Ahí va una lección inmarchitable (I)

Ángel Sáez G1arcía|

Publicado el 22/06/2021 a las 09:03

AHÍ VA UNA LECCIÓN INMARCHITABLE De la tertulia hodierna del casino “La Fuerza”, de Algaso, he entresacado en el día de la fecha una lección, amén de inmarcesible, inolvidable. Sobre todo, cuando le he escuchado argumentar a uno de los seis tertulianos (de los ocho presentes) que ha tomado la palabra discurrir de esta guisa (poco más o menos): —¿Por qué hay que cumplir, a rajatabla, ciertas normas, como, por ejemplo, esta, que aquí ningún contertulio ni ningún oyente porte, visible u oculta, una grabadora? Porque las consecuencias que pudieran derivarse de ese hecho concreto acaso fueran funestas para alguno de los habituales, presentes o no. Imaginaos que alguno de vosotros, mediante el uso sibilino de la palabra, conseguís vuestro propósito y me hacéis aseverar lo que no quería afirmar por nada del mundo, verbigracia, que el presunto buenismo (o magnanimidad, ¡menuda añagaza!) del presidente del Gobierno es interesado y, por ende, falso, tanto como un billete de curso legal de quince euros; pero hay un documento sonoro en el que se pueden escrutar voces y escuchar, sin duda alguna, la mía, y probar, por tanto, de manera fehaciente, que aduje lo que dije. Una de dos, o me retracto o, si vivo en un país donde la libertad de expresión no es un derecho inalienable, me expongo a ser denunciado y puedo verme metido en un embrollo o lío mayúsculo, morrocotudo, con juicio incluido y posible sentencia condenatoria (y hasta de cárcel). Así que, a partir de hoy, los desarrollos que haga de las notas que tome durante la tertulia irán sin hacer referencia explícita a la persona que sostuvo lo que profirió, a fin de salvaguardar al máximo la integridad e intimidad de todos los tertulianos. Como eso mismo sucedió en las sesiones anteriores (y es lección que acarrea y puede colegir quien lea con atención “El coloquio de los perros”, de Cervantes, cuando a uno de ellos, Cipión, le hace decir al otro, Berganza, lo que sigue: “Otra cosa te quiero advertir: que los cuentos unos tienen gracia en sí mismos; otros, en el modo de contarlos. Unos dan gusto aunque se cuenten sin ornamentos, otros es menester vestirlos con gestos del rostro y de las manos y con cambios en la voz para que se vuelvan sabrosos”), ha habido hoy varios momentos especiales. Algunos relatos de los contertulios me han gustado por la forma o el modo, o sea, por cómo han argumentado lo narrado; y otros por el contenido o el fondo, esto es, qué han razonado; uno, por ambos motivos. Daré, a continuación, un ejemplo de cada: (Continúa.)

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