación” y decía: “…se ha concedido la más amplia amnistía que cabía esperar, en función de la magnanimidad regia y de una elemental prudencia, no acrecida por ningún sentimiento ni idea que no fuera la de posibilitar, de una vez por todas, la necesaria reconciliación nacional” …Y concluía así: “… que desde ahora mismo, apartadas todas las dificultades, únicamente reine entre nosotros la paz, la concordia y el diálogo honesto, aun en sus naturales discrepancias”.

Como es bien sabido, esa medida de gracia no frenó la espiral de violencia que se vivía en el País Vasco y, por eso, Suárez encargó a Pérez Llorca que negociara con Javier Arzalluz, con el que se reunió en secreto en casa del letrado del Consejo de Estado, José María Martín Oviedo, y donde se produjo el siguiente diálogo:

-Tenéis que hacer un esfuerzo para que no quede un solo preso de ETA en la cárcel.

-Eso no es tan fácil. Muchos de ellos tienen delitos de sangre. Y, además, son delitos de hace quince días. Delitos de sangre contra nosotros, los demócratas, no contra el anterior régimen.

-Hay que intentarlo. Si no, el País Vasco arde -insiste Arzalluz.

-Pero si muchos de los atentados no han sido contra el anterior sistema, sino contra nosotros …

-Es que son unos chicos equivocados. Por eso, no se los puede condenar.

Y Suárez, cediendo a las presiones del nacionalismo violento y moderado, llevó a las Cortes la Ley de Amnistía, que fue presentada ante la opinión pública como un requisito imprescindible para que los terroristas dejaran de matar. En el momento en que fue aprobada, 15 de octubre de 1977, tanto él como sus ministros y los diputados y senadores de UCD estaban felices porque pensaban que muerto Franco, terminado su régimen e implantado un sistema democrático, la amnistía iba a ser el bálsamo que hiciera desaparecer a ETA porque, con ella, se había borrado la huella de todos sus crímenes y sus terroristas habían quedado limpios. Pero esa medida de gracia no sirvió de nada y aunque después se aprobó la Constitución, se concedió el Estatuto de autonomía al País Vasco, empezó a funcionar un Parlamento y un Gobierno vasco y se aprobaron los conciertos económicos, nada colmó a ETA, la sangre siguió corriendo y la primera víctima mortal, Joaquín Imaz, fue en Pamplona, un mes después (26.11.77). Los datos hablan por sí mismos: hasta la muerte de Franco (20.11.1975) ETA asesinó a 43 personas. Desde esa fecha hasta la segunda amnistía (15.10.1977), a 27, en el año 1978 mató a 66 personas, en 1979 a 80, en 1980 a 98 y … hasta 2010, a un total de 773 personas. Todo ello sin contar los miles de heridos, las miles de personas que tuvieron que llevar escolta, el entorno de 10.000 personas que fueron extorsionadas y los innumerables daños materiales. Por eso, a la vista de todos estos datos, no puedo compartir eso de que la amnistía no fue el gran error de Suárez.

José Ignacio Palacios Zuasti

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