Aprendiendo a vivir
Actualizado el 04/02/2021 a las 12:48
En este tiempo en el que los 1440 minutos del día hablamos de la pandemia, la vida se ha quedado en un segundo plano. Parece que nuestras necesidades básicas y humanas se han quedado en el 2019. Seguimos siendo seres sociales, pero esta vez con limitaciones para socializar, con limitaciones para vivir. Dejamos de ser nosotros y dejamos llenar ese vacío con frustración, rabia, soledad, agobio, ansiedad, incertidumbre. Hablo por mi. Una chica de 20 años que está perdiendo años de vida, épocas y amigos que no volverán, que estoy sintiendo y pasando unas circunstancias que son invisibles para la sociedad. Tengo miedo y convivo con ese miedo todos los días, de quién o qué será lo siguiente. En este mundo superficial en el que la apariencia es más importante que la esencia, donde predomina el aparentar ante la humanidad, normalicemos no estar bien. No se puede estar siempre feliz. Todo el mundo tiene bajones, malas rachas y momentos duros en la vida y hay que afrontarlos. Sí, lo que estás sintiendo es normal y sí, tiene arreglo y no tiene porqué ser de inmediato. Muchas veces enfocamos más y damos importancia más importancia al lado oscuro de las situaciones y no somos capaces de ver más allá de nuestra realidad. Esta suele estar distorsionada haciéndonos ver algo que no queremos. El problema va aumentando a medida que nosotros nos vamos haciendo más pequeños y más débiles. Un ciclo que se va alimentando y que necesita una fuerza para pararlo antes de explotar. Una fuerza que puede salir de nosotros mismos o de nuestro alrededor o que por cualquier razón no llega a tiempo. A veces no tenemos fuerza y esperamos sentados a que alguien venga a salvarnos, callados. Sufriendo en silencio. Hay que quitarse la venda, sacar fuerza y pedir ayuda, no tener miedo al rechazo ni a ser juzgado. Buscar una vía de escape y una solución es más fácil visto desde otra perspectiva y muchas veces eso es lo que necesitamos. Con esto quiero decir que no pasa nada por estar mal un día, dos, tres... Con tal de querer y tener ganas de estar bien en un futuro. La tristeza es una emoción tan válida y necesaria como la felicidad. Expresemos, trabajemos y normalicemos la tristeza, así como las demás emociones, para ayudar a los silenciados y humanizar esta sociedad. En estos 3 meses, me he dado cuenta de que la vida es una guerra constante, cada día una batalla a la que hacer frente. Unos días te dan tregua y disfrutas de lo más bonito de la vida. Otros días toca luchar y ahí es cuando verdaderamente eliges a tu escuadrón y a los soldados que te acompañarán en la batalla. A todos aquellos que gritaron en silencio, a mis amigos Maite y Jon, gracias por enseñarme lo que es la vida y a vivir.