Orgullo y pesar
Publicado el 22/08/2020 a las 09:03
Me enorgullece pertenecer a un país que, en el transcurso de los tiempos, ha logrado un nivel de bienestar no por muchos imaginado en otras épocas.
Sin embargo, como es natural, existen lacras que es preciso corregir. El incremento del nivel de vida en la población española lastra también efectos secundarios, algunos negativos, que no se han tenido presentes en la agenda de previsiones de nuestros gobernantes, como es natural que suceda si se conoce a quienes corresponde la tarea de gobierno. Las previsiones de futuro no han ocupado un lugar preferente en la agenda de nuestros directivos, en buen número simplones, como es innegable.
Aún en tiempos como en los que nos ha tocado vivir recién, nuestros gobernantes no han sido capaces de modificar sus comportamientos; como es habitual en las sesiones parlamentarias, se han mantenido fieles en los planteamientos que conocemos desde tiempo atrás y los reproches han sido la tónica general de unos y de otros. Las actitudes en la mayoría de nuestros gobernantes nacionales y también provinciales han sido y son infantiles, denotan protagonismo y demuestran incapacidad, además no pocos son “chorizos” y la mayoría unos embusteros. No obstante, es imprescindible el ejercicio de la auto-crítica y, en consecuencia, debemos reconocer que nuestros gobernantes son reflejo de la conducta de sus electores.
Cualquier mente razonable se debiera preguntar cómo es posible que siempre, pero especialmente ahora, ni uno solo de nuestros gobernantes haya sido capaz de dar un “puñetazo” en el atril del Parlamento con el propósito de redirigir la intención pueril de todos los políticos y preguntar después a cada uno de los presentes si saben en qué consiste la práctica de una buena gestión nacional. Más bien todo lo contrario, nada nuevo hemos conocido en el comportamiento de nuestros “gerentes”, todos son adultos si nos atenemos a sus edades, pero sus actitudes demuestran infantilismo y los regaños son la premisa de sus charloteos. También es vergonzoso que continuemos así habiendo, sin duda, alternativas razonables.
Además los temas que son preferentes en nuestra nación de ningún modo debieran resultar divergentes en exceso aún en partidos de ideologías dispares; sin embargo, se prefiere la divergencia y ni siquiera se intenta converger en temas de preferencia nacional, como son la educación, el trabajo, las pensiones, la sanidad, los impuestos, etc. Uno se pregunta, ¿cómo es posible que los propietarios de la “finca España” no seamos capaces de suplantar a unos administradores incompetentes? La respuesta es simple: por la incompetencia de los propietarios, que somos permisivos con unos administradores, aún conocidas sus actitudes infantiles e interesadas, sus habilidades choriceras y su incapacidad de gobernanza.
Benedicto Aguirre Echeverría, medicina general