En torno a la derogación de la reforma laboral

Alejandro Urrizburu Santos|

Actualizado el 10/06/2020 a las 16:04

Derogar la reforma laboral de 2012 es un desacierto, máxime en una crisis como esta. Primero, ¿por qué restablecer la legislación laboral anterior a 2012 es un error? La legislación previa a la reforma logró una tasa de paro media entre 1980 y 2011 del 16,5%: durante esos 32 años, solo en 11 descendió del 15%, y solo en tres bajó del 10%. A la par, la tasa de temporalidad fue exageradamente alta: entre 1987 y 2011, el 30,5% de todos los asalariados contaba con un contrato temporal; se me escapa la ventaja que comporta tal legislación. Segundo, ¿por qué es especialmente un error en tiempos de crisis? Necesitamos de flexibilidad laboral y salarial para adaptarnos al nuevo entorno, y justamente una de las ventajas de la reforma de 2012 era la de introducir esa flexibilidad: tanto por la vía de establecer la prevalencia del convenio de empresa sobre el convenio sectorial como por la de permitir el descuelgue por parte de las pymes de su convenio sectorial, la normativa permitía que los salarios se adaptaran mucho más rápidamente a la situación real de cada empresa (minimizando así la destrucción innecesaria de empleo). Sin embargo, la contrarreforma provocaría los siguientes efectos: i) introduciría rigidez en la contratación; ii) incrementaría costes en la contratación y, en consecuencia; iii) disminuiría, con lo anterior, las oportunidades en el mercado de trabajo. Y tercero, ¿por qué es especialmente un error sobre todo en un tiempo como el de esta crisis? Nuestro país no solo se enfrenta al riesgo de una devastadora crisis de la economía real (magnificada por la pérdida de empleo) sino también al riesgo de una devastadora crisis financiera. Si nos empeñamos en derogar íntegramente la reforma laboral de 2012 y no para reemplazarla por otra que profundice en sus ejes fundamentales —la reducción de la dualidad del mercado de trabajo y la flexibilización de la negociación colectiva—, Europa nos cerrará el grifo de la financiación subsidiada y nos expondremos a las inclemencias de unos mercados poco partidarios de darle cuerda financiera a un Estado hiperendeudado que está deteriorando su economía.

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