Lo cortés no quita lo valiente

Arturo Lecumberri Martínez|

Publicado el 16/07/2020 a las 08:13

Inmunizados hasta la médula por el empacho de titulares que nos merendamos cotidianamente, no dejan de sorprender las novedades que nos regala la política desde todos sus foros. Será por eso que los aficionados a este “deporte” no conseguimos desengancharnos del todo del mismo ni con la mayor salida de tono. Continuamos a pie de titular con la curiosidad del qué será lo siguiente, con el morbo del qué ocurrirá después.

Si bien es verdad, la intensidad en el debate y la vehemencia en la defensa del ideario son sanas y comunes costumbres del debate en los foros públicos. No podría ser de otra manera tratándose de exposiciones donde uno pone encima de la mesa lo que piensa y en parte lo que es, en definitiva, su propia esencia. Pero siendo estos foros arenas de pelea dialéctica y esperándose de cada uno de sus participantes la puesta de toda la carne en el asador, cada vez son más las ocasiones en las que, desde fuera, se percibe que algunas de sus señorías se pasan de frenada en la intensidad de sus discursos. Para los que todavía creemos, ilusos quizás, en la idea aristotélica de política y tenemos por honorable la actividad de ser designado para debatir un ideario en representación de una ciudadanía, es del todo desagradable observar algunas de las intervenciones floridas en salidas de tono y faltas de respeto que se nos regalan a través de los medios de comunicación. No es este disgusto subjetivo, personal y en mi opinión ampliamente extendido, el mayor de los problemas que traen estas actitudes. Incluso se puede llegar a entender que como seres humanos y falibles, en momentos puntuales podamos salirnos del tono que se espera de nosotros. Dónde veo una gran amenaza es en la transformación de lo que debería ser considerablemente inusual en algo habitual y que a fuerza de repetición se convierta en aceptable. Si esta normalización ocurriera, flaco favor nos habrían hecho algunos de nuestros representantes a todos los que depositamos nuestra confianza en ellos. Erosionar la política con maneras que no están a la altura es faltar al respeto al ciudadano y perder su confianza, nutriente del que viven todos los actores políticos que trabajan bajo el paraguas de una administración pública.

A tiempo estamos de seguir caminando por el sendero de la moderación, que no es opuesto al que requiere la firmeza y la claridad. Pudiera ser bueno recordar que en la política y en la vida, lo cortés no quita lo valiente.

Arturo Lecumberri Martínez

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora