Olimpiadas y Paralimpiadas
Publicado el 30/08/2021 a las 08:07
Tokio es el escenario de las Olimpiadas 2021 (23 de julio- 8 de agosto) y de las Paralimpiadas (24 de agosto- 5 de septiembre). Su origen se remonta al año 776 a.C. y el nombre lo deben a que se celebraban en la ciudad griega de Olimpia. Ambas, y especialmente las paralímpicas, son una muestra de que el esfuerzo del ser humano puede llevar al cuerpo a alcanzar metas en otro tiempo insospechadas. Con esta ocasión voy a compartir algunas reflexiones significativas acerca de la condición corpórea humana que se han ido dando a lo largo de la historia. Una de las raíces de nuestra cultura occidental es la cultura griega representada por sus olimpiadas y sus máximos pensadores, Platón y Aristóteles. Para Platón el ser humano se compone de alma y cuerpo. Dos realidades unidas temporalmente como el vino contenido en un vaso. Platón da más importancia al alma que al cuerpo hasta el punto de afirmar: “el cuerpo es una cárcel para el alma”. Para Aristóteles también el ser humano se compone de alma y cuerpo pero como dos elementos tan íntimamente unidos que constituyen casi una unidad, como el alcohol al vino. Otra raíz de la cultura occidental es la cultura hebrea. Esta siempre se refiere al ser humano en su totalidad y dispone para ello de hasta tres términos: “Basar” que se refiere a su fragilidad, “Nefes” que se refiere al hombre como ser viviente, y “Ruah” que se refiere a la capacidad del hombre para dar respuesta a Dios.
Ambas concepciones del ser humano, la aristotélica y la bíblica, las armoniza Santo Tomás (s.XIII). Como Aristóteles, distingue en el ser humano alma y cuerpo. Para Santo Tomás, el alma es una dimensión constitutiva del ser humano siendo sus características esenciales la inteligencia racional y la voluntad. Y, como la biblia hebrea, también Santo Tomas se refiere al ser humano en su totalidad a quien se le promete la resurrección en su ser integral y no solo en una de sus partes. Si para los clásicos el alma es necesaria para que el cuerpo viva, para la Filosofía Moderna, iniciada por Descartes, el alma es necesaria para que el ser humano piense. En su famosa frase “Pienso, luego existo” expresa el inicio del Racionalismo. R.Descartes no tiene en cuenta el cuerpo con sus sentidos ni el conocimiento sensible que llega por ellos. Si bien para los materialistas somos sólo materia y para pensar solo necesitamos el cerebro, para los no materialistas se necesita algo más que la dimensión orgánica del cuerpo: el cerebro es necesario pero no suficiente para poder pensar; nunca se ha fabricado, ni se espera fabricar, ni una sola idea en un laboratorio. No se ha fabricado ningún artefacto capaz de creatividad intelectual o estética. La experiencia que tiene el hombre de sí mismo oscila entre el “tener” y “ser” cuerpo. “Tengo cuerpo” y lo siento como mío en tanto lo necesito para realizar mis acciones. Y, a la vez “soy cuerpo” en cuanto que es el lugar en el que construyo mi identidad. Coincido con G.Marcel (s.XX) que, en su libro “Ser y tener”, afirma: “Yo soy mi cuerpo”. Mi esperanza es ser un ser humano para siempre, ser siempre yo mismo, un yo que también es mi cuerpo. Porque, siguiendo a G.Marcel, hay que distinguir el misterio del problema.
También el psicoanálisis, iniciado por S. Freud (s.XX), trata de estos temas pero ha dado lugar a tantas escuelas que resulta imposible exponerlas aquí. Tan solo dos apuntes. A. Adler, primer discípulo de S. Freud, quitó importancia a las fuerzas biológicas para explicar la conducta humana para dársela a la compensación del complejo de inferioridad, real o imaginada que todos tenemos. Y para C.G.Jung, primer presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional, los impulsos más primitivos del hombre tenían que ver más con el presente y el futuro, con sus metas e intenciones, que con el pasado como decía S.Freud. Además de la dimensión orgánica, el cuerpo tiene una dimensión social que permite la relación con los demás. Con el cuerpo me expreso a mí mismo a los demás. Por ello, según Hegel (s.XIX), se debe tomar posesión del propio cuerpo lo que equivale a formarlo, cultivarlo, educarlo, personalizarlo. Pienso que de esto sabrán bastante los deportistas olímpicos y paralímpicos. Y es lo que ven millones de espectadores más allá de las marcas alcanzadas en el mayor espectáculo deportivo mundial. Como el navarro Asier Martínez, de 21 años, seleccionado para participar en las Olimpiadas. Campeón de Europa sub-23 en 110 metros vallas. Lo ha logrado tras muchas horas de esfuerzo, entrenando mucho y participando en diversos campeonatos durante gran parte de su vida. Desde aquí, mi más cordial enhorabuena por el Diploma Olímpico conseguido en Tokyo 2020.
José Ignacio García Sanz Profesor de Filosofía