La empresa y la covid-19
Publicado el 05/09/2020 a las 09:33
Hablando hace días con un empresario amigo, me comenta que aparentemente el empresario es el enemigo del pueblo y que para la administración en general las empresas no tienen voz ni voto en las decisiones que, sin embargo, les afectan de forma directa
El esfuerzo de organización para adaptarse a la nueva realidad (no a la nueva normalidad como pregonaban desde el ejecutivo ) , el coste de los controles para atajar el virus que las empresas realizaron antes incluso que el gobierno anunciara la pandemia, los gastos en los Epis (equipos de protección personal) han supuesto un desgaste emocional y económico que en las empresas familiares y Pymes se ha trasladado de forma directa a sus dueños y gestores.
Hay que recordar que en lo más crudo de la pandemia los empresarios se han, como se dice vulgarmente, buscado la vida para acceder a las mascarillas, geles, etc, a veces incluso con la oposición de los gobiernos nacional y autonómico, con éxito mayor en muchos casos respecto a dichos gobiernos a la hora de comprar los ansiados materiales de protección. Como de costumbre la realidad empresarial va por un lado y oficial por otro, si en una empresa se detecta algún caso de contagio el perjuicio es importante tanto para la propia empresa como para el mantenimiento a futuro de los puestos de trabajo por el peligro de cierres preventivos de empresas por parte de la autoridad sanitaria.
Conozco a varios empresarios que han tenido trabajadores detectados como positivos, en todos los casos el contagio era exterior al centro y por ello no han tenido que cerrar el negocio pero se han visto abocados a sustituir urgentemente las bajas que a su vez también han caído en contagios familiares o sociales. Desde la llamada nueva normalidad, que por cierto no podría ser más anormal, cualquiera que se pasee por las terrazas de nuestras ciudades observa que en en las mesas de los establecimientos de hostelería los clientes están horas sin mascarillas aunque el hecho de comer o beber sea momentáneo y el resto del tiempo se dedique a fumar o a hablar incluso con quienes ni siquiera están en la propia mesa, que en muchos casos no se limpian las mesas después de cada uso, no es raro tampoco ver por la calle a gente que usa la mascarilla para tapar solo la boca o que directamente la lleva como pañuelo en el cuello.
No acabo de entender la medida que se quiere implantar que en el caso de que los hijos tengan que estar en el domicilio para evitar contagios se dé obligatoriamente la baja laboral a los padres, con el consiguiente quebranto a las empresas que no tienen medios ni autoridad para controlar que en el momento de la baja se confinan también los padres en el domicilio. Lo peor en el aspecto económico de la pandemia está por llegar, las empresas están agotando sus recursos y el desconcierto con las medidas diferentes en cada autonomía es deprimente. El futuro laboral y social de nuestro país no está en las ayudas estatales sino en renaudar la actividad económica en su sentido literal. Esto es volver a emprender algo que se había interrumpido o suspendido.
Para ello el ejecutivo ha de contar con quienes tienen en su mano que la rueda funcione: los empresarios.