El mundo al revés
Publicado el 23/08/2023 a las 07:18
El pasado lunes, a las siete y media de la mañana, en mi trayecto al trabajo, un policía municipal me hizo bajarme de la bici para multarme.
La multa no fue por ir con auriculares o por no respetar la preferencia de los peatones, conductas totalmente reprobables, sino por circular por un tramo de la calle situado entre dos carriles bici. Insisto, un tramo entre dos carriles bici.
Lo que más me indignó del acontecimiento fueron las formas. Estaba oscuro, no había transeúntes y la única alternativa ofrecida por el policía era salir a la calzada donde los coches iban a toda velocidad. Creo que, ante la alternativa de morir atropellada, prefiero la multa.
Este agente se situó en ese preciso lugar y hora de la madrugada con el único y exclusivo objetivo de multar a las bicicletas. O dicho de otro modo, a mala idea. Además, un policía con un poco de sentido común hubiese tenido la consideración de dar un aviso previo a la multa. Considero que una advertencia bien formulada, tiene mucho mayor poder de persuasión que una actitud represiva. De hecho, sigo viendo todos los días cientos de bicicletas transitar por ese tramo de acera que une los dos carriles bici.
La campaña “anti-bicis” se debe a las quejas de los peatones, me argumentó el policía. Pero resulta que a los coches también les molestamos. ¿Entonces, qué hacemos los ciclistas? Por un lado, se pretende fomentar la movilidad sostenible, y por otro nos multan de forma un tanto abusiva. Los ciclistas pedaleamos a favor de una ciudad más sostenible. Parece ser que en Pamplona, la forma de fomentar algo que nos conviene a todos sin excepción es sancionarlo. Otro ejemplo más del mundo al revés en el que vivimos.
Pilar Alegría Zueco