¿Quién va a pagar esta fiesta?
Publicado el 08/02/2021 a las 08:17
Sobre el 5G hay mucho desconocimiento y falta de información. Poco vemos en los medios y tampoco le prestamos atención porque tenemos cubiertas nuestras expectativas. Esto ha quedado patente durante los confinamientos, en los que todos nos hemos podido conectar, teletrabajar, hacer videollamadas, etc (no hablo de coberturas o acceso a fibra, ese es otro asunto).
El 5G, muy resumidamente, es un nuevo sistema de comunicaciones inalámbricas que necesitará nuevos teléfonos y antenas, un sistema diferente a los actuales y que necesitará muchos puntos de conexión, es decir, muchas pequeñas antenas. Nos hablan de la creación de puestos de trabajo, de conceptos etéreos como la modernización o la digitalización, de que nos vamos a quedar atrás. Pero, cosas como el coche sin conductor se han hecho con 3, 5G y hay ciudades españolas que no tienen 4G y no tienen problemas.
Llama la atención la falta de debate que existe aquí en relación con otros países. En Francia, hay muchas ciudades que han rechazado su implantación, entre ellas 11 de las mayores. Reclaman tener seguridad sobre los efectos sobre la salud, utilidad e impacto sobre el consumo. Cuestiones similares se han planteado en otros muchos países. En España el defensor del pueblo también ha señalado la falta del perceptivo estudio sobre el impacto ambiental. A finales de diciembre, en Francia, el Alto Consejo sobre el Clima hizo público un estudio sobre el impacto negativo que el 5G tendrá sobre las emisiones de CO2. Indica que de aquí a 2030 el aumento del consumo eléctrico debido al 5G supondrá la producción de tres a siete reactores nucleares. Es decir, dicho consumo se traduciría en un aumento igual a diez veces el consumo de toda la iluminación pública de Francia. ¿Quién va a pagar esa factura de la luz? Sin contar el despilfarro ecológico y económico del cambio a nuevos teléfonos, antenas, etc.
Este despliegue se está pensando en subvencionar con fondos para el desarrollo y lucha contra el cambio climático ¿podemos encuadrar esta tecnología como algo que va a ayudar en esta lucha? Para mí, esta tecnología no es algo que las compañías vayan a poder vender como un valor añadido. ¿Cuáles son sus ventajas? ¿Solamente mayor velocidad? Pero, ¿con esto van a obtener el beneficio que necesitan? Y es que tienen que hacer frente a la amortización del canon, elevadas inversiones para el despliegue, mantenimiento y elevado consumo. La respuesta es sencilla, esperan que la inversión salga de subvenciones públicas y una parte importante del consumo eléctrico de los ayuntamientos, porque muchísimas antenas irán en farolas, semáforos, etc, y otra de los usuarios, pues sus móviles se convertirán en antenas, como los routers de casa y luego sus tostadoras o frigoríficos.
No es un proyecto que vaya a ayudar en la lucha contra el cambio climático, más bien al contrario. Yo creo que las radiaciones electromagnéticas artificiales son perjudiciales para la vida humana, animal y vegetal y lo creo basándome en una mayoría de estudios que así lo afirman. Por ello, está nueva tecnología también lo será y más ya que necesita mayor potencia, razón por la que ha tenido problemas en Suiza, cuyo Parlamento no ha querido subir los límites máximos de radiación, siendo 100 veces menores que los españoles. Todavía nadie ha demostrado su inocuidad y por tanto deberíamos aplicar el principio de precaución. Conclusión, mal negocio para los ciudadanos, su salud y su medio ambiente.
Ignacio Rouzaut García