Ahí va una lección inmarchitable (II)

Ángel Sáez García|

Publicado el 22/06/2021 a las 09:05

(Sigue.) —Gracias a Dios, a la Natura(leza) o al azar (dios endemoniado), no he padecido la desgracia de tener que lamentar la pérdida de un deudo o ser allegado y muy querido durante (o por culpa de) la pandemia de la covid-19, pero varios de mis amigos sí; y, como es lógico y normal, me he mostrado empático y solidario con ellos. ¡Cómo no iba a acompañarles en ese crudo momento de duelo, trago tan extraño (en algunos casos), que se han visto, obligados por las circunstancias, terribles, a vivir!, ¡hubiera sido hasta inhumano no hacerlo! —Eso mismo me ocurrió a mí. Me sentí un ente vulnerable, y de una fragilidad pasmosa. Así que me quedé de una pieza, horrorizado, cuando por la tele vi, atónito, una serie de imágenes que hubiera preferido no tener que llevarme a los ojos u observar, y que vinieron a confirmar o ratificar cuanto ya me constaba, que el hombre, en genérico, es capaz de lo mejor, dar la vida, de manera altruista, por un semejante, y de lo peor, hacérsela perder, por una clamorosa falta de respeto (a los demás y a sí mismo), es decir, por un comportamiento imbécil o un proceder idiota. —Entiendo el agravio comparativo que esgrimen ahora, como argumento irrefutable, otros avispados presos. ¿Por qué el Gobierno, que anda haciendo con sus argumentos (meras bolitas de prestidigitador) piruetas en el aire y raros equilibrios sobre una cuerda, nos brinda como razón bastante o suficiente de interés público la recuperación de la convivencia en Cataluña, va a indultar, según todos los indicios, parcialmente, a los líderes del procés, que fueron, precisamente, los causantes de que en Cataluña se quebrara la convivencia existente, por los hechos que los susodichos gerifaltes protagonizaron, que quebrantaron varias leyes vigentes (¿acaso no se les avisó, en una y en otra y en otra… en ene ocasiones, con antelación, qué les ocurriría, y adónde les acarrearía o conduciría pasarse de la raya, como varias veces la cruzaron?); y no a ellos, que hicieron tres cuartos de lo propio, conculcar leyes en vigor? ¿No fueron unos y otros juzgados con todas las garantías y condenados por tribunales de justicia? ¿No firmaron las sentencias de unos y otros procedimientos judiciales jueces y magistrados, especialmente habilitados por la Constitución y su desarrollo legal, el resto del Estado de derecho, para ello? ¿Qué interés privado los diferencia? He ahí el quid de la cuestión. Eladio Golosinas, “Metaplasmo”. Ángel Sáez García angelsaez.otramotro@gmail.com

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