Más allá de las curiosidades
Publicado el 24/08/2022 a las 08:10
La psicología se relaciona con otras muchas ciencias y saberes: medicina, sociología, antropología, biología, genética, historia, física, química, psiquiatría, arquitectura... La bioingeniería, ¿permitirá mejorar las capacidades intelectuales? En todo caso, la educación, las experiencias, el entorno, tendrá un peso probablemente no menor que el heredado. Y al fin, hemos de preguntarnos, desde la ética y la propia conciencia, ¿sacrificaremos nuestra identidad?
El desempeño de la psicología facilita encontrar explicaciones a los múltiples conflictos; desde el análisis honesto de los pensamientos, sentimientos y deseos, y la profunda introspección cabe racionalizar, responsabilizar y mejorar la convivencia con uno mismo y con los otros.
Desconcierta la capacidad del ser humano para complicarse la vida y para perseguir objetivos que poco tienen que ver con todo lo que la vida ofrece. Microcosmos, un individuo dentro de su especie, que asume la ímproba tarea de hacer más humana la humanidad.
Mi incomparable profesión me ha permitido indagar en los seres humanos, en sus argumentadas razones para justificar sus conductas más que para dirigirlas. Veamos algunas curiosidades.
Buscamos la paz como entrada a la sabiduría, allí donde el corazón encuentra sosiego. De ahí el yoga o el control de las olas de pensamiento. La concentración no es meditación. El taoísmo nos habla del “yo no”. Busca prepararnos para un correcto envejecimiento.
En los deportes extremos, el participante siente que está trascendiendo las formas cotidianas de ser y vislumbra su propio potencial. El tiempo se ralentiza. Es consciente de que su actividad puede conducir a la muerte, pero busca experimentar de forma positiva con la vida.
Se denomina “efecto Forer” a la observación de que las personas dan altos índices de acierto a aquellas descripciones de su personalidad que supuestamente se adaptan específicamente para ellas. En realidad, esta falsa pseudopsicología utiliza categorizaciones vagas y generales que pueden aplicarse a una muy amplia gama de sujetos.
Para Freud, el humor supondría negar el carácter dramático de nuestra realidad que nos genera dolor. Propone como ejemplo el caso de un preso que va a ser colgado en la horca un lunes y ante esta situación dice: “¡Bonita manera de empezar la semana!”.
La difundida creencia de que normalmente utilizamos solo una pequeña parte de nuestro cerebro (el 10% es la estimación más habitual) carece de toda base empírica. Un neuro-mito muy extendido es el que afirma que los hemisferios cerebrales alojan dos tipos distintos de mente, siendo el hemisferio derecho emocional, artístico, intuitivo, con una forma de procesar global y holística; mientras que el hemisferio izquierdo sería una mente racional y lógica que procesaría la información de modo secuencial. Imaginamos el tiempo como si se tratara de una dimensión espacial: es por ello que decimos que el pasado está por detrás y el futuro por delante.
Los libros de autoayuda parten de un error gravísimo, esencial, irresoluble, parten del “auto”, es decir, del yo. Y para colmo se basan en recetas genéricas. Además no existe el contacto personalizado. Ante el común fracaso, son muchos los que se hacen adictos de los libros de autoayuda. Vivimos la tiranía de la eterna positividad. Lo esencial es la correcta construcción existencial, no la búsqueda cual posesos de la felicidad. Parece que existe una carta-menú muy larga donde hemos de probar todo lo que se nos ofrece para obtener felicidad. Quizás lo que mejor hable de nuestra humanidad es que enviemos al incalculable universo un mensaje sobre quiénes somos. Claro que, más que un mensaje en una botella, hemos mandado un acertijo, dentro de un sudoku, dentro de un cubo de Rubik.
En el Camino de Santiago se dice: “Nunca vuelve quien se fue, aunque regrese”. Y es que cada peregrino del Camino encuentra su propio e irrepetible milagro. Hay que caminar con las ventanas de la mente abiertas de par en par para que el aire (también de la tormenta) despeje el alma.
Javier Urra Dr. en Psicología y Dr. en Ciencias de la Salud