"Que veinte años no es nada", canta el tango (I)
Actualizado el 04/06/2021 a las 08:30
“Sentir / que es un soplo la vida, / que veinte años no es nada, / que febril la mirada / errante en las sombras / te busca y te nombra”. Versos de “Volver”, tango cuya letra compusieron en 1934 Carlos Gardel y Alfredo Le Pera. Aunque todavía no me han inyectado la segunda vacuna de Pfizer (si todo va, según lo previsto, eso ocurrirá o sucederá, Deo volente, esta tarde, a partir de las 14 horas y 50 minutos, poco más o menos, tres semanas cabales después de que me inocularan o pusieran la primera dosis de Comirnaty en el mismo lugar donde me citaron la primera vez, el polideportivo de Jesuitas, en Tudela), ya hace más de diez días que contraté por Internet (no sin dificultades, pero bienvenidos todos los óbices u obstáculos colocados o las trabas puestas a cuantas/os intentan aprovecharse de los incautos que compramos en la red, ellas y ellos) mi paquete vacacional, con el mismo destino, el habitual, durante los últimos veinte años, Tenerife, la mayor de las Islas Afortunadas, donde se yergue imponente y majestuoso el Teide, y, asimismo, donde la presencia de mi musa chicharrera, Iris, Amanda, otro volcán, colma todo espacio donde ella se halle de dicha sin igual ni parangón. Este año, por la pandemia diuturna de la covid-19, he decidido o me he propuesto ser un ápice o pizca más coherente y prudente de lo que ya era. Si no hay inconveniente que las entorpezca, tendrán lugar más tarde de lo acostumbrado, durante la última semana del verano y la primera del otoño (esto es, del 15 al 29 de septiembre, ambos días inclusive). Reconozco que estoy muy ilusionado, pero juzgo que acierto, que doy de lleno en el blanco o centro de la diana, al no darles a todas las ilusiones que me brotan, sin parar, curso, no vaya a ser contraproducente, pues puedo llevarme un revolcón en toda la regla, un revés morrocotudo, si, a la postre, tengo que llamarme, siendo justo conmigo, con mi proceder, por haber acopiado, coleccionado o cosechado un rosario o sinfín de fiascos o fracasos, iluso. Como solía aducir mi piadoso progenitor, Eusebio, “la experiencia es la madre de la ciencia”. Y, si hacemos lo conveniente y/u oportuno, escuchamos con atención a esa excelente maestra que es la historia (de cada cual), lograremos extraerle lecciones adecuadas. (Continúa.)