Todos, pero no de cualquier manera
Publicado el 21/08/2023 a las 07:22
Las palabras del Papa Francisco suelen ser objeto de manipulación de acuerdo con intereses particulares. La Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa tampoco fue una excepción a esta práctica. Hace unos días leí un artículo de opinión de un conocido periodista donde no se mencionaba el millón y medio de jóvenes de prácticamente todos los países que se había congregado en torno al Sumo Pontífice, un claro indicativo de que la Iglesia está viva y unida. Tampoco se comentaba la curación de una joven ciega que rezó con gran fervor a María, o los impresionantes testimonios que se escucharon durante el Vía Crucis.
Lo que captó más la atención del periodista, en cambio, fueron estas palabras del Santo Padre: “En la Iglesia hay espacio para todos… Repitan conmigo, cada uno en su idioma: “Todos, todos, todos”.
Todo el mundo debe ser bien recibido en la barca de Pedro. Lo que no estoy de acuerdo es en las conclusiones que sacaba después, donde nos presenta dos Iglesias: la de los homófobos, reaccionarios y vomitadores de tibios (son palabras textuales del periodista) y la Iglesia buena, la que ama a todo el mundo.
Hay que acoger a todos, pero no de cualquier manera. A la escuela pueden acudir todo tipo de alumnos, sin importar su raza o condición, pero no se les permite que vengan en bañador o que pongan música a todo volumen mientras explica el profesor. Hay una serie de normas que facilitan el aprendizaje y el crecimiento de los estudiantes.
Lo mismo sucede en el ámbito de la religión. Una escena clave del Evangelio es la de la mujer adúltera, a la que los fariseos desean lapidar. Jesús sugiere que, quien esté libre de pecado, tire la primera piedra. Así que, uno a uno, abandonan el lugar. Finalmente, el Mesías le dice a la mujer: “Tampoco yo te condeno”. Jesús, a diferencia de los fariseos, muestra amor y comprensión. Pero sí concuerda con ellos en que el adulterio está mal. Por eso añade: “Anda, y en adelante no peques más”. No da todo igual. De hecho, una de las obras de misericordia que enseña la Iglesia es corregir al que yerra.
Pero hoy resulta difícil llevar a la práctica esta corrección sin ser calificado de fóbico. No cabe duda de que se puede enmendar de forma hiriente, pero me atrevo a decir que en nuestra sociedad resulta más frecuente lo primero, el rechazo de toda crítica, aunque sea educada. Qué complicado lo tienen los pastores de la Iglesia para hablar con libertad. Sin embargo, muchos siguen haciéndolo con valentía, porque saben que los jóvenes tienen grandes ideales y les sigue gustando que les cuenten la verdad. Seguir caminos equivocados acarrea consecuencias. Por eso es tan importante contar con buenos maestros que nos acerquen a Cristo, que acoge a todos pero que también es camino, verdad y vida.
Ignacio Del Villar