Reflexiones de una invasión
Publicado el 16/03/2022 a las 07:26
“Todos somos Ucrania” publican algunos medios buscando la historia fácil, la exclusiva pre cocinada y la oportuna lágrima dócil reflejada en el rostro de algún niño, esa que hará que aumenten sus vacíos índices de audiencia. “Todos somos Ucrania” defienden falsos políticos, maquillando sus ignominias sonriendo para otro lado, buscando únicamente la complacencia de sus votantes, sabedores de que su mantra en realidad no son más que oportunas palabras vacías. “Todos somos Ucrania” afirman los militares sabedores de que sus decisiones se encuentran bien maniatadas, de que la obediencia se presupone, se debe a golpe de mando y que siempre hay que acatarla. “Todos somos Ucrania” pregonan los empresarios a golpe de talonario, conscientes de que en las guerras sus bienes se devalúan y que lo importante no son las vidas, que lo importante es sacar tajada. “Todos somos Ucrania” escucho por todos lados en rostros llenos de rabia, pero mientras en los corrillos la pena clama y por momentos se envalentona, son esas gentes y no nosotros las que en la distancia lo pierden todo. Y es que no, ya vale de tanta historia, que no todos somos Ucrania y ojalá nunca tengamos que serlo, que en la brevedad de nuestras vidas jamás pasemos por ese infierno, por ese dislate absurdo en el que un loco con ansias de guerra, acaba invadiendo a un pueblo.
Ojalá nunca tengamos que ver a nuestras mujeres y a nuestros niños escapar hacia el exilio, entre las ruinas y entre las bombas, entre las lágrimas y entre las sombras, con el miedo ante la muerte que les acecha por doquier y con la necesidad absurda de escapar simplemente con lo puesto, sin que nadie quiera hacer nada. Ojalá nunca tengamos que despedir a nuestros hombres en el campo de batalla, entre el miedo y la certeza de que no les queda nada, de que la pena y que la gloria les espera en un suspiro, sin sepelio ni familia ni lágrimas de despedida, en esta invasión absurda en la que pueden perderlo todo.
Quizás ese lema y ese mantra de que todos somos Ucrania bien debiera ser este otro, quizás sería mejor gritar a los cuatro vientos que “Ucrania podemos ser todos”, que no sirve de nada ser laxos tibios o ambiguos, ni mirar para otro lado cuando el matón de la clase nos está robando el bocadillo. Ya vale de tanto absurdo gobernante de medio pelo, dictadores de mente abyecta indolentes ante la pena, embravecidos por su fuerza militar y por sus ansias de perpetuarse. Ya vale de que haya un Putin de pacotilla en el siglo en el que vivimos, un ser mediocre con ínfulas de grandeza y delirios desmedidos, que pueda invadir todo un pueblo y que no le pase nada, amparándose en un ego desmedido ensalzado por su pueblo a golpe de armas y miedo. Ya vale de tanta muerte y ya vale de no hablar claro, que Putin es dictadura y lo de Ucrania es una invasión, que no hay causa ni hay motivo que justifique esta barbarie, ni la OTAN ni fronteras ni intereses particulares, que nada puede justificar que se sacrifique así a todo un pueblo.
Basta ya de esta barbarie absurda, tan cruel como innecesaria, porque al final no es como empiezan las cosas, porque al final Ucrania podemos ser todos.
Jaime Iriarte Ayestarán